Lo que debe preocupar

La primera ocasión pudo ser dramático, motivo de discusión y descalificación en la arena pública. Pero cuando se reitera, a pesar del compromiso de sus huestes de no volver a hacerlo fuera de la ley, se convierte en una tomadura de pelo que causa sorna. El futuro gobernante podrá creer que sus ejercicios gozan de legitimidad y corroboran respaldos, pero son actos ridículos que intentan engañar a sus fieles seguidores, pues quienes están del otro lado no confiarán jamás en ellos.

Una caricatura de democracia

La lógica plebiscitaria en que se ha metido el próximo Presidente de la República lo lleva a vivir una caricatura de democracia. No hay entonces que tomarlo realmente en serio ni hacer caso a la supuesta legitimidad de sus consultas ni al mandato que pretendidamente se expresa en ellas. Mientras se trate de actos o decisiones que son competencia exclusiva del Ejecutivo, simplemente será una forma falaz, una farsa para sustentar decisiones de gobierno. Eso es lo que ocurrirá en principio con la consulta convocada para los días 24 y 25 de noviembre próximos, que atenderá a los proyectos del Tren Maya, del Istmo de Tehuantepec, de la refinería en Tabasco y diez programas sociales a cargo de la administración pública federal. Esos proyectos y programas son competencia de su gobierno y su respaldo fiscal será decidido por un legislativo en el que cuenta con mayoría.

Cuándo debemos preocuparnos

Más cuando a través de mecanismos plebiscitarios de escaso alcance -donde el contenido y mecánica se formule por quien lo promueva, organice, vigile y cuente, en los que la contraparte no tenga voz alguna ni tiempo para exponer un punto de vista contrario, en los que no se respete la ley y las instituciones se mandan al demonio- se pretenda tomar decisiones contrarias a derecho o que sean competencia de otros órganos o poderes, entonces si habrá que detenerlo, denunciarlo, rechazarlo.

En la medida en que estos remedos de democracia participativa se contrapongan o que con ellos se pretenda sustituir procedimientos establecidos para la toma de decisiones democráticas, el engaño y manipulación que representan pudiera tornarse en una mecánica capaz de enajenar a los ciudadanos y a las instituciones de sus competencias y suplir la democracia por actos burdos que la distorsionen y corrompan, para sustentar un orden autoritario. Así de simple y así de grave. Eso es lo que realmente debiera preocupar.

¿De qué se trata?

@ricartur59 | @OpinionLSR | @lasillarota



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