NACIÓN

"El covid le quemaba el cuerpo a mi hija"

Gala, una niña de 14 años, luego de ser diagnosticada con coronavirus fue enviada a su casa, pues los hospitales de Tijuana, Baja California ya estaban llenos

  • MARCO ANTONIO MARTÍNEZ, IVÁN MEJÍA Y JUAN LÁZARO
  • 21/05/2020
  • 20:32 hrs
  • Escuchar
El covid le quemaba el cuerpo a mi hija
Actualmente Gala tiene aún un poco de tos, pero es lo único. Está recuperada de ánimo y ahora quiere ayudar a otras personas. (Especial)

Julieta Solano pasó los peores días de su vida cuando su hija enfermó de la covid-19. Gala, una niña de 14 años, luego de ser diagnosticada fue enviada a su casa, pues cuando le avisaron a ella y a su familia que estaba contagiada, los hospitales de Tijuana, Baja California ya estaban llenos, por lo que los propios personales médicos les recomendaron que mejor pasara la cuarentena aislada en su habitación.

-Nos decía que sentía que el cuerpo le quemaba por dentro. Me decía "mami, siento que me quemo". Era tal el ardor que sentía que las piernas le quemaban como si tuviera fuego, decía, y le dolía muchísimo y no podía levantarse de la cama. Fueron días muy desesperantes y más por no poder hacer nada por ella y rogando todos los días que pudiera oxigenar y no dejara de respirar.

“Fueron más o menos 15 días así. Aún tiene tos, estaba preocupada porque no ha dejado de toser en las noches y me preocupa un poco pero ya se ve bien. Dejó de comer algunos días. Yo traté de darle de comer bien, como tenía diarrea procuré que fuera una dieta ligera, pero con buenos nutrientes, verduras, frutas, le daba agua de guayaba que tiene vitamina con C, pero nunca le quise poner aceites que luego venden tanto. Todo mundo me decía que le diera algún remedio casero y decidí que no”, dice Julieta en entrevista con La Silla Rota.

Actualmente Gala tiene aún un poco de tos, pero es lo único. Está recuperada de ánimo y ahora quiere ayudar a otras personas.

-Mi hija quiere donar plasma. Le pregunté al doctor a ver si se permite y me dijo que yo tendría que firmar para autorizar –agrega Julieta.

También quiere donar su cabello que ya lleva a la cintura a personas con cáncer.

-Ella quiere ayudar de la manera que se pueda.

ESTAMOS REBASADOS

Fue a finales de abril cuando Gala, de 14 años, comenzó a sentirse mal.

-Me arde mi garganta, siento que está seca, me dijo, además de que empezó con una tosecita y le dolía la cabeza muchísimo -recuerda su mamá Julieta Solano.

Pese a las medidas de prevención y al encierro al que Solano, su esposo, su hermana y sus dos hijas decidieron someterse desde el 18 de marzo pasado, para evitar contagiarse de la covid-19, cuando Gala describió esos síntomas, Julieta y su esposo no pudieron evitar pensar lo peor.

Apenas llegaron a vivir a Tijuana en marzo pasado. Rápido se dieron cuenta que, en la ciudad fronteriza con Estados Unidos por el número de casos, la curva de incidencia era mayor.

El desconcierto era mayor porque sólo salían para comprar víveres y al llegar a casa se quitaban los zapatos y le pasaban las cosas a Gala para que las limpiara. Pero aún no estaba tan difundido que había que limpiar las cosas de pé a pá con cloro. Sospecha que ahí pudo ser el contagio, ya que su hija no salía de su casa.

Cuando Gala empezó a sentirse mal, ella le dijo con la tranquilidad que solo saben brindar las madres “vamos a ver qué es’, le dije. Pero por dentro sí estás preocupado”, reconoció.

Recuerda que eso ocurrió un viernes y le dio paracetamol a Gala pero en la madrugada ella ya tenía más tos. Le tomó la temperatura y tenía 39 grados, por lo que decidió hablarle a su pediatra de cabecera quien estaba de turno en la clínica 20 del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), la misma que se hizo famosa después de que el comediante Eugenio Derbez denunció en un video que el personal carecía de insumos.

La respuesta que Julieta recibió de la pediatra la dejó sin palabras en ese momento.

-Señora, no la vaya a traer, estamos rebasados, es muy arriesgado, me dijo. Me envió al hospital Ángeles para que le hicieran un prediagnóstico y para hacer un análisis. "Acá va a tardar mucho y es peligroso para la niña". 

La pediatra le pasó datos de los laboratorios. Sábado y domingo Julieta hizo llamadas telefónicas y consiguió cita hasta el lunes para hacerle la prueba a su hija, que tosía más.

El lunes ella, su esposo y Gala salieron equipados con cubrebocas y guantes y se dirigieron al hospital, al que no entraron e incluso las pruebas de sangre se las hicieron en el auto.

-Nos recibieron en el estacionamiento para hacer el prediagnóstico. Pensé que lo más seguro es que fuera coronavirus y me la llevé a hacer estudios y prueba de covid-19. El miércoles siguiente me entregaron el resultado positivo.

El estudio lo hicieron en el automóvil, sin salir. El personal no habla con los pacientes, sólo ponen letreritos donde preguntan quién está enfermo, describe.

-Te piden que cierres las ventanas, que no puedes bajar del coche, que no puedes hacer nada, solo pasan letreritos, se siente feo. La gente te ve feo, nos lo hicieron afuera del estadio Caliente de los Xolos de Tijuana, ahí hay un estacionamiento y en el auto le sacaron la sangre.

Algo que no comprendió es el procedimiento para hacerse la prueba en un hospital privado. Un requisito era llevar un cuestionario del sector salud, donde le autorizaron que tenía que hacer la prueba.

-Si vas a un consultorio privado la sacas y ya pero no te lo dan si no sacas el documento del sector salud.

La prueba le costó 3 mil 600 pesos más las placas, más el examen de sangre.

Ya que nos dieron el resultado nos dijeron que tenían que dar aviso al sector salud, porque salió positivo y estaba dentro de las estadísticas. Lo entiendo, pero tuve que pagar mi prueba para que ellos le digan que mi hija está enferma, deberían hacer pruebas en todos lados

TOS INHUMANA

Julieta reconoce que con el resultado en la mano se preocupó, ya que desde que nació, su hija ha tenido problemas respiratorios y alergias que en la ciudad de México las padecía más por la mala calidad del aire que incluso provocaban que la internaran.

-Nuestra preocupación era horrible –suspira al expresar la frase.

La tos era inhumana, estuvo aislada, en el hospital nos dijeron que no había camas, la trajimos a la casa y me dijeron que sólo si de a tiro no podía respirar entonces la lleváramos al hospital. Afortunadamente no la llevamos, aunque sí hubo días de agitación por la tos que tenía

Gala quedó aislada y ni siquiera su mamá la veía. Le pasaban la comida por el piso y ella la tomaba. En tanto la doctora les dijo que el resto de la familia podría ser asintomáticos, y aunque su esposo presentó tos no fue como la de su hija.

-Nos dijo que no tenía caso que nos hiciéramos la prueba, que éramos asintomáticos al estar en contacto con ella.

Ya no salieron de su casa más que para comprar víveres o a veces cuando necesitaban comida un chico se las dejaba. Dentro de su red de apoyo unas amigas les enviaron un purificador que pusieron en el cuarto de Gala.

Una de las cosas desconcertantes de lo que les mandaron del hospital fue un medicamento para combatir los piojos. No se lo dieron a Gala, pero sí tomó antibiótico, paracetamol y un jarabe para la tos seca.

Pero a los síntomas de la tos se agregaron otros.

-A los pocos días empezó con dolor de estómago y diarreas y me preocupaba que se fuera a deshidratar, solo le dábamos suero, agua, tratamos de reclinar su cama, su recámara esta con una ventana alta entonces se ventilaba. Estábamos pegados día y noche a la puerta porque no dormía y no se podía mover.

Fueron más o menos 15 días en que Gala estuvo mal.

-Todo el tiempo estábamos con el cubrebocas, limpiábamos chapas con cloro, cuidándolo todo muchísimo, afortunadamente salió bien. Ahora queremos sacarle una radiografía, aunque no deja de toser pero ya está bien y queremos ver si no tiene daño en los pulmones.

Una de las escasas salidas se dio luego de que su otra hija se lastimó un ojo y debió salir al oftalmólogo. Lo que vio Julieta en la calle la sorprendió.

-La sensación de ver la vida normal de gente en la calle, que iba sin cubrebocas ni sana distancia, los puestos instalados en las aceras, ¿soy la única, vivo en una burbuja? –se cuestionó ese día.

En el consultorio sí les pidieron lavarse las manos y la gente estaba con cubrebocas, pero al salir volvió a desanimarse por lo que vio.

-El tráfico igual hasta el full y me saca de onda que nos hemos cuidado tanto y durante tantos días, entonces ¿cómo es posible que la gente ande como si nada? Eso es muy desgastante.

MIEDO A MORIR

Gala estaba asustada. Le daba miedo morirse y estaba preocupada por su familia.

-Está chiquita, tiene 14 años. Es alta pero no deja de ser una niña –dice Julieta.

No podía dormir en la noche, de estar pensando que no quería ponerse peor, no quería que la internáramos, estuvo muy angustiada, mucha gente oró por nosotros, nos hablaban para saber cómo estábamos, le hablaban a ella, eso ayudó en el ánimo. Cuando salió del encierro ya no aguantaba y los últimos días ya que se veía mejor. Así como le dio así se le quito. Fue así de ¡pum!. Pasaron 15 días y su estado de ánimo ya era normal

Julieta dice que continuamente él y su esposo se preguntaban por qué le dio a Gala y no a ellos, de 44 y 50 años, respectivamente. Pero también saben que la enfermedad puede recaer en quien sea.

-Hemos tenido amigos que han fallecido, mi cuñado está enfermo y no hemos podido ver a mi mamá. Siempre es diferente” –concluye. 

(María José Pardo)