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Los 'Marco Polos' de Tepito que viajan cada año a China

Se trata de cientos de tepiteños que van en busca de mercancía de moda que puedan comercializar en el barrio bravo a bajos precios

  • AGUSTÍN VELASCO
  • 30/03/2016
  • 00:00 hrs
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Los Marco Polos de Tepito que viajan cada año a China

CIUDAD DE MÉXICO (La Silla Rota).- Cada año, cientos de tepiteños viajan a China en busca de mercancía de moda que puedan comercializar en el barrio bravo a bajos precios. Sin hablar mandarín ni inglés, pero con el conocimiento empírico de la oferta y la demanda en el mercado popular, viajan al gigante asiático con hasta 10 mil dólares en la bolsa, bajo el riesgo de ser estafados.

 

Comparados con el mercader, viajero y navegante veneciano Marco Polo, estos jóvenes atraviesan la mitad del mundo dos o tres veces al año para encontrar una forma de vivir “sin hacerle daño a nadie”.

 

Los Marco Polos de Tepito, como se les conoce en el mundo académico y periodístico, viajan al gigante asiático en busca de productos tres veces más baratos.

 

Marco Polo moderno

 

Por motivos de seguridad –justificable cuando acostumbras atravesar medio planeta con 10 mil dólares en efectivo en una pequeña maleta– Roberto ha pedido que se le cambie el nombre. En una bodega repleta de bisutería en el corazón de Tepito, este comerciante accede a hablar de las vicisitudes de viajar a China en busca de “merca”.

 

Aunque no es el primero que lo hace –y está seguro que no será el último–, Beto considera que viajar al gigante asiático ha sido uno de los mayores logros que ha tenido en su vida de comerciante, actividad a la que se dedica desde hace más de 10 años.

 

“Desde que yo empecé a trabajar dije: tengo que ir a China, porque veía que muchas personas iban, no tantos como ahora, y traían productos padrísimos. Cuando yo se lo platiqué a mi esposa fue como un primer escalón que había logrado en mis metas de vida”, cuenta.

 

Un par de años después de salir de la preparatoria, Beto juntó 50 mil pesos para iniciar su negocio de pulseras, aretes, collares y accesorios para el cabello. Estaba convencido de que si algo debía vender eran productos para mujer, pues “ellas son quienes más compran”.

 

Pero al poco tiempo y como los demás comerciantes, Roberto se dio cuenta de que “alguien” les estaba “comiendo el mandado”, eran asiáticos de Corea del Sur y de China que traían la mercancía directamente de China e instalaban tiendas en Tepito donde vendían los mismos productos pero más baratos y con mejores diseños. El monopolio de la fayuca estaba cambiando de manos.

 

Las dos opciones para Roberto eran: viajar a Estados Unidos –a California o Nueva York– o ir a China en busca de mercancía a granel. Eligió la primera opción.

 

“Puedes ir a comprar mercancía a Los Ángeles o Nueva York. A Los Ángeles te gastas 400 dólares de viáticos más tu vuelo, en total son unos mil dólares. A Nueva York es el doble. Además te llevas cinco, ocho o hasta 10 mil dólares, es lo más que te permiten llevar”, explica.

 

Otra vez en poco tiempo, este experto en la economía de barrio se dio cuenta que no era suficiente con tener mercancía barata, había que darle al cliente productos más personalizados, por eso comenzó a preguntar a sus marchantes qué les gustaba y en qué color.

 

 

Su análisis de mercado apuntó la brújula a China que cuenta con provincias enteras a cuatro horas de Shangai en las que el comprador incluso puede diseñar el producto. El miedo de no saber mandarín o inglés fue un obstáculo menor cuando de sobrevivir se trata, cuando hay que darle de comer a la familia, dice Beto.   

 

“En Estados Unidos no puedes diseñar la mercancía que compras, en China sí. Para ir solo me tardé como cuatro o cinco años, porque me daba miedo. Además, las primeras ocasiones tienes que ir acompañado porque compartes gastos, a veces íbamos hasta ocho personas juntas de aquí del barrio, aunque seamos competencia sabemos que economizar es una prioridad”, asegura el joven de incipiente barba y ojos pequeños.

 

Los Marco Polos de Tepito son un secreto a voces, dice Beto, él por ejemplo no sabía que así se les conoce afuera del barrio, en los círculos académicos y periodísticos.  

 

“Desde aquí contactas a alguien que va a ir por ti al aeropuerto y que te va a llevar a las provincias a donde harás los pedidos, él se encargará del control de calidad y se encargará de los pagos a los chinos. Arriesgas tu capital porque debes confiar en una persona que no conoces. El boleto de avión cuesta mil dólares, viajando por Estados Unidos. Si viajas por México –desde Tijuana– el boleto te cuesta 40 o 50 mil pesos en temporada alta”, destaca el comerciante.

 

Foto: Internet

 

Y no sólo es bisutería. En los mercados chinos también se encuentran bolígrafos a menos de un peso mexicano por pieza; flores de plástico, esferas navideñas, peluches, tuppers, juguetes, pelotas. Beto dice que es más sencillo hablar de lo que no se vende en aquel país socialista que "suda capitalismo por todos sus poros".

 

"Mientras tú les compres eres su amigo, te invitan a comer, te saludan y te tratan bien. Si no les compras o les debes dinero el trato cambia, ellos son totalmente capitalistas", subraya. 

 

El cronista tepiteño Alfonso Hernández escribió en su ensayo “Los Marco-Polo de Tepito” que estos personajes han desafiado al mundo globalizado de las marcas y han contrariado al mundo de la moda poniendo los productos de “último grito” al alcance de los más empobrecidos.

 

“Les ha dado por imponer modas y modos de vestir, de hablar y de actuar frente a tantos chilangos de plastilina que se forran de etiquetas con marcas, dizque de prestigio, para querer ser o parecer lo que no son. Pues cada marca, pareciera ser el equivalente a un boleto de acceso al mundo way”, asegura el experto en su trabajo para la Facultad de Economía de la UNAM.

 

Ricardo, otro comerciante que viaja a China en busca de cinturones, mascadas y otros artículos de moda y que accede a la entrevista con la condición de no mencionar la provincia en la que compra, no se complica tanto con términos académicos o rebuscadas frases. Para él y otros 300 tepiteños –los que se calcula que actualmente viajan cada año al gigante asiático– se trata de buscar el sustento de la familia “sin hacerle daño a nadie”.

 

En esta historia de subeconomía mundial, dice Ricardo, hay otros personajes que toman relevancia, el broker es uno de ellos. Se trata de auténticos mercenarios de la fayuca que cobran 10% de lo que el comprador gastará en mercancía. Funcionan por recomendación, con tarjetas de presentación que circulan de mano en mano y no trabajan para ninguna firma internacional. 

 

Y es que el viaje a China sólo es el primer paso de la transacción. El comerciante llega, elige la mercancía que quiere, la diseña y le deja el dinero al broker para que este termine con la negociación en un plazo de 35 días mientras el tepiteño vuelve a su hogar. Si en el camino el mediador se fuga con el dinero no habrá forma de encontrarlo ni recuperar lo invertido. 

 

“Al broker le dejas tu dinero, con todos los riesgos que conlleva, él va a ir pagando tu mercancía, una parte al momento del pedido y liquida en cuanto te envíen la mercancía, también va a vigilar que sea la mercancía que tu pediste y que sea entregada al transportista que te la va a traer a México. Es una persona en la que debes confiar, es el riesgo que conlleva”, advierte. 

 

Es decir que los riesgos para el Marco Polo actual se asimilan a los de cualquier persona que acuda al barrio a comprar, sólo que jugando casi 200 mil pesos en cada viaje, al tipo de cambio de 17 pesos por dólar. 

 

“Llegas a Shangai y viajas cuatro horas en carretera o dos en tren, aunque los horarios del tren casi nunca se ajustan a tus vuelos. El broker te contrata una persona que va por ti al aeropuerto, que saliendo de migración está con un papelito con tu nombre. Él te deja en el hotel de la provincia a la que vamos. En esa provincia está tan especializado el mercado que el mismo hotel tiene el servicio de un camioncito que te lleva desde las 08.30 de la mañana para que hagas tus compras y a las 16.00 horas te regresan al hotel”, detalla.

–¿Es cierto que los comerciantes de Tepito no pagan impuestos?, se le pregunta a Beto quien difiere del término fayuca –como se le conoce a lo que no paga impuestos o es robado– para referirse a la mercancía con la que trabaja.

 

“Ja ja ja que me digan dónde no se pagan impuestos para meterla por ahí. Al entrar la mercancía a México siempre tienes que pagar impuestos”, dice Beto y cuenta la anécdota de cuando un cargamento con tres millones de pesos en mercancía fue detenida en la aduana porque un agente se percató de que en el pedido había figuras de Hello Kitty.

 

“El broker recibió esa mercancía, él se encargó se sacar ese contenedor con más de tres millones de pesos en productos. Cuando la carga llegó al puerto de Manzanillo nos llamaron para decirnos que la caja traía mercancía con marca, fue un error de la fábrica china”, cuenta y asegura que tuvieron que pagar 20 mil pesos para que la mercancía pudiera pasar.

 

Los comerciantes tepiteños se enfrentan ahora a otro reto: una oleada de comerciantes chinos han establecido auténticas colonias y pequeños centros comerciales dentro del barrio bravo; no viajan al gigante para traer las mercancías porque sus propios familiares las mandan sin la necesidad de gastar en viáticos ni boletos de avión.

 

“Eso y el alza en el precio del dólar nos está poniendo en la madre”, sentencia Ricardo. En esta idea coincide Beto, quien estima que a mediados de año volverá a China por más mercancía.

 

lrc