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Ante intentos de suicidio conductores del metro tienden a reaccionar "como perros"

En 2018 se registraron 22 arrollamientos en las vías del subterráneo de Barcelona; Javier García ha vivido ocho en su carrera como conductor

  • REDACCIÓN
  • 16/05/2019
  • 22:30 hrs
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Ante intentos de suicidio conductores del metro tienden a reaccionar como perros
Javier lleva tatuajes que marcan los casos que le ha tocado presenciar. (Especial)

Javier siempre quiso ser conductor del metro, como su padre. “Para un niño una máquina de tren es como un juguete grande”, afirma, por lo que luego de tener algunos desvíos por la vida, como el uso de drogas, logró materializar su sueño.

Sin embargo, pareciera que el destino tenía otros planes para él, ya que el suyo es un caso anómalo, al haber sido parte de ocho intentos de suicidio en el metro de Barcelona; cuando la estadística marca que uno de cada mil trabajadores es afectado por los arrollamientos, informa BBC Mundo.

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Cuando tienes un arrollamiento te vas unos días de baja. Al volver, las dos primeras semanas son fatales (…) Vas temblando, vas despacio, cada vez que llegas a una estación piensas que alguien va a saltar (…) Cuando pasan esas semanas tu cuerpo lo supera y vas haciendo un trabajo normal”.


Tan sólo en 2018 se registraron 22 arrollamientos en las vías del subterráneo de Barcelona.

A los tres meses de haber iniciado a trabajar, en 1991, Javier García presenció su primer intento de suicidio, así los llama porque a los conductores no se les informa sobre las consecuencias del hecho. “Una chica venía corriendo por el andén y al llegar a la altura de la cabina se tiró de cabeza contra el cristal, cayó a la vía… y la arrollamos”, explica.

Datos de Transports Metropolitans de Barcelona señalan a García como el conductor de un incidente registrado en el año de 1997, así como de dos en 2002 y otro par en 2013. Se suma un arrollamiento de 2005, en el cual no está registrado el nombre de Javier.

Cabe destacar que en el segundo caso de 2013, Javier García volvía del descanso otorgado a los conductores luego de experimentar un intento de suicidio por parte de los usuarios.

“Al llegar a la estación de Barceloneta me encuentro con un señor de unos 80 años que salta, se arrodilla y pone la cabeza en la vía (…) Al ir con miedo iba muy despacio, pero a una velocidad con la que no había manera de parar el tren”, argumenta García.

Me quedé con la mirada de ese hombre mirándome a los ojos”, agregó.


Soy un caso excepcional. Mi padre no tuvo ningún arrollamiento.

LOS TATUAJES HABLAN POR ÉL

Ante los ocho intentos de suicidio que le ha tocado presenciar, Javier García se ha tatuado imágenes relacionadas a lo que ha vivido.

“El tren número 13, un cementerio y una lápida con una bola ocho de billar, que refleja las ocho personas que lamentablemente han caído en mis manos cuando estaba trabajando”. El número del convoy corresponde al folio del tren de cinco de los 8 incidentes.

“En la mano tengo la frase en latín "Alea Iacta Est", que quiere decir "la suerte está echada". Porque pienso que toda persona nace con un destino”.

AYUDA PSICOLÓGICA

Para la psicóloga Ingeborg Porcar, directora técnica del equipo que brinda atención a los conductores del metro de Barcelona que viven experiencias como la de Javier García, la forma en que responden los trabajadores ante este tipo de situaciones es similar a la de otros mamíferos.

“Se parece a la reacción de otros mamíferos: un perro o un gato reaccionan de forma bastante similar", apunta.

Luego de un periodo de tres días de estar hiperactivos, según la psicóloga, se pasa a la fase de interpretación; posteriormente a la lectura que hace cada persona “dependiendo de sus experiencias previas, su personalidad o sus circunstancias vitales".

djh