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Condenados a cadena perpetua en la adolescencia, exonerados 36 años después

Tres jóvenes fueron culpados de asesinar a otro en 1983, pero ahora les piden disculpas y los liberan de la cárcel

  • REDACCIÓN
  • 26/11/2019
  • 18:37 hrs
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Condenados a cadena perpetua en la adolescencia, exonerados 36 años después
Alfred Chestnut, Ransom Watkins y Andrew Stewart fueron liberados el lunes. (Especial)

Fue un crimen terrible y la policía buscó una resolución rápida. En noviembre de 1983, el joven de 14 años DeWitt Duckett fue tiroteado en un pasillo de su escuela para robarle la chaqueta de la universidad de Georgetown que portaba. Fue el primer estudiante de la historia asesinado en una escuela de Baltimore (Maryland).

El día de Acción de Gracias, la policía arrestó a tres adolescentes de otra escuela y los acusó de asesinato. Alfred Chestnut, Ransom Watkins y Andrew Stewart fueron condenados a cadena perpetua. Los tres dijeron siempre dijeron ser inocentes.

Tras pasar 36 años en la cárcel, los tres fueron liberados este lunes. Los fiscales han determinado, con casi cuatro décadas de retraso, que fue otra persona la que cometió el crimen.

Watkins y Stewart, con el paso de los años, perdieron la esperanza. Pero Chestnut, que tenía 16 años cuando ingresó en la cárcel y hoy tiene 52, nunca se rindió. En mayo pasado, escribió una carta a una unidad de la fiscalía de Baltimore pidiendo que se investigaran las alegaciones de que la condena fue injusta, e incorporó nuevas pruebas que incriminaban a otra persona. Los fiscales indagaron y comprendieron que tenía razón. Fue otro estudiante, hoy ya fallecido, el que cometió el asesinato.

Se llamaba Michael Willis. Tenía 18 años y varios testigos lo identificaron, según explican ahora los fiscales. Pero la policía prefirió centrar su investigación en Chestnut, Watkins y Stewart, que se habían ausentado de su instituto ese día y andaban por los pasillos del colegio donde sucedió el asesinato.

Este lunes, los tres condenados, con grilletes y uniformes de presos, comparecieron ante el juez, que les ha declarado inocentes. La fiscal, tras exponer por qué considera que ellos no cometieron el crimen, les ha deseado, con 36 años de retraso, feliz día de Acción de Gracias (la festividad se celebra este jueves).

El público que abarrotaba la sala del juzgado, según The Washington Post, ha irrumpido en un sonoro aplauso. Igual que cuando, antes de retirarse, el juez dijo: "En nombre de nuestro sistema de justicia penal, y estoy seguro de que esto significa muy poco para ustedes, les voy a pedir disculpas".

La revisión de casos por parte de los fiscales, cuando hay pruebas que sugieren que puede haber habido errores en la condena, es un fenómeno cada vez más frecuente de Estados Unidos. Docenas de personas son liberadas cada año gracias a revisiones de casos que revelan errores o malas prácticas de la policía o los fiscales. En diversos Estados, se han creado unidades especiales en las fiscalías encargadas de indagar en las pruebas de casos antiguos.

La fiscal estatal de Maryland, Marilyn Mosby, aseguró que su oficina exoneró desde 2015 a otras seis personas que fueron condenadas por delitos graves. Fue la propia Mosby quien, el pasado viernes, visitó a Chestnut, a Watkins y a Stewart en la cárcel para comunicarles que iba a pedir su libertad. "Lo siento. El sistema les ha fallado", les dijo.

"LOS CINCO DE CENTRAL PARK", OTRO CASO

Antron McCray, Raymond Santana, Kevin Richardson, Yusef Salaam y Kharey Wise eran conocidos en Nueva York como "Los Cinco de Central Park". Fueron encarcelados injustamente cuando eran adolescentes, tras ser acusados de violar y dar una paliza a una joven que corría por el parque y que a punto estuvo de matarla. En junio de 2014 la ciudad de los rascacielos decidió pasar página y les compensa con 40 millones de dólares por el tiempo que estuvieron privados de libertad por un crimen que no cometieron y del que ya fueron exonerados.

Cada uno de ellos recibirá en concreto un millón de dólares por cada año que estuvieron entre rejas. Un pacto que además servirá para poner punto final a una batalla legal que duraba ya más de una década y que dañó la reputación de la policía. El caso se remonta al 19 de abril de 1989, el día en el que Trisha Meili fue brutalmente asaltada cuando hacía ejercicio. Los cinco, que entonces tenían entre 14 y 16 años, fueron liberados de sus cargos en 2002, cuando quien fue el verdadero autor, Matías Reyes, confesó y unas pruebas de ADN lo demostraron.

El crimen tuvo un amplio seguimiento mediático en todo Estados Unidos, por el brutal asalto que sufrió la joven banquera de inversión, quien escribió un libro contando su experiencia. Cuando fue localizada entre los arbustos estaba a punto de morir desangrada. "Los Cinco de Central Park" acabaron confesando tras varias horas y horas de interrogatorio. Después, en el proceso que llevó a que se recomendara que se anulara la pena, se demostró que las declaraciones de los hombres no se sostenían. Ni siquiera hubo pruebas  forenses del crimen.

En aquellos tiempos decidieron hacer frente a la ciudad. Para defender su causa, presentaron una demanda por violación de los derechos civiles en la que acusaban a las autoridades de haber procedido a un "falso arresto", calificaban el proceso de "malicioso" y consideraron que estuvo motivado por cuestiones "raciales" que les impidieron defenderse de una forma justa. La administración de Michael Bloomberg negó siempre la mayor y defendió la conducta de la ciudad. Bill de Blasio, su sucesor, accedió a negociar.

El alcalde demócrata consideró que había llegado el momento de cerrar otra de las heridas que aún sangraba entre los vecinos de la ciudad de los rascacielos. Era, dijo, "una obligación moral". La cifra final del pacto la reveló The New York Times.

El caso de los cinco de Central Park, que ahora rondan los 40 años de edad, provocó en su día una importante brecha racial en la ciudad, después de que los jóvenes fueran condenados a hasta 16 años de prisión cada uno. La prensa los retrató como una "camada de lobos". Su exoneración ayudó a contener la hemorragia en la que se supone es la metrópolis más inclusiva y diversa de Estados Unidos. Inicialmente pidieron una compensación de 250 millones.

El Departamento Legal había argumentado que el caso no era sobre si los jóvenes fueron arrestados por error, si no que se trataba de demostrar si tanto la fiscalía como la policía siguieron una conducta irregular durante el proceso. La situación en Nueva York durante los años 1990 era muy diferentes y dominaba la mano dura frente al crimen. Por aquella época se registraban más de 2,200 homicidios al año, casi seis veces más que ahora. Central Park, como el metro, eran lugares muy peligrosos.

Con información de El País

JGM