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La fuga fallida de “El Chapo”

Una tercera fuga del líder del cártel de Sinaloa fue desactivada por autoridades federales; incluyó cambio de penal y extradición; este miércoles recibe

  • ERIKA FLORES
  • 16/07/2019
  • 20:30 hrs
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La fuga fallida de “El Chapo”

Las fugas de Joaquín Guzmán Loera “El Chapo” se caracterizaron por sus habilidades para evadir la justicia de maneras inéditas: escondido en un carro de lavandería o mediante un túnel subterráneo, fueron su elección para salir de dos prisiones calificadas como de alta seguridad, esquivando a las autoridades penitenciarias y federales de México (incluida la Marina y la secretaría de la Defensa) así como internacionales (Interpol y FBI). El hecho, más que sobrevaluado por la prensa nacional e internacional, significó que su historia fuese retomada y recreada en series de televisión por el simple hecho de que la realidad de “El Chapo”, superó la ficción.

Y quedó pendiente la tercera fuga. Antes de cualquier intento de escape, las autoridades decidieron transferirlo a otro penal federal y, posteriormente, lo extraditó a Estados Unidos.

Fue el 19 de enero del 2017, un día antes de que Donald Trump tomara posesión como presidente de Estados Unidos. "El Chapo" fue extraditado y recluido en un penal de Manhattan, en Nueva York.

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Su juicio comenzó el 5 de noviembre del 2018. Más de 8 meses después, 56 testigos, miles de documentos y una inusual semana de deliberaciones para que Guzmán Loera fuera hallado culpable tuvieron que pasar para que este 17 de julio de 2019 reciba su sentencia.

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En su primera fuga (enero de 2001), “El Chapo” salió del penal de Puente Grande, Jalisco, escondido en un carro de lavandería, versión que fue confirmada por su compadre Vicente Zambada (hijo de Ismael “El Mayo” Zambada) durante su declaración contra el narcotraficante en el juicio que se le sigue en Nueva York, Estados Unidos, y cuya sentencia será dictada el miércoles 17 de julio.

La segunda fuga, más inverosímil, ocurre dentro de su propia celda en la prisión de Almoloya de Juárez, un penal mexiquense que aseguraba estar diseñado para albergar reos de alta peligrosidad; fama que “El Chapo” tumbó al suelo al fugarse por un túnel subterráneo de kilómetro y medio que interconectó el baño de su celda con una casa fuera del penal. Por si eso fuese poco, Guzmán Loera recorrió dicho túnel en una motoneta, bajo instrucciones precisas de un plan diseñado -durante año y medio- y ejecutado por su esposa Emma Coronel así como sus tres hijos Iván, Alfredo y Ovidio, en complicidad con Dámaso López “El Licenciado” (exjefe de seguridad del penal Puente Grande y exlíder del cártel de Sinaloa) quien así lo declaró como testigo de la fiscalía norteamericana después de su aprehensión en 2017, en este juicio que acapara la atención nacional e internacional.

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Pero la tercera fuga de “El Chapo”, la que no ocurrió tras su reaprehensión hace cuatro años, en julio de 2015, quizás hubiese estado relacionada con los trabajos de reparación del sistema Cutzamala que cruzan el municipio de Almoloya de Juárez. Esa fue una de las principales razones por las que las autoridades federales en turno, bajo la mayor secrecía, orquestaron su rápido traslado a una prisión federal (el Cefereso número 9, localizado dentro de una zona peculiar El Cantón, Ciudad Juárez) en el estado de Chihuahua, límite con Texas; para ocho meses después, en mayo de 2016, ser extraditado a Estados Unidos.

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 ¿Cómo contrarrestar las capacidades y la experiencia del narcotraficante para evitar, por tercera ocasión, su fuga desde un penal de máxima seguridad? Esa fue la pregunta que se plantearon el entonces presidente Enrique Peña Nieto; su exsecretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong; y autoridades de seguridad federal y sistema penitenciario. La respuesta no fue fácil, sabiendo que “El Chapo” puso en jaque mediático al expresidente Vicente Fox y al mismísimo Peña Nieto al demostrarles que con paciencia, una planeación minuciosa, dinero y lealtades compradas, fugarse de dos penales de alta seguridad era, para él, cosa de niños.

Fue después de su segunda recaptura que “El Chapo” regresó al penal del Altiplano bajo condiciones que advertían que su tercera fuga solo era cuestión de tiempo. Y así lo hizo saber “El Licenciado” durante su declaración en Nueva York, cuando relató que Emma Coronel, a quien llamó su comadre, le pidió ayuda para comprar otro terreno cercano al penal mexiquense.

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Preocupadas, las autoridades previeron que un nuevo túnel estaría en marcha y temieron que el narcotraficante utilizara a su favor, el ruido causado por los trabajos del sistema Cutzamala que se realizaban cerca y debajo del penal, un dato hasta ahora revelado por fuentes de primer nivel del anterior gobierno federal. “La reparación del Cutzamala implicaba ruido, perforaciones. Su paso por debajo del altiplano podría fácilmente ocultar ruidos para escapar de nuevo utilizando esos recovecos. Y eso representaba un riesgo para nosotros sabiendo que el fuerte de “El Chapo” era su capacidad y destreza para hacer túneles”, declaró bajo anonimato una de esas autoridades.

Un documento público elaborado por la secretaría del Medio Ambiente y consultado por LSR, de fecha 2011, confirma que las dos líneas del acueducto Cutzamala presentaban problemas de operación por lo que se consideró necesario realizar trabajos de reparación preventiva que reducirían por períodos, el abasto de agua a la ciudad de México y Estado de México. Y que, por esa razón, se diseñó una tercera línea del acueducto Cutzamala que garantizara un continuo suministro de agua a la zona metropolitana.

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“El proyecto en cuestión se ubica en tres regiones político-administrativas del Estado de México”, señala el documento. Son la región Valle de Bravo que abarca los municipios de Villa de Allende y Villa Victoria; Lerma, en los municipios Temoaya, Otzolotepec y Lerma. Y región Toluca, en los municipios Toluca y Almoloya de Juárez, siendo este último donde se ubica el penal en cuestión.

Y cita “Almoloya de Juárez: constituido como municipio metropolitano sub-regional describe una fuerte influencia en su territorio, sobre todo en la población rural la cual se ubica de forma dispersa por el municipio. Las principales vías de comunicación son: Toluca-Almoloya de Juárez, Almoloya de Juárez-Entronque Zinacantepec-Villa Victoria y las carreteras que comunican a los CEFERESOs Almoloya de Juárez y La Palma”, precisa.

Por la alta probabilidad que representaba que el sistema Cutzamala se convirtiera en un punto a favor de “El Chapo”, fue que se decidió y planeó su traslado a un penal donde no existieran o bien, se minimizaran, las condiciones para que su gente le construyese un túnel. Las autoridades federales eligieron el Cefereso 9 en Ciudad Juárez, Chihuahua que, pese a no contar con la mejor evaluación de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, tenía una ventaja. “Era el penal más seguro que había en términos de sus capacidades y de las capacidades del Chapo, por el tipo de tierra que existe en Ciudad Juárez y porque no había ninguna edificación en un rango de dos kilómetros a la redonda; y donde alrededor de los siguientes cinco kilómetros teníamos muy pocas edificaciones que sí eran controlables”, cuenta otra de las fuentes involucradas en tal decisión.

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Hasta hace ocho años se le conoció como Centro de Reinserción Social Estatal (CERESO) en Ciudad Juárez, Chihuahua. Pero por un acuerdo firmado por el actual ministro de la Corte, Genaro García Luna, que en aquel entonces fungía como secretario de Seguridad Publica en la administración del expresidente Felipe Calderón, esta cárcel estatal se sumó al listado de ampliación de cárceles federales. El objetivo, cita el acuerdo 06/2011 publicado en el Diario Oficial de la Federación el 22 de julio de 2011, fue “para la reclusión preventiva y la ejecución de sentencias en materia de delincuencia organizada u otros que requieran medidas de vigilancia especial o medidas especiales de seguridad”.

Era el fin de aquel sexenio que declaró la guerra a los cárteles del narcotráfico y cuyo resultado, además de innumerables muertos y desaparecidos sin una cifra clara por cuantificar, no contaba con suficientes cárceles para procesar a todos los procesados y detenidos de manera preventiva vinculados con el crimen organizado. De ahí que uno de sus argumentos clave de este acuerdo, fuese “que la población penitenciaria se ha duplicado en los últimos quince años, lo que origina la necesidad de potenciar la capacidad de las instalaciones penitenciarias”.

El 27 de mayo de 2011 el comité de patrimonio inmobiliario del gobierno de Chihuahua cedió esta prisión, a título gratuito, a la federación. Un penal con “265,402.488 metros cuadrados más un área de amortiguamiento de 200 metros lineales circundantes al polígono de esa superficie para resguardo y seguridad de esas instalaciones, en la reserva El Cantón, Municipio de Juárez, Chihuahua”.

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Un plan de desarrollo urbano sostenible del año 2016 consultado por LSR, describe así El Cantón. “En esta reserva se ubican los dos CERESO’s existentes. En la zona hay presencia de numerosa e importante infraestructura de orden regional como carretera 45, vía de ferrocarril, industria que requiere estar fuera de la mancha urbana, servicios de carretera, panteón municipal y su expansión, relleno sanitario y su expansión, los dos CERESO’s, plantas de generación de energía eléctrica, gasoductos y poliductos, almacenamiento de gas, terminal de carga multimodal y servicios logísticos, líneas de infraestructura, etcétera”.


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Además de sus características orográficas la reserva de El Cantón -sede del Cefereso 9- tenía otras ventajas en términos de seguridad para evitar la tercera fuga de “El Chapo”; y así lo explica la fuente de seguridad consultada. “Mientras que el penal del Altiplano estaba conurbado, el Cefereso 9 contaba con un módulo de alta seguridad exclusivamente para Joaquín Guzmán, mismo que se adaptó en función de los requerimientos: ahí estaban los servicios de emergencia sanitaria y todo lo que podría implicar cualquier tipo de riesgo. Si estamos custodiando a una persona que se dedica a hacer túneles pues lo que tienes que hacer es evitarle la posibilidad de hacer lo que sabe hacer. Además, este penal no era un lugar del que se tuviera control, pero era una zona menos riesgosa”.

La decisión se tomó en un par de semanas, sin juntas ni reuniones presenciales; solo en pláticas privadas y bajo absoluta discreción. El futuro de “El Chapo” se determinó así: las autoridades vinculadas al sistema de seguridad y sistema penitenciario plantearon su propuesta a Osorio Chong, este a su vez se la comunicó a Peña Nieto, él la avaló y en un par de días el narcotraficante volaba ya volando al norte del país.

Joaquín Guzmán Loera no sabía a dónde se le trasladaría y pensó que había llegado el momento de su extradición; su abogado Andrés Granados así lo confirmó en entrevista con Univisión el 9 de mayo de 2016. “Yo pensaba que iba a comer hamburguesas” dijo “El Chapo” a Granados.

Otra fuente que atestiguó el traslado del narcotraficante desde Almoloya hasta Ciudad Juárez, narra. “En efecto a él no se le dijo que estaba en Ciudad Juárez hasta que estábamos allá. En su celda en el Altiplano solo entramos para avisarle que debía subir al avión. Él preguntó a dónde me llevan y se le respondió ya lo sabrás. Por su cara leímos que estaba sorprendido, pero no asustado. Sus ojos estaban más abiertos ¿Cómo se distingue en los rasgos faciales? ¿Cómo se traduce la sorpresa y cómo se distingue del miedo? Nuestra percepción fue que estaba sorprendido, pero al llegar a Juárez entró, se cerró la puerta de la estancia y se sentó”.

Y continúa su relato. “Nosotros permanecimos en Ciudad Juárez dos días y seguimos revisando todos los detalles hasta estar plenamente convencidos de que todo estaba controlado. Se asignó a 75 personas que eran 25 de Policía Federal, 25 de Protección y Readaptación Social y 25 del servicio de Protección Federal, bajo el mando de Renato Sales, ex comisionado Nacional de Seguridad. Más 400 policías federales asignados en Juárez, el apoyo de una base militar del Ejército y un equipo de la Marina”.

La fuente precisa que además se instaló un sistema más preciso de cámaras de monitoreo en su celda, módulo y patio. ¿Debía esto dejarles más tranquilos? Su respuesta fue compleja. “Quizás no eran más cámaras que las del Altiplano, pero sí estaban mejor dirigidas, no había puntos ciegos. Cuando tienes una persona así tienes que estar permanentemente vigilándolo. No era que estuviéramos más tranquilos, solo estuvimos menos intranquilos”.

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A unos días de conocerse la sentencia final de “El Chapo” Guzmán de 61 años de edad, tras determinarse su culpabilidad en diez cargos por narcotráfico y considerado por la Fiscalía norteamericana como el responsable de importar o intentar importar a Estados Unidos, al menos, un millón 213 mil cien kilogramos de cocaína, la prensa nacional e internacional ha especulado qué prisión sería la indicada para el narcotraficante.

Se le conoce como ADX por sus siglas en inglés, un centro de máxima seguridad ubicado en Colorado Springs, y cuya similitud con el Cefereso 9 de Juárez, es estar ubicado dentro de un desierto semiárido, por lo que parecería imposible construir nuevamente un túnel para escapar.