Opinión

Lecciones bolivianas

Bolivia parece acercarse a una pacificación, que dejaría fuera del juego a Evo. | Ricardo de la Peña

  • 02/12/2019
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Un gobierno que inicio como promesa de cambio, al ascender al poder un indígena en un país con un arraigado racismo, se transformó finalmente en confrontación, deterioro y desaparición de esa esperanza. Este ascenso, que Evo Morales soñó como manifestación del quinto y luminoso Pachakuti de la tradición andina, no llevó así a la gloria que este líder creyó que encarnaría.

Los acuerdos políticos

Bolivia parece acercarse a una pacificación, que dejaría fuera del juego a un Evo exiliado y excluido, pues la ley ahora prohibiría que ciudadanos que hubieran sido reelectos de forma continua a un cargo electivo durante los dos periodos constitucionales anteriores puedan postularse al mismo cargo, mientras que sus seguidores más leales estarían siendo purgados, perseguidos e incluso encarcelados. Pero deja en el juego a su partido y a segmentos importantes de la vieja clase política boliviana, dirigencias que se habrían acomodado a las nuevas condiciones imperantes tras la batalla.

La ley de convocatoria a elecciones probó, como mencionó el ex candidato a la presidencia Carlos Mesa, "la vocación de Bolivia por encontrar paz y reconciliación", pues "ha sido un trabajo de gobierno y oposición, juntos después de tantos años". Sí, así lo fue, pero ello no estuvo exento de un rudo ejercicio de presiones entre las partes, de demostraciones de fuerza y amenazas veladas y abiertas, que finalmente dieron paso a una legislación que posibilita la normalización de la situación política de ese país y el próximo arribo de un gobierno electo.

El escenario electoral

Este gobierno podría provenir de las filas del MAS, el partido que encabezó Morales. El riesgo que corre ahora la derecha es presentarse nuevamente fracturada, pues no hay que descartar que Mesa intente volver a lanzarse, dado el respaldo que logró en octubre pasado; podría hacerlo Camacho, el dirigente del Comité Cívico de Santa Cruz, en fórmula posiblemente con Pumari, del Comité Cívico de Potosí. Quién sabe si la misma Añez o su partido quieran aspirar y no se ve que el candidato evangelista necesariamente se excluya, luego del éxito logrado hace un mes. Si eso pasa y el masismo se presenta unido en torno a una candidatura aún no definida, podría mantenerse en el poder e incluso alcanzar la mayoría legislativa.

Y si bien este acuerdo político es prueba de que al final hubo espacio para la moderación y la negociación, vendría a constatar por otra parte que cuando se conforma un bloque de gobierno con alianzas basadas en el pragmatismo, las lealtades supuestamente fundadas en afinidades ideológicas, que parecieron sólidas cuando se detentaba el poder, resultan realmente endebles y fácilmente conmutables por nuevos acuerdos para la sobrevivencia política de quienes otrora concurrieron con inusual entusiasmo a una coalición que resultó perdedora en esta vuelta de tuerca.