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“En Honduras me quisieron matar, por eso vengo huyendo”

La pobreza, la inseguridad y la violencia empuja a miles de migrantes centroamericanos a migrar en caravana en busca de llegar a Estados Unidos

Escrito en NACIÓN el

La violencia, inseguridad y pobreza que se sufre en Honduras y El Salvador es insoportable. Para muchos de sus habitantes ya no es opción vivir en su país, prefieren migrar, pasar hambre, caminar bajo las inclemencias del clima y enfrentarse a la crisis humanitaria en Tijuana ante la oleada de personas que no pueden entrar a Estados Unidos.

Tal es el caso de Ronald Wilson Briones de 36 años. Hace cuatro meses sufrió un intento de homicidio en Honduras por parte de unos “mareros” que lo extorsionaban. No pensó en denunciar. La justicia allá no funciona, dijo. La única opción fue huir. Primero de la ciudad donde vivía con su familia y luego del país.

Él viene en la primera Caravana Migrante de este 2019 que llegó desde el domingo a la Ciudad de México y se quedará en el albergue instalado por autoridades federales y locales en el Estadio Jesús Martínez Palillo en la Magdalena Mixhuca. “Hasta la mañana de este martes se tenía un registro de mil 923 personas y se espera que en el transcurso del día lleguen 400 más provenientes de Puebla”, informó Arturo Medina, subsecretario de Gobierno de la ciudad.

Además, dijo que se espera que la estancia sea corta, es decir, que estén entre seis y máximo 10 días en la capital mexicana, para continuar con su camino hacia Estados Unidos.

Ronald dejó en Honduras a sus papás, esposa y a su hijo de dos años. Su meta es pedir asilo en México y trabajar en la capital.  “Mi idea es conseguir un empleo en la ciudad y mandarle dinero a mi familia”, indicó.

 “La situación está muy complicada. Mi país está muy violento. No hay oportunidades de empleo. Yo tenía un negocio y la verdad me extorsionaban. Tuve que huir del país por eso. Un día no les quise pagar. Me siguieron unos chavos, yo iba en mi moto a hacer un mandado e hicieron que me cayera como a un vado. Me paré y corrí porque sacaron un arma y ya me iban a disparar”.

Resultado de ese accidente “provocado” se astilló el hueso de la muñeca izquierda. Le quitaron el radio. Eso fue hace cuatro meses y la herida aún no sana. Ronald muestra la mano y la cicatriz se ilumina con el sol.

Ronald abrió hace dos años una pulpería, así le dicen a las tiendas de abarrotes en Honduras. Vendía dulces, refrescos, frituras, pan, agua y otras coas. Cuando tenía un año con su negocio, las pandillas comenzaron a proliferar en su comunidad.  Llegaron “los mareros” a la entrada de su negocio y le pidieron dinero. Después le mandaban mensajes a su celular.

Era tal el acoso que cedió.  Les pagaba una cuota “por protección”. La extorsión duró varios meses hasta que Ronald se cansó de que el resultado de su trabajo y esfuerzo fuera para ellos. Un día fueron a cobrarle y se negó.

Salió de su país el 15 de enero solo con una pequeña mochila y mucha ilusión de encontrar una nueva vida. El viaje de Chiapas a la Ciudad de México estuvo tranquilo.

 “No hemos tenido inconvenientes con la policía ni con la migra. Nos han apoyado en todo. Nos dieron un permiso en la aduana que está en Chiapas para poder entrar a México”.

“TRUMP TIENE QUE DEJAR PASAR A TODA ESTA GENTE”

Las noticias sobre la situación de las personas migrantes, que venían en los éxodos de 2018 y ahora se encuentran varadas en Tijuana, no son un impedimento para Marilyn del Carmen Peraza Escalante de 21 años.

Salió de El Salvador el 5 de enero con su esposo e hijo más pequeño, el mayor lo dejó con su madre. “En mi país hay mucha delincuencia y no hay empleo. Si uno consigue un trabajo en una colonia que es contraria a donde uno vive, lo matan”.

Marilyn vivió un intento de violación. “Por esas razones yo ya no quiero vivir en El Salvador. Hay mucha violencia y no quiero que mis hijos vivan lo que yo”.

Su idea es cruzar hacia Estados Unidos y llegar a Houston donde desde hace varios años vive su suegra. No le importa que el vecino país del norte no dejé entrar a las personas migrantes. “Algún día, Donald Trump tiene que dejar pasar a toda esa gente, porque no somos delincuentes como él dice. Somos gente que no tenemos empleo y huimos de la violencia”.

La joven dijo que tiene algunos conocidos que salieron de El Salvador en las caravanas de 2018. “Varios todavía están en Tijuana, otros si lograron pasar e incluso ya tienen trabajo”.

Luciano Nain Perdomo Romero salió de Honduras hace un año y medio. Lo amenazaron de muerte. Estuvo en Tapachula trabajando. Hace unos meses regresó a su país. Pisó su casa y de inmediato, “los mareros” lo fueron a buscar. Huyó de nuevo.

 “Desde que salí de Honduras he estado en Chiapas. Ahí hice amigos y ahora que llegó esta caravana decidimos sumarnos y a ver si llegamos a Estados Unidos”.

Luciano sabe que cruzar hacia el vecino país del norte será difícil. México le gusta. Lo ha tratado bien. Intentará seguir con la caravana hasta el tiempo que pueda. “No traigo dinero y no tengo empleo en este momento, en realidad vengo a ver qué pasa, no tengo nada que perder. En Honduras ya no puedo regresar, sino ahora sí me matan”.

 

JGM