CORONACIÓN

De reinos, piratas y otros saqueos

El rey Carlos III enfrentará cambios de pensamiento en diversos gobierno del mundo así como una presunta guerra mundial

Rey Carlos III.Créditos: EFE
Escrito en MUNDO el

Y finalmente le llegó la hora a Charles III. Hoy será coronado con toda pompa que la realiza británica tiene acostumbrado a los historiadores y a los súbditos, llamados a ser cada vez menos si se tiene en cuenta el gran desafío que hereda el monarca: tratar de salvar al Commonwealth de la amenaza de desintegración que crece desde hace años. Justo ahora que Gran Bretaña, tras pegarse un tiro en el pie al instaurar el Brexit, lo que lo lleva a enfrentar una de las coyunturas sociales y económicas más difíciles des de los tiempos de Margaret Tatcher (1979-1990).

A priori, los problemas por los que atraviesa Gran Bretaña están reflejados en los resultados de las elecciones locales celebradas el pasado jueves. Los Laboristas consiguieron una considerable ventaja en las urnas, que pone en aprietos al primer Ministro, Rashi Sunak, en su intención de prolongar su estadía en el 10 Downing Street, al menos hasta el 2025.

TAMBIÉN LEÉR: El periodista que traicionó a Lady Diana con la entrevista de la venganza

Pero conociendo el carácter del nuevo monarca, siempre propenso a las relaciones diplomáticas en los territorios de ultramar, se vislumbra un esfuerzo mayúsculo de su parte para evitar que durante su reinado, todo se convierta en una suerte de Reino (Des)-Unido. Alcanza con analizar los movimientos políticos en Irlanda del Norte y en Escocia, donde el debate por la independencia está siempre presente y con números aceptables tanto en los respectivos parlamentos como en el debate interno de los partidos políticos. 

La implementación de una Aduana, tras la entrada en vigor del Brexit, intensificó el debate en el Ulster, mientras que los nacionalistas escoceses buscan desde el 2014 realizar un nuevo referéndum independentistas, incluso, sin la autorización inglesa.

Allende los mares, Jamaica arrancó ya un proceso para romper amarras con Londres. Así lo explicó en estos días la ministro de Asuntos Legales y Constitucionales de ese país, Marlene Malahoo Forte, cuando dijo que mientras “el Reino Unido está celebrando la coronación del rey, Jamaica está buscando escribir una nueva constitución que corte lo lazos con el monarca como nuestro jefe de Estado. 

(Foto: EFE)

Más cerca nuestro aún, en Belice un debate similar va tomando forma. Así se lo adelantó el primer ministro, Johnny Briceño, al periódico inglés “The Guardian”, cuando cuestionó la negativa de Sunak a pedir perdón “por el comercio de esclavos” y no descartó que su país siga el camino que adoptó Barbados en el 2021 e independizarse de la Corona.

Por lo pronto, el rey ya tiene en que ocuparse y preocuparse, mientras los conservadores en el poder parecen seguir cociéndose a fuego lento entre desatinos políticos y peleas intestinas, como al que protagonizan los ultras de Boris Johnson con las huestes del actual primer ministro

Cambios que se avizoran, inmersos en un universo de transformaciones globales que no se ven alteradas por un dron de dudoso origen atacando el Kremlin. La guerra sigue su cauce, en Ucrania, como en Medio Oriente, en Sudán o, en otros puntos de África, mientras todos los ejercicios militares, tanto en Estados Unidos como en China, contemplan la hipótesis de un conflicto bélico que tenga a Taiwan como eje. Podrían ser meras predicciones de Nostradamus o de cualquier proyecto de vidente de esos que anidan en las redes  sociales, sino fuera porque los movimientos militares, tanto estadounidenses como chinos, la renovación de flotas y armamento de ambas  potencias y la preocupación, al respecto, que manifiestan a la prensa local los miembros del Comité Selecto de Representante sobre el Partido Comunista Chino que encabeza, el presidente de la Cámara, Kevin McCarthy. Entonces sí, cualquier vaticinio sobre una hipotética tercera guerra mundial y su consecuente nuclearización se ven reforzadas.

Más abajo en el planisferio, hay muchos que intentan liberarse de otros reinos pero los embarga la frustración. En Paraguay, por ejemplo, donde todas las encuestas marcaban una derrota del conservador Partido Colorado, nada ocurrió. O mejor dicho, aconteció  lo de casi siempre. El pasado domingo, el oficialismo, gracias a su aceitada maquinaria política, retuvo el poder y entonces, una vez más,  la memoria se activa con aquella máxima del exvicepresidente paraguayo José María Argaña (asesinado en 1999): “Acá, en el Paraguay, aunque pongamos de candidato al Pato Donald, gana el Partido Colorado…” 

(Foto: EFE)

Hay otras maquinarias que siguieron funcionando a pesar de la falta de aceite y de sus reiteradas fallas, fruto de una irresponsable falta de mantenimiento. Está en Argentina y pertenece a una suerte de “reina” sin corona, que por estos días ve como el poder de los últimos 20 años se derrite al compás de una inflación galopante y el descontento de ese sector social al que contemplaba como su clientela política cautiva. Hablamos del kirchnerismo y de Cristina Fernández de Kirchner, vicepresidente y “monarca absoluta” del gobierno que tiene al frente a Alberto Fernández, el mismo que esta semana por pasó por Brasil para, mendigar, literalmente, la ayuda económica que le permita recuperar un poco sus menguadas reservas monetarias y, evitar así, un nuevo descalabro económico.

Mientras el presidente (que no fue), fracasaba en su intento de que su par brasileño, ordene ayuda financiera, su ministro de Economía, Sergio Massa, hacía lo propio en Estados Unidos y en el FMI, para inmediatamente cerrar un acuerdo para importar de China pagando con yuanes. Algo así como la diplomacia en tiempos de desintegración. Por suerte para la imagen de su país, Fernández no repitió aquello de “los mexicanos vienen de los indios, los brasileños de la selva…” Así y todo se volvió a Buenos Aires tal como había llegado a Brasilia: con los bolsillos llenos de dudas.

No sólo las encuestas, sino el humor social en la calle, vaticinan una derrota estrepitosa del kirchnerismo en las primarias de agosto (y por ende en las presidenciales de octubre) y un cimbronazo financiero, fruto del agotamiento de las reservas en el Banco Central, una inflación que alcanzaría el 120 % y una caída del PBI, que rondaría el 8 por ciento, de acuerdo a los estudios más confiables. Dos décadas de políticas erráticas, corrupción exacerbada y mala praxis (todo compartido con los cuatro años de Mauricio Macri en el gobierno), han extenuado a un país que, si bien está más que acostumbrado a crisis rotundas, va enfilando a un desconocido despeñadero con más del 40 por ciento de su población activa sumida en la pobreza y sin un horizonte a la vista. En tanto, la figura de Javier Milei, —la versión local de ese neofascimo que en España encarna Vox o en Italia, Georgia Meloni—, viene marchando a paso redoblado en los sondeos. 

Con el relato basado en un progresismo, que no pasó del territorio del libreto, hecho añicos; con su líder aturdida por la descomposición política, su condena por corrupción y sin ideas para salir de semejante marasmo, no son pocos los argentinos miran hacia atrás y se encuentran con la crisis del 2001 que terminó en un estallido social y con un gobierno eyectado por los aires. Muchos más  son los jóvenes que preguntan por aquella marca de al historia negra de país y pretenden mirar para adelante para encontrar alternativas por fuera de la política tradicional hasta estacionarse en un pasado mucho más agudo,  negativo y violento, buscando rescatar la impronta de una sangrienta dictadura (1976-1983). Casi como una intención (in)consciente de apagar el incendio con gasolina. Todo mientras la “Reina Cristina”, como suelen apodarla a la expresidenta, no logra escapar del jaque.

(Foto: EFE)

Incluso entre los argentinos surgió una nueva fórmula para  el saludo, más común. Un saludo que invoca a un personaje de comics, Inodoro Pereyra, del célebre Roberto Fontanarrosa. No habrá que sorprenderse si uno se topa con un argentino, y le pregunta_ ¿Cómo estás? E inmediatamente, la respuesta llega con la remanida frase de aquel personaje: “Mal, pero acostumbrado…"

A pesar de todo, de las crisis, de los cambios tecnológicos, climáticos o bélicos, se puede decir que en todo está perdido en este mundo. Hay algunas cosas que seguirán siendo iguales pase lo que pase. Por ejemplo la Argentina y su crisis, seguirán en su justo lugar y con una versión para cada momento. O  bien, aquella máxima que un catalán puso al servicio de la canción que nos recuerda y nos recordará siempre aquello de que “no hay historia de piratas que tenga un final felíz…”

CAO