EDUCACIÓN EN MÉXICO

UNAM: La historia detrás de su creación en 1910

El 22 de septiembre de 1910, Justo Sierra, inauguró la Universidad Nacional Autónoma de México

No fue fácil lograr la creación de la UNAM, ya que la idea que se tenía desde un principio fue obstaculizada.
No fue fácil lograr la creación de la UNAM, ya que la idea que se tenía desde un principio fue obstaculizada.Créditos: Cuartoscuro.
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El 22 de septiembre de 1910, el maestro y pensador, Justo Sierra, inauguró la Máxima Casa de Estudios de México, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), institución emblemática reconocida a nivel mundial.

Actualmente, la UNAM es considerada la mejor universidad de América Latina y está entre las 20 más grandes del mundo.

La Universidad Nacional fue inaugurada el 22 de septiembre de 1910, sin embargo, el proyecto de su creación fue propuesto por Justo Sierra desde 1881 con la intención de tener más y mejor educación en México

Pero, no fue fácil lograr la creación de la UNAM, ya que la idea que se tenía desde un principio fue obstaculizada, por lo que se pausó. Más tarde resurgió la idea de esta nueva universidad.

LA HISTORIA DETRÁS DEL NACIMIENTO DE LA UNAM

Desde su puesto de ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes, Justo Sierra y su entonces subsecretario Ezequiel A. Chávez, hicieron resurgir en 1910 la idea de crear una universidad con carácter nacional.

Esta idea, realmente nació en 1881, pero se daba en momentos en que el régimen porfirista celebraba pasadas glorias y nuevos propósitos.

En una de las muchas ocasiones en que Justo Sierra tuvo que defender la idea de la nueva universidad, afirmó: “Para realizar los elevados fines de la nueva institución, el proyecto de ley relativo la establece como institución de Estado, pero con elementos tales que le permitan desenvolver por sí misma sus funciones dotándola de considerable autonomía”.

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La idea era permitirle a la universidad el organizarse por sí misma.

Tanto Justo Sierra como Ezequiel A. Chávez siempre tuvieron en mente una institución con capacidad para gobernarse por sí misma. El problema, en realidad, giraba entonces en los límites, en los alcances de esa autonomía.

Este ideal se vio obstaculizado desde un principio y la decisión del Ejecutivo no era sencilla, ya que implicaba un desprendimiento de ciertas facultades, y aunque al fundarse la universidad la autonomía quedó olvidada, ésta resurgió al poco tiempo.

POR FIN SE INAUGURA LA UNAM

El diario El Imparcial –23 de septiembre de 1910– describió la inauguración de la Universidad de México, de la que dijo era la “más solemne y la más trascendental de las ceremonias verificadas durante el centenario. La más vistosa por la procesión que honraran con su presencia el señor presidente de la República y su gabinete y los delegados de las universidades extranjeras y en la que más se dibujara el gesto sereno de la muchedumbre, al paso de Minerva engalanada con las rosas de una fiesta en su honor y por su triunfo”.

“Así el reportero escuchó de todos los labios… la festividad con que el elemento intelectual de México celebró la apertura de la Universidad mexicana. Así prorrumpieron en un clamor de entusiasmo las mil personas que se congregaron en el Anfiteatro de la Escuela Nacional Preparatoria para asistir a la inauguración”.

“El presidente Díaz llegó a las 10.30. Después Justo Sierra, ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes, “pasó al borde de la plataforma de honor para pronunciar su discurso”.

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Los conceptos expuestos por él pusieron énfasis en el carácter de la universidad como un centro propenso a ahondar en todos los ámbitos de la ciencia, capaz de mirar a lo alto, con el telescopio, o a lo bajo, con el microscopio y los instrumentos de investigación del subsuelo, pero sin querer abstraerse fuera del mundo circundante, sin querer dar las espaldas al mundo fluyente de la vida diaria.

“Cuando el joven sea hombre, es preciso que la Universidad o lo lance a la lucha por la existencia en un campo social superior o lo levante a las excelsitudes de la investigación científica; pero sin olvidar nunca que toda contemplación debe ser el preámbulo de la acción. No es lícito al universitario pensar exclusivamente para sí mismo y que sí se puede olvidar en las puertas del laboratorio al espíritu y a la materia, como Claudio Bernard decía, no podremos moralmente olvidarnos nunca ni de la humanidad ni de la patria”, aseveró.

Sierra reiteró que la nueva Universidad habría de mirar hacia el porvenir, sin ningún vínculo con aquella, carente de “árbol genealógico”. Exaltó el sentido laico del Estado y de la obra educativa, ya que ese mismo Estado, indicó, “no podría, sin traicionar su encargo, imponer credo alguno”, y dejaba “a todos en absoluta libertad para profesar el que les imponga o la razón o la fe”.

“No puede, pues, la Universidad que hoy nace, tener nada de común con la otra. Ambas han fluido del deseo de los representantes del Estado de encargar a hombres de alta ciencia la misión de utilizar los recursos nacionales en la educación y la investigación científicas, porque ellos constituyen el órgano más adecuado a estas funciones, porque el Estado, ni conoce funciones más importantes, ni se cree el mejor capacitado para realizarlas”, añadió.

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