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Perdí mi trabajo por una foto en Twitter; la cultura de la cancelación

El caso de Emmanuel Cafferty muestra uno de los extremos a los que puede llegar la constante señalización de injusticias en el mundo

  • REDACCIÓN
  • 23/07/2020
  • 15:27 hrs
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Perdí mi trabajo por una foto en Twitter; la cultura de la cancelación
El movimiento comenzó hace algunos años como una forma de llamar la atención sobre causas de justicia y multiplicar la voz de los grupos oprimidos. (Archivo)

SAN DIEGO.- La cultura de la cancelación surgida en las redes sociales puede tener efectos colaterales que terminan por perjudicar la reputación de una persona, como pasó con el estadounidense hijo de migrantes mexicanos, Emmanuel Cafferty, quien fue señalado de ser racista por haber sido captado en fotografía cuando chasqueaba los dedos y el gesto de sus manos simulaba el símbolo de “OK” adoptado por supremacistas blancos en 2017.

¿Cómo funciona?

Todo comienza cuando un usuario de redes sociales (Twitter o Facebook, por ejemplo) denuncia un acto que considera de injusticia social o preservación medioambiental, cometido por algún tipo de figura pública, autoridad, servidor público o proveedor de algún servicio o un ciudadano de a pie, por lo que toma una fotografía o lo graba con su dispositivo móvil y lo publica en su cuenta, informa BBC Mundo.

Resalta que el denunciante tiene el cuidado de etiquetar a la empresa empleadora del denunciado, autoridades públicas u otros influencers que puedan amplificar el alcance del mensaje que acaba de emitir, el cual puede ser replicado miles de veces en cuestión de horas.

El movimiento comenzó hace algunos años como una forma de llamar la atención sobre causas de justicia y multiplicar la voz de los grupos oprimidos y forzar acciones políticas.

No obstante, ello puede provocar una “cascada” de menciones a una empresa que, abrumada, puede precipitarse a tomar actitudes que frenen el desgaste de imagen, aunque ello signifique que la persona a la que se denuncia no pueda defenderse de manera adecuada.

Caso Cafferty

El 3 de junio pasado, Emmanuel Cafferty, de 47 años, manejaba la camioneta que la compañía le prestó como parte del trabajo, para volver a su casa después de una jornada más de trabajo inspeccionando las redes subterráneas de gas y electricidad de la ciudad de San Diego, California.

La ventanilla abierta y el brazo izquierdo en el exterior, con esa mano, narra Cafferty para la BBC, juntaba dos dedos de la mano distraídamente.

Sin embargo, ante el entonces reciente asesinato del afroamericano George Floyd a manos de un policía blanco el 25 de mayo de este año y la creciente tensión durante las protestas en todo el territorio estadounidense en contra del hecho, hizo que una persona que atestiguó el gesto lo interpretara como el símbolo de los supremacistas. 

"Ese hombre comenzó a tocar la bocina y a insultarme. Gritaba: '¿va a seguir haciendo eso?' y sacó el celular para fotografiarme. Pensé que tal vez le había cerrado el paso en el tráfico, por accidente. Pero estábamos los dos parados en el semáforo y yo no entendía nada", relata Cafferty.

Perdí el empleo de mi vida

Solo dos horas después de que fuera posteada la fotografía original, el supervisor de Emmanuel le llamó para decirle que había sido denunciado como racista en las redes sociales, por lo que sería suspendido del trabajo sin goce de sueldo.

Una hora más tarde, colegas llegaron a su casa para llevarse la camioneta y la computadora de la empresa. Cinco días después fue despedido; sólo seis meses atrás había conseguido el trabajo y salió a festejarlo con sus tres hijas y sus nietos.

Interpretar con cautela

La Liga contra la Difamación, organización que combate discursos de odio en Estados Unidos, expone que el símbolo del "OK" fue adoptado en 2017 por usuarios racistas en foros de internet como 4chan

Sin embargo, recomienda tener cuidado con la interpretación de la señal, ya que “la abrumadora mayoría de las veces el gesto significa consentimiento o aprobación. Por eso no se puede presumir que alguien que lo haga lo esté usando en un contexto de racismo, a menos que exista otra prueba para apoyar esa percepción. Desde 2017, muchas personas fueron acusadas erróneamente de ser racistas o supremacistas por usar el gesto en el sentido tradicional e inocuo", alerta la organización.

Cafferty asegura que él sólo chasqueaba los dedos, “pero un hombre blanco lo interpretó como un gesto parecido al 'OK', que sería racista, y se lo dijo a mis jefes, también blancos, que decidieron creerle a él, no a mí, que no soy blanco".

El propio autor de la fotografía admitió en entrevista con la cadena NBC que quizá exageró en la interpretación del gesto. Dijo, además, que a pesar de haber etiquetado en su publicación a la empresa en la que Cafferty trabajaba, no quería que fuera despedido.

Para cuando el usuario borró el mensaje original el post se había viralizado y el empleo de Emmanuel estaba perdido.


"Una multitud de Twitter me canceló. Ya llamé a todos mis exempleadores en las seis semanas desde que aconteció el episodio y nadie me llama de vuelta. Lo primero que hace un empleador a la hora de contratar es poner el nombre en Google. El mío quedó ligado a este episodio, sin importar si era cierto o no. No sé cómo voy a seguir con mi vida de aquí para adelante", cuenta.

Y asegura que cada semana ha tenido que acudir a terapia para aprender a lidiar con el dolor y el miedo que ha sentido a raíz de la situación.

Efectos colaterales de la cancelación

La cancelación no es el típico trolleo de internet, con insultos en disputas de opinión entre usuarios de redes; va directo contra la reputación que amenaza el empleo y los medios de subsistencia actuales y futuros de la persona cancelada.

Ross Douthat del New York Times explica que una persona puede ser cancelada “por algo que diga en medio de una multitud de completos extraños si alguno de ellos lo graba en video, o por un chiste que suene mal en las redes sociales, o por algo que usted dijera o hiciera hace mucho tiempo y de lo que quede algún registro en internet".

No hace falta ser prominente, famoso o político para ser públicamente avergonzado y permanentemente marcado. “Todo lo que usted necesita hacer es tener un día particularmente malo y las consecuencias pueden durar mientras Google exista".

Otros casos

A finales de mayo de este año, un investigador contratado por una consultora política progresista compartió en Twitter el resultado de un estudio que indicaba que, en los años 60, las protestas raciales violentas aumentaron el porcentaje de votos para candidatos republicanos, en cuanto que los actos pacíficos favorecieron a los políticos demócratas en las urnas.

Tuit que fue considerado por algunos activistas del movimiento #BlackLivesMatter como una reprimenda a los actos de protesta por la muerte de George Floyd y pasaron a exigir su dimisión, por lo que el investigador fue despedido días más tarde.


En junio, una profesora de teatro en Nueva York fue señalada por parecer aburrida durante una reunión online en la que se hablaba de acciones a favor de la justicia racial, centro de la discusión en EU a partir del caso Floyd. 

Una petición firmada por casi 2 mil personas pidió su dimisión, acusándola de racista. La profesora lo niega y alega que estaba descansando la vista mirando para abajo momentáneamente cuando se hizo la foto.

Carta sobre la justicia y el debate abierto

Esta cultura de la cancelación fue considera por un grupo de 150 periodistas, intelectuales, académicos y artistas, considerados progresistas, como una "atmósfera sofocante", por lo que publicaron en Harper's Magazine una carta en la que se afirma que "el libre intercambio de informaciones e ideas, fuerza vital de una sociedad liberal, se vuelve cada día más restringido".

Está firmada por nombres de peso como Noam Chomsky, JK Rowling, Andrew Solomon, Gloria Steinem, Deirdre McCloskey, y Yascha Mounk y agrega que "Si bien esperábamos esto de la derecha radical, la censura también se está esparciendo ampliamente en nuestra cultura: una intolerancia a las visiones opuestas, una moda del señalamiento público y el ostracismo, y la tendencia a disolver cuestiones políticas complejas en una certeza moral cegadora".

En respuesta, otro grupo de periodistas, artistas e intelectuales acusó a los autores de la primera carta de, desde lo alto de su éxito profesional y cómoda posición en el mercado, ignorar las dificultades de las minorías -como la comunidad negra o la comunidad LGBTIQ- en el debate público, en el mundo académico, en las artes, en el periodismo, en el mercado editorial.

"Los firmantes, muchos de ellos blancos, ricos y dotados de grandes plataformas, argumentan que tienen miedo de ser silenciados, que la llamada cultura de la cancelación está fuera de control y que temen por sus empleos y por el libre intercambio de ideas, al mismo tiempo que se expresan en una de las revistas de mayor prestigio del país", señalan los firmantes del nuevo documento, titulado "Una carta más específica sobre la justicia y el debate abierto".



(djh)