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A 18 años del 11S, el cáncer ensombrece a Nueva York

Se calcula en miles la cifra de personas que fueron afectadas por la nube tóxica que se expandió durante semanas en la isla tras los atentados

  • REDACCIÓN
  • 10/09/2019
  • 17:16 hrs
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A 18 años del 11S, el cáncer ensombrece a Nueva York
El 11-S continúa afectando a quienes sobrevivieron a los atentados. (Especial)

Más allá de las cerca de 3 mil personas fallecidas y más de 6 mil heridas en el ataque al World Trade Center hace 18 años, Nueva York no termina de contar aún a las personas enfermas de cáncer y otros males graves, sobre todo de pulmón, ligadas a la nube tóxica que se expandió durante semanas sobre el sur de la isla.

Jaquelin Febrillet tenía 26 años y trabajaba a dos cuadras de las Torres Gemelas cuando los aviones secuestrados por los yihadistas las derribaron el 11 de septiembre de 2001.

En 2016, 15 años después de los atentados más sangrientos de la historia, esta sindicalista profesional, actualmente madre de tres hijos, fue diagnosticada con cáncer metastásico. La única explicación lógica: la nube de cenizas y desechos tóxicos en la cual se encontró inmersa el día de la catástrofe.

Richard Fahrer, hoy de 37 años, trabajó frecuentemente en el sur de Manhattan como agrimensor de 2001 a 2003.

Hace 18 meses, luego de padecer dolores en el estómago, los médicos detectaron a este joven padre un cáncer agresivo de colon, una enfermedad que afecta en general a hombres mucho mayores, y para la cual no tenía ninguna predisposición.

Las decenas de miles de bomberos, rescatistas, médicos o voluntarios movilizados hacia la "Zona Cero", donde se erigían las Torres, fueron los primeros que presentaron afectaciones.

En 2011 un estudio publicado en la revista científica The Lancet establecía que estas personas se enfrentaban a riesgos aumentados de padecer cáncer.

Un censo del WTC Health Program, un programa federal de salud reservado a los sobrevivientes de los atentados, dio cuenta de cáncer en 10 mil de ellos.

Jaquelin Febrillet o Richard Fahrer forman parte de las personas "comunes" que trabajaban o residían en el sur de Manhattan cuando ocurrió el atentado, una categoría de enfermos que no cesa de aumentar.

A finales de junio pasado, más de 21 mil de ellos se había registrado en el programa de salud, dos veces más que en junio de 2016.

Y de esos 21 mil, cerca de 4 mil fueron diagnosticados con un cáncer, sobre todo de próstata, seno o piel.

"Es imposible para un individuo determinar la causa exacta (de un cáncer), ya que ningún examen de sangre viene con la etiqueta WTC", pero varios estudios mostraron que "la tasa de cáncer aumentó entre 10% y 30% en las personas expuestas", explicó David Prezant, jefe médico de los bomberos neoyorquinos.

Y se prevé que la tasa crezca en el futuro, a raíz del envejecimiento de las personas expuestas -los riesgos de cáncer aumentan con la edad- y la naturaleza de ciertos cánceres, como el de pulmón o el mesotelioma, que demora de 20 a 30 años en desarrollarse, agregó.

El presidente Donald Trump ratificó a fines de julio una ley que postergó de 2020 a 2090 la fecha límite para presentar demandas ante un fondo federal especial de indemnización.

El fondo debe ser regularmente refinanciado, tras haber terminado su presupuesto inicial de 7 mil 300 millones de dólares, con una indemnización promedio de 240 mil dólares por enfermo y de 682 mil dólares por persona fallecida.

Tras postergar varias veces la fecha límite del Fondo, el Congreso reconoció que se debería poder cubrir a "una persona que era bebé (durante los atentados), hasta el fin de su vida", explica el abogado Matthew Baione, que representa a Febrillet y a Fahrer en sus trámites de indemnización.

A la espera de conocer todas las consecuencias de la tragedia para su salud, Febrillet y Fahrer deploran que la ciudad de Nueva York no hiciera más tras los atentados para proteger a los residentes y trabajadores del barrio.

"Podrían haber habido más esfuerzos para limitar la exposición de los adultos sanos e impedirles entrar en la zona de la catástrofe", dijo Fahrer.

La prioridad era que "la ciudad regresase a la normalidad, que la Bolsa de Nueva York reabriera al cabo de varios días", pero "nunca nos dijeron que algo podía pasarle a la gente", subraya Febrillet.

Ahora "ya no preguntamos '¿Cómo va fulano?; preguntamos '¿Cómo fue la operación? ¿Cómo avanza el tratamiento?'", explica esta mujer que tiene varios colegas que están enfermos o murieron. "Somos tan jóvenes, no debería ser así".

JGM