METRÓPOLI

Chilangos, entre el desconcierto y la esperanza por el semáforo verde epidemiológico

Este fin de semana el semáforo se mantiene en amarillo y es hasta el próximo lunes 18 de octubre que entrará en vigor

  • MARCO ANTONIO MARTÍNEZ
  • 15/10/2021
  • 20:16 hrs
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Chilangos, entre el desconcierto y la esperanza por el semáforo verde epidemiológico
Centro Histórico CDMX (Fotos: Marco Antonio Martínez)

Las personas más solitarias e ignoradas en la calle de Madero, en el Centro Histórico, son los hombres y mujeres jóvenes del gobierno capitalino que están en las esquinas con un cartel que invita a los paseantes a mantener la distancia de 1.5 metros y botella en mano, ofrecen gel y también cubrebocas, que la mayoría rechaza o ni siquiera los voltean a ver. 

En el día del anuncio del nuevo semáforo verde epidemiológico, que ampliará la cantidad de aforos en lugares como cantinas y antros al 50 por ciento, y que entrará en vigor el próximo 18 de octubre, en el Centro Histórico ya se ve a mucha gente que camina por las calles, algunas sin cubrebocas, que ya acude a la variada oferta gastronómica que hay en la zona, y a las tiendas de ropa a surtirse para Navidad, no vaya a ser que las fallas internacionales en las cadenas de suministro los alcancen.

Inicia la venta de artículos navideños en el Centro Histórico

Luis pide a la gente mantener sana distancia

Luis Ramírez, uno de esos jóvenes de chaleco verde que piden a la gente mantener la sana distancia, observa que, pesar de que la calle peatonal más famosa de México está dividida en dos sentidos, las personas que van en solitario, en pareja, con sus hijos, con el novio, con la mamá, con la abuelita o con los amigos ni siquiera se fijan en la división e invaden ambos carriles.

El joven recuerda que todavía en septiembre la gente se acercaba a pedirle gel y cubrebocas y guardaba más la distancia. Pero eso ya es parte del pasado.

“Mi trabajo es ayudar a la gente que se ponga cubrebocas y gel para combatir el coronavirus, hasta que esto se normalice. Le informo a la gente que camine a la derecha y que mantenga la distancia para combatir el covid19 y el cubrebocas se los ofrezco a quienes no traigan y el gel también es para ayudar.

“Ya hay más gente desde que está el semáforo naranja ya es como verde y conforme avanzan los días hay más gente. Al inicio cooperaba más y pedían gel, pero ya no es como antes”, explica a La Silla Rota.

Dice que las instrucciones para ellos son que permanezcan solo hasta finales de este mes. 

Alta afluencia en calles del Centro Histórico

EL NARANJA YA PARECÍA VERDE

Por la cantidad de gente en el transporte y en las calles, lo que menciona Luis parece ajustarse a la realidad: desde el naranja ya se actuaba como en verde. 

Este viernes 15, pese a seguir en semáforo naranja, en el Metro, aunque los usuarios viajan con cubrebocas, ya no hay el silencio sepulcral de los meses más difíciles de la pandemia. 

La mayoría de los metronautas va concentrada en la pantalla que tienen en la mano, jugando, viendo videos o actualizándose en chismes en el Facebook o el WhatsApp, y otros ya conversan con sus acompañantes o por teléfono. Los vagoneros ya promueven a gritos sus productos y el colmo son aquellos que llevan cubrebocas, pero el que ellos portan lo llevan de hamaca de papada.

Al salir del Metro, frente a la Catedral, los turistas se apilan debajo de la sombra de los árboles para no achicharrarse con el insólito calor de octubre, que el cambio climático sorraja a la capital, como un sonoro “tengan para que aprendan”, sobre las consecuencias del calentamiento global.

El tráfico en Paseo de la Constitución ya se vuelve tortuoso. Más adelante, en las tiendas abiertas de la calle de Brasil, las ofertas pululan y algunas ofrecen los trajes de lino en 999 pesos o tres pantalones de otro material, por 300. La gente que ahí pasa mira de reojo, algunos van con un helado para resistir el calor. 

MINITIANGUIS EN SANTO DOMINGO

Más adelante, en la Plaza Santo Domingo hay una carpa que cubre un minitianguis de ropa y comida frente a la Secretaría de Educación Pública. De los que entran ahí, nadie parece dudar en ingresar.

Al dar la vuelta, sobre Belisario Domínguez, un estacionamiento que estuvo cerrado meses y apenas lleva unas semanas reabierto, aún tiene lugares, dice un empleado. Pero los que no cerraron se llenan más rápido, aclara. 

Enfrente del estacionamiento está la casona donde estaba lo que era el restaurante más antiguo de la ciudad, la Hostería de Santo Domingo, famosa por sus chiles en nogada. Aunque ahora está en San Ángel, los amantes del Centro Histórico saben que era uno de esos sitios indispensables de visitar.

En República de Chile la recuperación tardará más. En la famosa Calle de las Novias, cuyos comerciantes han lanzado gritos desesperados por los impactos negativos de la pandemia, ahora ven cómo obras de reparación de la vialidad, hacen que llegue poca gente. Algunos empleados mejor salen a asomarse a ver pasar a la gente y hasta a bailar. 

TACUBA Y SUS TARJETEROS

Donde se observa gente como antes de la pandemia es en Tacuba, cerca del Metro Allende. Ahí están, como parte de la escenografía de la calle, los tarjeteros que ofrecen el mejor precio para conseguir cualquier tipo de lentes. Para quien no sabe, aceptar sus tarjetas implica ya no quitárselos de encima durante un buen rato.

En 5 de mayo, varios restaurantes sacaron las mesas e incluso ampliaron su espacio, como es el caso de la taquería Tlaquepaque, casi en la esquina de Bolívar. Antes de la pandemia con dificultad cabían 6 personas en el local, famoso por sus tacos de tripa, suadero y cabeza, ricos y económicos. Ahora, con tres mesas, caben más personas porque también hay gente que come de pie. 

En Madero, además de las personas que no respetan los carriles, ni se ponen gel, en la esquina con Eje Central mientras dura el semáforo verde, se ven decenas de personas que atraviesan la vialidad apresuradamente.

Rumbo al Zócalo, más adelante, en la esquina de Palma se ve a personas que caminan aun cuando está el semáforo rojo, y es inevitable pensar si respetaron o no el semáforo epidemiológico cuando estaba en naranja o rojo.

Cerca de Plaza de la Constitución, la fila para los tacos de canasta Los Especiales es igual de larga a como lo era antes de la pandemia. 

Cruce en Eje Central

UN DÍA PESADO

En la calle de 16 de septiembre una organillera que pone su sombrero para que la gente coopere mientras su compañero toca el pesado instrumento, se queja de que ha sido un día pesado porque casi no han querido cooperar. Esperanzada, lo atribuye a que apenas es día de quincena y será hasta el 16 que la gente tenga dinero en su bolsillo.

De vuelta en el Zócalo, las bancas puestas frente al Antiguo Palacio del Ayuntamiento y el edificio de al lado están llenas de personas adultas mayores, de jóvenes, hasta de un señor que lleva a un gallo. Disfrutan la tarde platicando, algunos con cubrebocas, otros sin él. Ya no hay esos lugares vacíos y ese silencio imponente que hubo a inicios de año, cuando la segunda ola dejó dolor en muchos hogares mexicanos y era necesario tomar restricciones sanitarias más fuertes. 

Transeúntes en la plancha del Zócalo

ESPERANZA

Diego y Aylin acudieron a la feria del libro y toman un descanso frente al antiguo palacio.

Ella dice que aún no se siente segura por las nuevas cepas, pero reconoce que hay una esperanza de ver a las familias como no ocurrió el año pasado.

“Es algo complicado, no creo que volvamos a pasar a la normalidad como estábamos acostumbrados antes de la pandemia. Podría ser contraproducente y que todos digan ya podemos salir y hacer lo que queramos y tal vez traiga consecuencias, dejemos de cuidarnos y me incluyo. Eso puede hacer que salga un nuevo brote y eso es preocupante y haya nuevas cepas. Quizá la vacuna aplique para cierto virus, pero para otros no va a funcionar”, expresa, con incertidumbre, Aylin. 

Ella se define como una persona que le gusta convivir con los demás y además hace falta hacerlo, dice sin dudar. Pero cuando la pandemia estaba en su apogeo ni siquiera daba gusto estar en la calle.

“Se sentía extraño, ni siquiera te daban ganas de salir, pero ahorita es otra vez ver ‘qué bonito, hacía falta el calor humano”.

Su compañero Diego por su parte considera que regresar al semáforo verde, como en junio, es un punto que a muchas personas les gustará, pero a otras no, por temor al descuido que algunos tienen de no ponerse el cubrebocas y que además no les importa. Pero él no se desanima.

“Mientras siga habiendo un buen cuidado de todos, es un cambio positivo para la sociedad”, opina.

Aylin tiene la esperanza que, con el semáforo verde, y los avances en vacunación será más fácil para las familias reunirse. “Será muy diferente al año pasado”. 

Ambos prevén que con el semáforo verde se permitirá que las familias se reúnan en Navidad

“Es algo que va a pesar mucho, reunirse con la familia y notar la ausencia de quienes ya no están y de quienes no pudiste despedir”, concluye Aylin.


(SAB)