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“Vi carne arrancada”: el testimonio del médico que atendió a víctimas del tiroteo en Texas

Al llegar a la sala de juntas, el médico pediatra encontró a 11 personas gravemente heridas por armas de fuego, todo era un caos.

  • REDACCIÓN
  • 06/08/2019
  • 11:21 hrs
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“Vi carne arrancada”: el testimonio del médico que atendió a víctimas del tiroteo en Texas
“Vi carne arrancada”: el testimonio del médico que atendió a víctimas del tiroteo en Texas (Foto Especial)

Cuando Patrick Crusius perpetró un tiroteo en el centro comercial "Cielo Vista" en El Paso, Texas, varias de sus víctimas fueron trasladas a Del Sol Medical Center, un hospital que está a menos de cuatro kilómetros de donde sucedió el ataque.

Ahí, Jorge Sainz vio y atendió a los heridos que arribaron. Pediatra de formación, nacido en México, pero con la nacionalidad estadunidense, relató a The New Yorker el escenario de terror que dejó dicha masacre.

La mañana de 3 de agosto todo ocurría con normalidad en el hospital, hasta que alrededor de mediodía los altavoces de la clínica hicieron un llamado a que todo médico disponible se acercara a la sala de emergencias.

En un principio, Jorge pensó que eran niños migrantes en malas condiciones al tratar de cruzar a territorio estadunidense solos en busca de una mejor vida, pero no, el escenario era peor.

Al llegar a la sala de juntas, el médico pediatra encontró a 11 personas gravemente heridas por armas de fuego, todo era un caos.

“Todos gritan, todos intentan recibir órdenes. Veo al cirujano principal de traumatismos apresurándose. Él ya había evaluado a algunos de los pacientes, los estaban trasladando a la sala de operaciones para hacer espacio para los siguientes, los menos enfermos, que esperaban en el pasillo”.

Jorge Sainz calificó el escenario de la sala de emergencia como un trauma militar, dónde un joven disparó contra la multitud, pero no lo hizo con un arma pequeña, sino con fuego de alto poder, una AK-47, utilizada comúnmente por los cárteles de la droga.

Las heridas que este tipo de armas deja es devastador, recuerda el médico pediatra, “Vi carne arrancada”, lamenta.

“Yo y un cirujano maxilofacial estábamos coordinando la atención en la sala de emergencias. Los pocos cirujanos que tenían ya estaban en la sala de operaciones”

Los heridos eran tal y el personal poco que Sainz tuvo que cuidar a tres personas al mismo tiempo, mismas que reconoció cuando vio un video de los heridos en el estacionamiento donde sucedió la masacre.  

“Los tres hablaban español. Los tres eran estadounidenses. Los tres estuvieron en estado crítico”, detalla el médico sobre los pacientes.

De esta triada, había una mujer tenía 35 años, sangraba mucho; un hombre, también de 35 años, quien recibió un disparo en la pierna y sufrió una lesión pélvica; otro hombre, de 55 años, que tenía una herida en el abdomen, la bala le salió por las nalgas.

“Estaba haciendo transfusiones de sangre masivas, si esperas, mueren. Calculas la cantidad de sangre que se pierde, calcula los signos vitales y comienza a administrarla. El hombre de 35 años probablemente habría muerto más rápidamente sin la sangre”

Jorge Sainz recuerda que les habló en español, se presentó y les hizo sabe que cualquier molestia que tuvieran se la hicieran sabes, también les preguntó si tenían algún familiar al que pudieran llamar para comunicarles que estaban hospitalizados ahí.

El caos era tal que, al momento de hacer registros para saber dónde se fue la sangre, quién la obtuvo, llegó un momento en el que lo hicieron en servilletas.

Cuando Jorge Sainz se enteró que todos los heridos del tiroteo fueron enviados a tres hospitales, muy cercanos al centro comercial y que el tirador seguía activo, pidió ayuda a la policía para que resguardara esa y las demás clínicas, pues podrían ser blancos fáciles.

Patrick fue detenido y los heridos estabilizados, las vidas humanas pérdidas, contabilizadas, el caos disminuyó, pero la indignación no.

“Si uno retrocede 180 años, cuando Texas era en realidad ‘Tejas’, la gente cruzaba el río para llegar, luchando por la representación del gobierno, para hablar inglés, para no ser católico. Estaban luchando por la igualdad de derechos en ese entonces, diciendo: ‘También somos tejanos’. Y aquí estamos ahora. Diciendo lo mismo”, reflexiona Sainz.

Y concluye: “Alguien se siente empoderado para quitarle la vida a otra persona, porque no le parecen texanos. Bueno, todos somos iguales. Todos somos iguales. Y todos somos vulnerables”.

Cuando Patrick Crusius perpetró un tiroteo en el centro comercial "Cielo Vista" en El Paso, Texas, varias de sus víctimas fueron trasladas a Del Sol Medical Center, un hospital que está a menos de cuatro kilómetros de donde sucedió el ataque.

Ahí, Jorge Sainz vio y atendió a los heridos que arribaron. Pediatra de formación, nacido en México, pero con la nacionalidad estadunidense, relató a The New Yorker el escenario de terror que dejó dicha masacre.

La mañana de 3 de agosto todo ocurría con normalidad en el hospital, hasta que alrededor de mediodía los altavoces de la clínica hicieron un llamado a que todo médico disponible se acercara a la sala de emergencias.

En un principio, Jorge pensó que eran niños migrantes en malas condiciones al tratar de cruzar a territorio estadunidense solos en busca de una mejor vida, pero no, el escenario era peor.

Al llegar a la sala de juntas, el médico pediatra encontró a 11 personas gravemente heridas por armas de fuego, todo era un caos.

“Todos gritan, todos intentan recibir órdenes. Veo al cirujano principal de traumatismos apresurándose. Él ya había evaluado a algunos de los pacientes, los estaban trasladando a la sala de operaciones para hacer espacio para los siguientes, los menos enfermos, que esperaban en el pasillo”.

Jorge Sainz calificó el escenario de la sala de emergencia como un trauma militar, dónde un joven disparó contra la multitud, pero no lo hizo con un arma pequeña, sino con fuego de alto poder, una AK-47, utilizada comúnmente por los cárteles de la droga.

Las heridas que este tipo de armas deja es devastador, recuerda el médico pediatra, “Vi carne arrancada”, lamenta.

“Yo y un cirujano maxilofacial estábamos coordinando la atención en la sala de emergencias. Los pocos cirujanos que tenían ya estaban en la sala de operaciones”

Los heridos eran tal y el personal poco que Sainz tuvo que cuidar a tres personas al mismo tiempo, mismas que reconoció cuando vio un video de los heridos en el estacionamiento donde sucedió la masacre.  

“Los tres hablaban español. Los tres eran estadounidenses. Los tres estuvieron en estado crítico”, detalla el médico sobre los pacientes.

De esta triada, había una mujer tenía 35 años, sangraba mucho; un hombre, también de 35 años, quien recibió un disparo en la pierna y sufrió una lesión pélvica; otro hombre, de 55 años, que tenía una herida en el abdomen, la bala le salió por las nalgas.

“Estaba haciendo transfusiones de sangre masivas, si esperas, mueren. Calculas la cantidad de sangre que se pierde, calcula los signos vitales y comienza a administrarla. El hombre de 35 años probablemente habría muerto más rápidamente sin la sangre”

Jorge Sainz recuerda que les habló en español, se presentó y les hizo sabe que cualquier molestia que tuvieran se la hicieran sabes, también les preguntó si tenían algún familiar al que pudieran llamar para comunicarles que estaban hospitalizados ahí.

El caos era tal que, al momento de hacer registros para saber dónde se fue la sangre, quién la obtuvo, llegó un momento en el que lo hicieron en servilletas.

Cuando Jorge Sainz se enteró que todos los heridos del tiroteo fueron enviados a tres hospitales, muy cercanos al centro comercial y que el tirador seguía activo, pidió ayuda a la policía para que resguardara esa y las demás clínicas, pues podrían ser blancos fáciles.

Patrick fue detenido y los heridos estabilizados, las vidas humanas pérdidas, contabilizadas, el caos disminuyó, pero la indignación no.

“Si uno retrocede 180 años, cuando Texas era en realidad ‘Tejas’, la gente cruzaba el río para llegar, luchando por la representación del gobierno, para hablar inglés, para no ser católico. Estaban luchando por la igualdad de derechos en ese entonces, diciendo: ‘También somos tejanos’. Y aquí estamos ahora. Diciendo lo mismo”, reflexiona Sainz.

Y concluye: “Alguien se siente empoderado para quitarle la vida a otra persona, porque no le parecen texanos. Bueno, todos somos iguales. Todos somos iguales. Y todos somos vulnerables”.

 

rgg