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"Mi tío ya hubiera derrocado a Ortega", afirma sobrino del héroe de Nicaragua, Sandino

El sacerdote nicaragüense Edwing Román, sobrino del máximo héroe de Nicaragua Augusto C. Sandino pasó la peor experiencia de su vida a manos de un Gobierno que se denomina "sandinista"

  • EFE
  • 30/11/2019
  • 15:15 hrs
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"Mi tío ya hubiera derrocado a Ortega, afirma sobrino del héroe de Nicaragua, Sandino
El sacerdote, de 59 años, sufre diabetes crónica y se repone de los efectos de haber pasado más de ocho días sin acceso a agua, energía, alimentos, medicina, ni ayuda humanitaria, por orden del Gobierno. (Especial)

Menos de 48 horas después de haber pasado la peor experiencia de su vida a manos de un Gobierno que se denomina "sandinista", el sacerdote nicaragüense Edwing Román afirma que si estuviera vivo su tío, el máximo héroe de Nicaragua Augusto C. Sandino, "ya hubiera derrocado" al presidente Daniel Ortega.

"Já, él ya hubiera derrocado a Daniel Ortega, porque Daniel no es sandinista, prácticamente él mismo enterró a su propio partido, es una familia, una dictadura; Ortega-Murillo dicen dizque llamarse sandinistas, pero no lo son, no tienen el pensamiento de Sandino, que era mi tío abuelo", dice a Efe Román, quien se recupera en un hospital privado de Managua.

El sacerdote, de 59 años, sufre diabetes crónica y se repone de los efectos de haber pasado más de ocho días encerrado en su parroquia, San Miguel Arcángel, de Masaya (Pacífico), sin acceso a agua, energía, alimentos, medicina, ni ayuda humanitaria, por orden del Gobierno.

Román fue encerrado junto con un grupo de nueve madres que iniciaron una huelga de hambre el pasado día 14 en reclamo de la liberación de más de 160 "presos políticos", en medio de la crisis sociopolítica que vive Nicaragua desde el estallido popular contra Ortega en abril de 2018.

El sacerdote fue sitiado por órdenes de unas autoridades que en 1979 fundaron la institución bajo el nombre de "Policía Sandinista", aunque en 1990 pasó a llamarse Policía Nacional.

Al preguntarle sobre la ironía de que los policías "sandinistas" hayan llevado al borde de la muerte en tres ocasiones a un sobrino de Sandino, mientras éste protegía a un grupo de mujeres, el sacerdote responde que le da risa.

"Me causa risa, dan risa como un payaso, se robaron la bandera y el ideal de Sandino", dice Román, quien advierte de que su punto de vista, más que político, es el de un sobrino del personaje que inspiró la revolución que derrocó al dictador Anastasio Somoza Debayle en 1979.

La experiencia del 14 al 22 de noviembre fue la peor de su vida, afirma Román, porque hubo momentos en que se sintió impotente ante las necesidades médicas de las mujeres en huelga de hambre, sin lograr convencer a los policías "sandinistas" de que permitieran el acceso de ayuda humanitaria.

"No he salido del ambiente (de encierro), en la mente me siento como embotado, casualmente anoche no pude dormir", sostiene, porque recuerda "las imágenes, los rostros de las mamás, el ambiente de la iglesia en donde estábamos, y ver todo ese asedio de más de 80 personas", entre uniformados y paramilitares.

Al noveno día, las madres decidieron levantar la huelga de hambre, al ver que el cura había sufrido tres crisis por diabetes, y no querían que su vida corriera riesgos después de que él decidiera permanecer junto a ellas por si la policía y los paramilitares realizaban un ataque armado dentro del templo.

Al igual que las huelguistas, Román se sorprendió de la reacción contra las personas dentro de la parroquia, ejecutada por un presidente que dice seguir los ideales de Sandino, y de su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo.

"Yo soy ante todo un cristiano y un sacerdote, la historia me hace que sea familia de Sandino, y con mucho orgullo siento llevar la sangre de Sandino. Sandino ya hubiera tirado al basurero de la historia a Daniel Ortega y a su mujer", reitera el padre, con su voz suave pero a la vez pesada como el hierro.

Román, no sabe cuánto tiempo más permanecerá hospitalizado. A pesar de que su piel se ve más pálida y sus ojos enrojecidos, evade las respuestas sobre su salud y se muestra preocupado por las demás personas que se encontraban junto a él en la parroquia.

"Claro, estaré ahí siempre, y seguiré al lado del pueblo, aunque me siga costando no sé qué más, siempre voy a seguir en esto", asegura.

El sacerdote, cuya vivienda fue manchada con palabras amenazantes por grupos paramilitares este fin de semana, ya tenía estatus de héroe en Masaya por salvar a cientos de jóvenes de los ataques armados del Gobierno en 2018.

"Soy un sacerdote, soy un pastor, y me debo también a los fieles, siempre voy a estar con el pueblo, jamás con los opresores, y eso me llena como humano, me realiza como sacerdote, en medio de cualquier falla humana, quiero tratar de cumplir con el mandato de Jesucristo", puntualiza. EFE

MJP