La pandemia generó que unos 300 mil  puestos de trabajo de las  trabajadoras domésticas, se perdieran. Según el Inegi al terminar  2019 se contabilizaron  2.5 millones de personas que  se desempeñaban en el trabajo doméstico remunerado. Un año y tres meses después, en el primer trimestre del 2021, este número se redujo a 2.2 millones de trabajadoras, según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo ENOE.

La ENOE 2021, estima que 84 millones de personas de 15 y más años realizan trabajo doméstico no remunerado en a su hogar, en tanto que 2.2 millones de personas en el mismo rango de edad, están ocupadas en actividades de trabajo doméstico de forma remunerada, pero precisa que son mujeres  1.9 millones que ocupan 88 por ciento  de los puestos de trabajo en esta ocupación, mientras que los hombres cubren el restante 12 por ciento de las plazas laborales en esta ocupación.

Las estadísticas se dieron a conocer hoy con motivo del Día Internacional del Trabajo Doméstico declarado oficialmente en 1983 para celebrarse  cada 22 de julio y su conmemoración pretende hacer un reconocimiento a las aportaciones económicas y sociales del trabajo al interior de los hogares, tanto remunerado como no remunerado, que en México significa una aportación hasta del 25 por ciento del Producto Interno Bruto.

Las estadísticas difundidas pretenden dar  un panorama de los aspectos sociodemográficos y de las condiciones laborales de las personas ocupadas en el trabajo doméstico remunerado en México, sin embargo, el no remunerado que se pone en primer plano cada julio revela que el 74.8 por ciento  de las horas dedicadas al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado son aportadas por las mujeres  en casa y equivale  63.7 horas semanales, frente a 21.5 horas que se  asignan los hombres.

Para reconocer y resolver la sobre carga a las mujeres en casa, en la Cámara de Diputados se analizaron tres iniciativas  para crear el Sistema Nacional de Cuidados, y se aprobó una general, que ahora está  en la cancha del Senado de la República como una de 67 iniciativas a favor de la vida y libertad de las mujeres que está pendiente.

El trabajo doméstico trabajo de mujeres

 El trabajo doméstico consiste en actividades que se realizan dentro de los hogares y son necesarias para el bienestar de los integrantes. Este tipo de trabajo puede ser no remunerado y/o remunerado; el primero de ellos se refiere al realizado para el mismo hogar del que forman parte los individuos sin que exista un pago, en tanto que el remunerado se realiza en el marco de una relación laboral, mediante un pago determinado, ya sea para el mismo hogar de residencia o para otro, explica Inegi en comunicado oficial.

Hoy dos  preguntas acuciantes es ¿cuándo se acordará el Sistema Nacional? frente a la propuesta de una iniciativa de la Secretaría de Hacienda que hará nuevos recortes y el candado de la iniciativa para no crear ninguna institución ni contrataciones para la sistea.

Y la otra pregunta ¿cuándo se recuperarán estos 300 mil  empleos perdidos? Según el director del diario El Economista  estamos ante la primera reducción drástica de este tipo de empleo en México de la que se tenga registro y reflexiona señalando que el Inegi publica anualmente esta cifra para conmemorar el Día Internacional del Trabajo Doméstico, el 22 de julio. Eran 1 millón 580,000 trabajadoras remuneradas en México en 2009 y cada año de la década anterior esta cifra se incrementó en 90 mil  personas en promedio.

El Inegi señala que los trabajos domésticos remunerados y no remunerados lo hacen las mujeres. Las que reciben un salario son predominantemente  mujeres. Son 96 por ciento del total, cerca de  2 millones de mujeres. Los hombres representan apenas 4 por ciento en este mercado y ellos se dedican principalmente a tareas como chofer y personal de vigilancia o seguridad.

En México, nueve de cada 100 mujeres económicamente activas se desempeñan como trabajadoras domésticas remuneradas. Por eso, asomarnos a sus condiciones de trabajo es una manera de entender uno de los mayores retos en materia de justicia económica para la sociedad mexicana. Aquí no hablamos de las mujeres que rompen el techo de cristal, sino de las que recogen los cristales del piso.

Según la ENOE 2021 en promedio, una trabajadora doméstica tiene un salario de 3 mil 200 pesos mensuales, 70 por ciento  de ellas no tienen ningún tipo de prestaciones y 96 por ciento de ellas se desempeña en la economía informal, no tiene ningún tipo de contrato que haga explícita su relación laboral.

Los derechos de las trabajadoras domésticas sigue siendo  una asignatura pendiente, aunque quizá deberíamos decir que se trata de una asignatura donde estamos reprobados.

En abril de 2019 se aprobó por unanimidad en el Congreso una iniciativa que otorgaba derechos laborales básicos para las trabajadoras del hogar y establecía obligaciones para sus empleadores. Esta reforma era parte de las obligaciones que México contrajo en el marco del Convenio 189 de la Organización Internacional del Trabajo. Se dio un periodo de 18 meses para su implementación, que en teoría concluyó en octubre del 2020. El plazo llegó y no pasó casi nada, afirma el director de El Economista y agrega que lo peor de todo es que el tema se relegó hasta el punto de quedar en los márgenes.

 El hecho es que el número de trabajadoras domésticas registradas ante el Instituto Mexicano del Seguro Social, en diciembre del año pasado, era de 27,640, alrededor de 1.3 por ciento  del total. El salario registrado ante el instituto es de 5,180 pesos mensuales en promedio.

¿Qué pasó con el 98% restante, las que no están registradas en el IMSS?  Sería bueno saberlo. Podemos suponer que sigue en el purgatorio laboral. Si la situación era difícil, se volvió aún más complicada con la pandemia. Muchas patronas y patrones no pudieron mantener su empleo y, a la vez, prescindieron de los servicios de las trabajadoras domésticas. En esos casos, la indemnización, más que un derecho se volvió un acto de clemencia, sujeto al criterio del empleador.

Aquellas que mantuvieron su puesto de trabajo debieron asumir los riesgos para la salud que implicaban los traslados en el transporte público. ¿Cuántas trabajadoras domésticas se contagiaron de covid-19? Imposible saberlo. Esa es una de las desventajas de ser casi invisibles.

Estadísticas difundidas por Inegi

Dentro del trabajo doméstico remunerado se incluyen las siguientes ocupaciones: empleados y cocineros domésticos; cuidadores de niños, personas ancianas o enfermas en casas particulares; jardineros, lavanderos y planchadores domésticos; choferes, vigilantes y porteros en casas particulares.

En México se estiman 2.2 millones de personas de 15 y más años ocupadas en el trabajo doméstico remunerado. Esta cantidad representa 4% de los 53 millones de personas ocupadas en el país.

Este empleo tiene una mayor significancia para la población femenina, ya que corresponde a 9% de las mujeres en la población económicamente activa ocupada, pero para los hombres es menos del 1 por ciento.

Otra característica del trabajo doméstico remunerado es que las diferentes actividades que lo componen están claramente diferenciadas según el sexo, pues mientras las mujeres se ocupan en actividades de limpieza y de orden, cuidado de personas, cocinar, lavar y planchar, entre los hombres predominan las actividades de jardinería, conducción de vehículos y vigilancia.

Históricamente, el trabajo doméstico remunerado es una de las ocupaciones con mayor proporción de empleo informal. La ENOE primer trimestre de 2021 estima que 96 por ciento  (dos millones) de las personas ocupadas en trabajo doméstico remunerado pertenecen al sector informal. De ellas, nueve de cada 10 son asalariados informales; 3 por ciento son trabajadores informales por cuenta propia y 0.7 por ciento  son trabajadoras informales con percepciones no salariales.

De acuerdo con la ENOE primer trimestre 2021, las personas ocupadas en el trabajo doméstico remunerado perciben ingresos mensuales promedio de 3 300 pesos. Los hombres (4 200) obtienen en promedio mil pesos más que las mujeres (3 200) ocupadas en el trabajo doméstico.

La palabra de las remuneradas y no remuneradas

¿Qué hacemos? Cuarenta  y cinco años después de la primera conferencia de la mujer, donde el trabajo doméstico remunerado no estaba en la ley y apenas atisbaba lo que significa para todas las mujeres el trabajo de cuidados en México la condición del trabajo doméstico no ha cambiado: miles de mujeres, la mayoría jóvenes y migrantes, que además de limpiar, cocinar, servir la comida y lavar ropa, terminan involucradas en la crianza de bebés y niños, el cuidado médico de personas de la tercera edad y mascotas, en una intimidad tal que pronto reciben el nombre de “miembros de la familia”, si bien, la realidad del trato dista mucho de ello.

El tema masivo apareció tras la difusión de la película Roma, donde los comentarios en redes sociales en torno a la historia de Cleo ha servido para repensar este tema desde al menos tres ejes: trato de confianza que oculta maltrato y violencia, la falta de seguridad social y derechos laborales y el racismo. Al tiempo que el nuevo gobierno federal ya ratificó  el Convenio  189 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre trabajo digno para las trabajadoras domésticas, documento firmado hace casi ocho años, el 16 de junio de 2011.

De sirvientas a trabajadoras

Se calcula que hoy existen, a nivel mundial, 67 millones de personas dedicadas al trabajo doméstico. La gran mayoría son mujeres, indígenas o menores de edad, “muchas de ellas se encuentran en condiciones de mayor vulnerabilidad por su origen étnico, por su estatus migratorio y que viven en condiciones precarias. Todas estas dimensiones las mantienen atrapadas en un contexto de desigualdad motivado por la falta de reconocimiento y valoración” señalaba Oxfam México, una de las organizaciones internacionales que se ha sumado a revisar este tema en nuestro país.


Una de cada cinco mujeres comenzó a trabajar siendo menor edad, en parte la razón por la que la mayoría sólo tienen algunos años de educación, por lo general hasta primaria. Muchas mujeres con raíces indígenas abandonan el campo y llegan a la ciudad para trabajar.

Hablar una lengua indígena o el español como segunda lengua es una razón para otras formas de discriminación y burla, donde las patronas asumen cierta jerarquía, además, de educadoras.

"Eres como de la familia"

Lo que algunos patrones todavía no entienden es que no les hacen un favor a las trabajadoras si les dan un trabajo mal pagado y sin prestaciones sociales, porque solo resulta en una forma de esclavitud moderna, y hasta ahora es un fracaso incluirlas en el IMSS, entre otras cosas por la falta de difusión y exceso de burocracia. Muchas familias han hecho intentos inútiles para registrar a su trabajadora del hogar.

 Las trabajadoras del hogar no buscan ser adoptadas por las familias donde trabajan porque ser consideradas como parte de la familia anula los derechos por cuales luchan. Así las trabajadoras están expuestas a jornadas largas, ninguna seguridad, abusos e incluso acoso de sus empleadores, lo cual a su vez significa un alto grado de vulnerabilidad. Además, la complicada relación de confianza en estas situaciones ambivalentes puede llevar un abuso de autoridad de los empleadores. Más bien, las trabajadoras buscan un trabajo justo y digno donde puedan trabajar en condiciones humanas y cuidarse a sí mismas y a sus familias.

Según las Naciones Unidas, 78% de las trabajadoras domésticas en América Latina y el Caribe trabajan de manera informal. Es un sector invisible dónde las condiciones del trabajo no solo son precarias, sino más catastróficas. Sin derechos, sin contrato del trabajo, sin beneficios y con días largos de trabajo sin vacaciones.

 Sólo 5% de las trabajadoras domésticas tienen un contrato escrito y en su gran mayoría, no gozan de seguridad social. En México, 2.2 millones personas trabajan en este sector, antes 2.5, menos los 300 mil puestos perdidos entre 2020 y 2021, de ellas el  95 por ciento, son  mujeres y la mayoría reciben salarios tan bajos que no les alcanza para satisfacer sus necesidades básicas. Así que es desvalorizado porque el trabajo de las mujeres, carece de valor y esta precarización del trabajo es una forma particular de violencia de género.

La dirigente  de CACEH, Marcelina Bautista, y los avances, tanto del sindicato como el acuerdo del IMS es un paso hacia obtener la igualdad en condiciones laborales.  Ella trabaja por  hacer visible lo invisible, comenzando por no aceptar las malas condiciones del trabajo doméstico en México: “Lo que nosotras queremos, es lo que cualquier trabajador tiene. Seguridad social, vacaciones, aguinaldo, días de descanso, trato digno y salario justo.”

Pero no se hace justicia a  las mujeres

El 19 de mayo último la diputada Dulce María Sauri Riancho, del Grupo Parlamentario del PRI, presentó una iniciativa para que el Sistema Nacional de Cuidados cuente con recursos económicos suficientes que permitan su operación, tomando en cuenta el candado que se agregó a la iniciativa aprobada, de que no requerirá de fondos adicionales.

Entonces advirtió que la reforma quedará  en letra muerta si no hay recursos, y lamentó entonces que el Sistema no se ha aprobado en el Senado, tras 6 meses desde su aprobación y reforma Constitucional.

El texto de la reforma que presentó la también presidenta de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados,  deja en claro que los recursos que se otorguen año con año nunca disminuyan; y que las dependencias y entidades encargadas de poner en marcha al  Sistema puedan solicitar aumentos anuales, con base en las necesidades o vicisitudes que adviertan.

La iniciativa, de la que SemMéxico tiene copia, reforma y adiciona los artículos 25 y 42 de la Ley Federal de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria, para garantizar el destino de recursos para hacer efectivo el Sistema Nacional de Cuidados.

En la reforma constitucional del Sistema Nacional de Cuidados desde el l 18 de noviembre de 2020,  se determinó que el sistema nacional de cuidados no debía generar ninguna estructura orgánica nueva ni compromisos económicos adicionales; si no debían aprovecharse las instituciones ya existentes de los diversos órdenes parciales de gobierno, esto a pesar de que diversos grupos parlamentarios hicieron énfasis en la necesidad de que un sistema de esta naturaleza, dada su complejidad requiere recursos para su correcta implementación.

Sauri Riancho afirmó que la reforma constitucional  es  trascendental para la vida de las personas.  El Sistema Nacional de Cuidados, defendido en París y sistemáticamente en discursos por el Instituto Nacional de las Mujeres, no podría quedar sólo en palabras. En todos los países del sistema americano, se camina en ese sentido, incluso por las recomendaciones de la CEPAL, tras lo devastadores efectos de la pandemia y la pérdida de empleo de las mujeres. Asunto reconocido y discutido en todos los países.

El  trabajo de cuidados es uno de los obstáculos  que enfrentan las mujeres al tratar de incorporarse al trabajo remunerado, y en consecuencia, avanzar en su grado de autonomía. De acuerdo con el INEGI, la pandemia de COVID-19 tuvo un impacto desproporcionado sobre las mujeres.

Más de un millón tuvo que dejar de trabajar por un ingreso; 84 por ciento salió de la fuerza de trabajo de la denominada población económicamente activa, mientras que 7 de cada 10 personas de los 2.1 millones que ya no están ocupadas, también eran mujeres.

Otro dato contundente  muestra que de los casi 30 millones de mujeres de 15 años y más, que están fuera de la fuerza laboral, apenas 17 por ciento asegura estar disponible para trabajar, y 80 por ciento señala que tiene otras actividades y/o vive en un contexto que les dificulta trabajar.

La pandemia dejó enormes consecuencias sociales y económicas en el caso de las mujeres, éstas pasan por el estrés, los efectos psicológicos y la fatiga que ha dejado el trabajo de cuidados, como, por ejemplo, cumplir el rol de madre combinado con el de asistentes educativas, cuidar personas enfermas y lidiar con una mayor densidad de trabajo doméstico durante el confinamiento. Todo esto.

*Sara Lovera periodista y feminista, fundadora de SemMéxico

@SaraLoveraLpez