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"Este tiro no me mató, el que sigue sí": sobreviviente de masacre en Colombia

El día que la selección de Colombia fue eliminada del mundial de futbol de Italia 90, se registró una matanza dentro de un bar de Medellín; 23 personas perdieron la vida y tres lograron sobrevivir

  • REDACCIÓN
  • 26/03/2019
  • 16:34 hrs
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Este tiro no me mató, el que sigue sí: sobreviviente de masacre en Colombia
Este año se cumplen 29 años de la masacre de Oporto. (Tomada de internet)

Para 1990, la ciudad de Medellín, en Colombia  se caracterizaba por su facultad de parecer dos ciudades distintas. Una en la que se podía salir de fiesta cada ocho días y otra en donde los primeros dos meses del año se habían registrado más de mil asesinatos. Esta ciudad es donde Camilo sobrevivió a una masacre.

Pese vivir en la parte a la que los medios no daban cobertura por los altos índices de violencia, un 23 de junio, un grupo de hombres armamos ingresó al bar en el que Camilo Jaramillo se encontraba con sus amigos y abrieron fuego contra los hombres ahí presentes.

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En cuestión de minutos Camilo – de 21 años de edad- se vio rodeado por los cadáveres de 23 personas que momentos antes bebían, bromeaban y disfrutaban de la música. Él fue uno de los tres sobrevivientes.

De acuerdo por el entrevistado por BBC Mundo, la ola de violencia que se vivió en Colombia durante la operación de Pablo Escobar comenzó con el asesinato en 1984 de Rodrigo Lara Bonilla, ministro de Justicia. La inseguridad llegó hasta El Poblado, zona exclusiva de Medellín a la que Camilo se fue a vivir tras salir de casa de sus padres.

EL DÍA DE LA MATANZA

Ese mismo 23 de junio de 1990, Camerún eliminó del mundial de Italia a la selección colombiana de fútbol. Día en el que Camilo decidió aceptar la invitación que un tío le hizo para ver el juego. La noche de ese sábado decidió salir con el grupo de amigos del que se había hecho estudiando Administración de Empresas.

Antes se seguir la sugerencia de uno de ellos de ir a una casa a las afueras de la ciudad, los amigos de detuvieron en el bar Oporto, el cual solían frecuentar. Sólo iban por “unos tragos y ya”.

Al paso de los minutos, comenzaron a escucharse disparos. Tras ello, el hijo del dueño del bar se acercó a la mesa que ocupaban Jaramillo y sus amigos y les dijo que podían salir por la puerta trasera del establecimiento. Sin embargo, pronto se dieron cuenta que los hombres armados habían bloqueado todas las salidas.

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En camionetas 4x4 fue el medio por el que llegó la cuadrilla de 14 agresores, que se encontraban armados y con los rostros cubiertos.

Camilo Jaramillo cuenta cómo los agresores separaron a las mujeres de los hombres, trasladando a las primeras en la parte principal del Oporto, y a los segundos hacia el estacionamiento.

“Éramos unos 26 hombres en fila hacia la muerte”, apunta. De acuerdo con el sobreviviente, los hombres armados hacían que los asistentes del bar se tiraran al piso. “Lo último que vi antes de apoyar mi cara contra el piso rocoso del estacionamiento fue a mi amigo Luca”, puntualiza.

En esa posición se mantuvo a los rehenes durante un rato, hasta que dieron la orden de matar a todos, a lo que siguió una serie de ráfagas de balas y proyectiles indistintos. “De repente el mundo comenzó a pasar en cámara lenta”.

Jaramillo narra que entre cada intervalo ensordecedor de disparos él pensaba: "este tiro no me mató, el que sigue sí".

Al término de la balacera, los agresores comenzaron a “rematar” a los que aún quedaban vivos. En ese momento Camilo se hizo el muerto.

Uno de los hombres me pateó, después me volteó. Yo podía mirarlo a la cara, aunque la tenía cubierta. Después el tipo me golpeó con la pistola y dijo: ´No, este gordo ya viajó´". Sin embargo, le dio un tiro de gracia en el pecho.

No obstante, ese día Jaramillo recibió nueve disparos en total. Cuando recibió el alta médica y preguntó a los doctores sobre alguna explicación de que hubiera sobrevivido, simplemente se le contestó que “no era su día”.

Posteriormente, un médico le explicó que las balas no habían alcanzado alguno de los órganos vitales. “Una bala rozó mi columna vertebral. Otro pasó al lado del hígado. La bala del pecho pasó por encima de los pulmones”.

djh