MUNDO

Lunes, días de pagar o morir en la industria del transporte en Honduras

Desde 2010, más de 1500 hondureños de la industria del transporte han sido asesinados por no pagar la “contribución de guerra” impuesta por las pandillas, muchos prefieren huir

  • THE NEW YORK TIMES
  • 31/07/2019
  • 17:09 hrs
  • Escuchar
Lunes, días de pagar o morir en la industria del transporte en Honduras
En Honduras, la violencia no cesa (Foto: Especial)

Desde hace 10 años, los lunes se han vuelto para algunos hondureños los días en los que les pagan a las pandillas o mueren, luego de que implementaran la “contribución de guerra”, es decir, éstas cobran a los autobuses, taxis y mototaxis. 

A partir de 2010, más de 1500 hondureños de la industria del transporte han sido asesinados: a balazos, estrangulados, esposados al volante y quemados vivos mientras incendian sus autobuses, en caso de que dejen de pagar, como manera de mensaje por parte de dichas pandillas.

Este régimen de corrupción que imponen las pandillas, es el factor principal que provoca la mayor desesperanza entre la gente y que finalmente la impulsa a irse, al mismo tiempo que impulsa la pobreza respecto del futuro del país.

Esa sensación de que todo está podrido y que es muy poco probable que mejore es el propulsor de la migración. La cantidad de hondureños que deciden migrar y son detenidos en la frontera sur de Estados Unidos se ha incrementado de 47,900 en 2017 a 205,039 sólo en los primeros seis meses de este año fiscal.

TESTIMONIO

A las 10:13, llaman al teléfono del dueño de un autobús para darle las instrucciones de la pandilla Barrio 18: “¿Puedes traerla hoy temprano?”. 

El dueño se detiene al lado de una ferretería, donde llega un operador de autobuses a bordo de una camioneta pick-up Toyota blanca y le entrega un fajo de billetes de unos 3 centímetros de grosor: aproximadamente 650 dólares.

La pandilla le vuelve a llamar, el dueño del autobús dice: “Ya voy. Voy a llegar en un coche negro”.

Unos vigilantes armados ven cómo el motor del coche batalla mientras se dirige cuesta arriba hacia Las Pavas, una fortaleza de la pandilla Barrio 18.

Antes de llegar a la cima, el dueño del autobús se detiene en el mismo punto en el que se ha detenido desde hace un año: una casa verde con una reja de hierro color durazno.

Barrio 18 cuenta con un servicio para pagar desde tu auto, a menos que los pandilleros presientan que algo anda mal y te ordenen salir del vehículo.


MJP