Opinión

Llegó la hora del “Diablo Guardián”

Diablo Guardián es una visión apocalíptica de nuestra realidad, de la verdad, del desgaste de nuestro lenguaje. | Jorge Iván Garduño

  • 19/01/2019
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“Todo cambia. Nada permanece”, esta sentencia pronunciada hace ya varias décadas, es aplicable hoy en día al percibir las deformaciones que sufre la sociedad con el correr de los años. Los discursos dialécticos de la época de Platón cedieron su lugar al poder aplastante del Imperio Romano de los césares; el Sistema Feudal dio paso al dominio del capitalismo con el invento de las máquinas y con ello la Revolución Industrial llegó; y luego de dos siglos más, lo que muchos denominan la Era Posmoderna.[1]

Esta conquista del poderoso sobre el más débil ha sido la constante en el transcurso de los siglos, y la meta del ser humano es en todo momento alcanzar la hegemonía individual, nacional o mundial. “La vida, por sí misma, es cambio y continuidad. Todo cambia y al mismo tiempo se sedimenta en la memoria histórica aquello que la gente convierte en cultura, en forma de vida, en costumbres y formas cultivadas de pensar”.[2]

Xavier Velasco (México, 1964), consigue lo anterior con su novela Diablo Guardián (Premio Alfaguara 2003), con ella nos sumerge en el submundo dialéctico y deformado de nuestra actualidad, a la que denomino: Sociedad Híbrida. Expliquémoslo mejor.

A lo largo de la historia de la humanidad, se ha tenido un pasado azaroso y con épocas muy distintas, como la recordada Época Antigua, que siglos más tarde se denominara Época Clásica, luego Época Moderna. Ya en el presente, los medios de comunicación masivos están jugando un papel decisivo en la transformación de nuestro entorno, con esto estamos dejando atrás la Época Contemporánea para adentrarnos a la Era de la Comunicación, que bien se convierte en la “Era de la Incomunicación”.

Xavier Velasco plasma en un viaje alucinante llamado Diablo Guardián, las carencias de amor, afecto, cariño, moral, sensibilidad, respeto, humanidad, y todas las bondades del espíritu que van quedando en nuestro recuerdo sobre el mundo. La encargada de sostener el espejo para reflejarnos será Rosa del Alba Valdivia, la protagonista de la novela, quien nos narra su afán por “vivir la vida”, ¡sí!, pero de vivir la vida a su manera: una forma denigrante a su persona y a todo cuanto le rodea.

Todo comienza cuando Rosa –alias Violetta–, se escapa a Nueva York con cien mil dólares robados a sus padres y, en su intento por cruzar la frontera, conoce a un joven norteamericano con quien sostendrá una intensa relación de víctima-verdugo, donde ella es el verdugo.

En aquella ciudad, Violetta se dará a la tarea de “quemar” durante cuatro años los miles de dólares, para pronto volverse a encontrar en la miseria de la cual escapó de su hogar, esta situación no la podrá soportar. Aprenderá a enganchar hombres en lobbies de hoteles lujosos para mantener ese ritmo de vida acelerado, todavía más por el polvo blanco que introduce por su nariz en generosas cantidades.

Violetta sólo creé en un único amor, el dinero, por él es capaz de todo. ¿Cuántas personas hoy día fracturan sus ideales por ese fetiche?, terminan siendo solamente la fantasía de la apariencia: de la seguridad del dinero, la seguridad de los artificios, esa detestable seguridad que corrompe a la sociedad y carcome el espíritu más noble.

Ella, Violetta, es el ícono de muchos individuos que reniegan de su verdad, de su origen, de su país, de la familia, del amor, prefiriendo “escapar” y cometer hurtos, hablando mentiras, engañando, prostituyéndose de muchas maneras, cayendo en un abismo degenerado y sin valores a fin de convertirse en personas de doble moral. Rosa del Alba creía en el amor, Violetta no, por eso era necesario ese estigma creado por ella: Violetta, la que “sabe” vivir su presente, la que “sabe” lo que quiere.

A pesar de que muchos aseguren que es imposible cambiar, el ser humano es un individuo que se caracteriza por encontrarse en un cambio constante, por lo tanto esta cuestión no resulta fácil de resolver, ya que nos encontramos frente a un problema filosófico con el que nuestro género ha estado lidiando por más de seis mil años: la inestabilidad del ser.

Pero todo tiene su precio, Violetta lo descubre cuando conoce a Nefastófeles, un cretino que la deslumbra por su supuesta riqueza; él será el encargado de clavarse en su espalda como daga hirviendo y recordarle lo “poco” que ella vale y cuánto lo necesita… “hasta que, ya de vuelta en México, se tropiece con Pig, y llegue entonces la hora del Diablo Guardián”.

Una visión apocalíptica de nuestra realidad

Un libro con una fluidez inteligente, argumento impetuoso y de temática muy actualizada, todo esto, para recrear una novela de lo mejor lograda en la literatura contemporánea, que a pesar de haber obtenido uno de los premios literarios de mayor interés editorial para su comercialización, se ubica dentro de los relatos destacados y trascendentales de los últimos años.

Xavier Velasco, escritor mexicano egresado de la facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, es un personaje bizarro y poco cómodo para muchos, pero de una ironía y desfachatez quimérica. Criticado en el ambiente literario por rozar la línea que divide la literatura de los Best Sellers, sin embargo, respetado por su audacia, inteligencia y no poca lucidez sobre problemáticas del siglo XXI.

Diablo Guardián, una visión apocalíptica de nuestra realidad, de la verdad, del desgaste de nuestro lenguaje, de la naturalidad con la que todos viven a pesar del caos, un mundo asaltado por jóvenes irresponsables… de ese continuo cambio que tiene su origen en el pensamiento de Heráclito, quien vivió cinco años antes de la era cristiana y a quien parafraseé al comienzo de este texto.

Cuantos más avances tecnológicos adquiere una sociedad, mayor es el conflicto en el interior de cada persona (angustias, depresión, soledad, carencia, necesidad, ambición, muerte), que está desembocando en seres humanos híbridos, indefinidos y cada vez más complejos e ignorantes. Inventamos los medios de comunicación, pero estamos supeditados a ellos; usamos los avances científicos y tecnológicos, pero nadie los conoce a plenitud.

Con su famosa frase: “No podemos bañarnos dos veces en el mismo río”, Heráclito quiso expresar que todo cambia, que todo fluye y que nada permanece estático; el mismo comportamiento que sucede en nuestra cotidianidad, en la realidad de la que nos habla Diablo Guardián: la vida, el ser humano, las cosas, que sufren un proceso de desintegración y el cambio, que es la esencia de la sociedad, que por desgracia, se la va llevando el diablo.

[1] También denominada Época de la Incomunicación o como la llamo: Era de la Saturación de Información: Era Híbrida.

[2] Dagoberto Valdés Hernández, Educación Cívica, Revista “Vitral”, No. 77, Enero-Febrero de 2007.

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