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Huyen de Honduras, buscan refugio en CDMX y no consiguen empleo

Tras abandonar su sueño de llegar a Estados Unidos, migrantes buscan ahora regularizar su situación en México y empezar una nueva vida

  • SHARENII GUZMÁN
  • 21/08/2019
  • 20:12 hrs
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Huyen de Honduras, buscan refugio en CDMX y no consiguen empleo
Jesús Mendoza, migrante de Honduras. (Sharenii Guzmán)

Jesús Mendoza, de 29 años de edad, trabajaba como enfermero en Honduras. Tiene una carrera militar con especialidad y reconocimiento. Era entrenador de fútbol, DJ, líder del consejo de la Iglesia Asamblea de Dios y paramédico voluntario de la Cruz Roja. Llegó a la Ciudad de México hace 10 días para pedir refugio.

En una ocasión terminaba su jornada laboral en su ciudad natal: Copan Ruinas, abordó un taxi para ir a su casa, se bajó del vehículo y al caminar 20 metros se dio cuenta que unos hombres asaltaban al conductor, quien se opuso y en ese lugar lo destazaron. Jesús vio todo.

“Eran sicarios, no pertenecen a una pandilla ni al crimen organizado. Tienen a mucha gente amenazada y les temen porque han matado a policías. El año pasado en octubre quemaron a una señora, a su esposo, dos niños y una niña. Nadie dijo nada”.

Ellos supieron que Jesús fue testigo del homicidio del taxista. Lo conocen, porque son de la zona. Al poco tiempo lo buscaron, lo amenazaron y le dijeron que tenía dos días para huir de Honduras, sino lo mataban.

Se fue a Guatemala, trabajó en la sierra con un señor. Un día se dio cuenta que en realidad era traficante y lo abandonó. Decidió cruzar la frontera para México. Llegó a Tuxtla Gutiérrez. No tuvo problemas con migración, no lo detuvieron. Consiguió empleo en una taquería. Solo duró una semana, porque le pagaban 100 pesos y el horario era de 4:00 a 21:00 horas.

“Decidí venirme a la ciudad en camión, pagué mi boleto. Lo que saqué de trabajar me sirvió para el transporte. Allá en mi país se habla de que México es bastante peligroso, gracias a Dios no me ha pasado nada. Hasta ahora me han tratado muy bien. He visto retenes, pero no me han detenido”.

Jesús comenta que ha tenido mucha suerte en el camino. La mayoría de las historias que ha escuchado de centroamericanos o que le han platicado de manera directa es que los han asaltado o que han sufrido vejaciones en el trayecto. Lo que no ha podido encontrar es trabajo, debido a que no está regular en el país.

“Se me ha hecho muy difícil encontrar trabajo, porque me piden papeles. Me gustaría que la gente (de México) tuviera más conciencia, no todos los que venimos de Centroamérica tenemos la visión de maldad. Muchos venimos por necesidad, obligados por la situación de violencia de nuestro país. Si por mí fuera, yo no estuviera aquí. No tenía intención de viajar. Me iba a casar en diciembre (próximo)”.

Debido a su situación migratoria y que por ella no puede encontrar empleo, decidió pedir asilo en la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar) y quedarse en la Ciudad de México. Actualmente se encuentra en proceso. “Estoy buscando trabajo, quiero ser útil en algo, porque no quiero ser una carga para los mexicanos”. 

Las solicitudes de refugio van en aumento

De acuerdo con datos de la Comar, para mayo de 2019, las cifras de solicitantes en México registran: 24,424 personas, de las cuales 13,023 son de Honduras; 3,685 de El Salvador; 3,048 de Venezuela; 1,285 de Guatemala; 962 de Nicaragua; 1,666 de Cuba y 755 de otros países.

El número de solicitudes de refugio en los primeros cinco meses del año representan el 80% de lo registrado en todo el 2018, lo cual fue de 29,647, casi 100% más que el año 2017 y el doble de las presentadas en el año 2016.

En el marco del Día Mundial de los Refugiados, la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), advirtió que persiste la demora y rezago en los trámites administrativos para obtener la condición de refugiado. “Ello es muestra de que las autoridades están rebasadas, ya que la situación se ha venido agravando debido a los problemas que enfrentan los países centroamericanos, en los que el número de personas que abandona sus lugares de origen va en aumento”.

La CNDH también observó que el presupuesto de este año para la Comar disminuyó de manera sensible. Este 2019 recibió solo 20.8 millones de pesos, cuando en 2018 fue de 25.7 y en 2017 de 25.4 millones de pesos. 

“Tuve un accidente en el tren”

Santos Modesto Ramírez salió de su natal Honduras hace un año por la inseguridad. Era comerciante y lo asaltaban cada rato. Su meta era llegar a Estados Unidos. Trabajó en Monterrey cinco meses y cuando iba hacia la frontera se accidentó en el tren, en Gómez Palacio, Durango. Le amputaron la mitad del pie derecho. Estuvo hospitalizado en Torreón, Coahuila.

“Me subí al tren, siguió y después de un kilómetro paró. Me cambié de góndola a una más plana para acostarme, pero en la que iba solo tenía fierros. El error fue que me metí en medio de la vía, arrancó el tren y cuando me di cuenta, se me atoró la punta del zapato, no tuve alternativa y me tiré hacia afuera, se me arrancó la piel”, relata Santos.

Estuvo seis meses en un Hospital y contrajo una bacteria. Se le infectó y le tuvieron que amputar parte del pie. Sin embargo, un cirujano le hizo un injerto. Después de un tiempo lo dieron de alta. Estuvo durante un mes en un albergue en Torreón y luego le dijeron que ya no podía está más en ese lugar.


Consiguió apoyo y viajó a la Ciudad de México con la intención de tramitar su tarjeta de identidad y un acta de nacimiento en el consulado de Honduras para luego pedir refugio en el país.

“Mi idea es ya no seguir para Estados Unidos. Quiero conseguir refugio y al estar legal, traer a mi familia. Para hacer el trámite tengo que obtener mis documentos en la Embajada de Honduras y me canalicen a otras instancias para conseguir alguna ayuda que requiero como la terapia, una bota ortopédica, muletas”.

Santos apenas llegó a la ciudad, está solo y sin dinero. A partir de recomendaciones, llegó a Casa Tochan, un albergue ubicado a unas cuadras de la estación Observatorio del Metro. Este lugar solo recibe a personas migrantes solicitantes de refugio.

“Dios quiera que todo siga bien y recuperarme pronto. Espero que en unos 20 días si consigo algo de dinero, me pongo a vender dulces en una banqueta. Ahorita no puedo, no tengo movilidad, en cuanto la recupere eso haré”, sentencia Santos.

“Seguimos firmes defendiendo a migrantes”

Gabriela Hernández, coordinadora del albergue Casa Tochan, señala que en la Ciudad de México aún no hay una persecución ni criminalización de las personas migrantes de origen centroamericano, sin embargo, hay poco apoyo por parte del gobierno y no hay espacio para recibirlos.

 “Tuvimos una cuarta reunión con autoridades capitalinas, donde expresamos la preocupación sobre el aumento de la gente que está llegando a la ciudad y que tiene saturados los albergues para migrantes. Nos angustia mucho tener que decir que ya no tenemos lugar y saber que la gente se queda en la calle (…) En lo que sí estamos firmes es que vamos a seguir defendiendo a los migrantes”.

Indica que el gobierno ha apoyado directamente a los albergues de las organizaciones no gubernamentales. El problema es que la actual administración no brinda un espacio para las personas migrantes. 

“La petición directa y contundente es que necesitamos que ellos (gobierno) pongan un albergue y no una carpa como la que se colocó en el Estadio Palillo. Nos dijeron que lo están viendo”.

Casa Tochan cumplió el pasado 19 de junio ocho años de brindar atención a las personas migrantes. Refiere Hernández que este espacio nació justo de la necesidad de no haber un lugar para ellas.

“Y seguimos igual, aunque en ese entonces que abrimos las puertas llegaban hasta cuatro solicitantes de refugio, una persona migrante que iba de paso. Hoy, estamos recibiendo de dos a tres personas diarias. Con eso nos damos cuenta de la magnitud del flujo. Ha cambiado por completo”.

JGM