LA CADERA DE EVA

One Child Nation: El documental que muestra cómo el Estado decide sobre el cuerpo de la mujer

La política de Hijo único en China, es muestra de cómo un estado utiliza sus recursos para el “bienestar” de su población, sin cuestionar acerca del impacto -principalmente- entre las mujeres, donde se refleja la falta de empatía y sororidad con ellas

  • Norma Loeza
  • 18/01/2020
  • 10:00 hrs
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One Child Nation: El documental que muestra cómo el Estado decide sobre el cuerpo de la mujer
Documental One Child Nation

¿Qué hay detrás de la política de control de la natalidad más drástica en toda la historia? El documental One Child Nation, nos ofrece una respuesta contundente: asesinato de recién nacidos (especialmente niñas), familias divididas, tráfico de bebés, mujeres sometidas a múltiples formas de violencia obstétrica para aborto y esterilización forzada. Pero sobre todo, patriarcado, este antiguo y persistente adversario que un día nos afirmó que el Estado puede intervenir en las decisiones de las personas, y de manera especial, en el cuerpo de las mujeres.

El documental es realizado por Nanfu Wang, una chica nacida en China y radicada en Estados Unidos. A partir de su propia experiencia con la maternidad, decide volver a su aldea natal y abrir con testimonios tanto familiares como de otros actores involucrados, una discusión sobre la política del Hijo único que el gobierno de la República Popular China aplicó durante aproximadamente 30 años. 

Nanfu Wang 

Todo empieza en 1979, cuando la población china ascendía a cerca de 960 mil millones de personas (según cifras del Banco Mundial) y era considerado el país más poblado del mundo. El gobierno de la República Popular China avizoraba que para el año 2000 la población podría llegar a los 1,200 millones de personas, generando problemáticas graves en cuanto a la escasez de recursos, hacinamiento, pobreza y otros desequilibrios sociales.

El remedio fue el diseño de una política que consistía en prohibir –sí, prohibir- a las mujeres y sus familias tener más de un hijo/a. Para ello, desarrolló estrategias drásticas, como la esterilización forzada, cárcel y destrucción de casas a quien no acatara la medida, abortos obligados, asesinato y abandono de niños (mayormente niñas recién nacidas) y una política de adoctrinamiento y propaganda manipuladora y sofocante. 

Es aquí donde Nanfu Wang inicia su relato, volviendo con su pequeño hijo a su aldea natal, donde pasó su niñez y adolescencia en los años 80 y 90. Los primeros testimonios son los de su madre, sus tías, familiares y el encargado de implementar la política del Hijo único en aquella época. 

El viaje termina por ser más que un documento meramente testimonial. Poco a poco las emociones afloran, tanto a favor como en contra. Las entrevistas a quienes estuvieron encargadas de las esterilizaciones e incluso fueron reconocidas por el gobierno por esta labor, no terminan en un juicio unánime. Hay quien siente haber cumplido con su deber, pero hay quien no puede vivir con la culpa. Una muestra de que la propaganda no fue siempre un recurso exitoso en cambiar conciencias y sentido ético.

Poco a poco, el espectador se queda indefenso ante la crudeza de las imágenes y del relato mismo. Un gran acierto en la manera en que la historia está construida es que al final, cada una de las personas entrevistadas es libre de mostrar lo que quiere: premios, reconocimientos, fotos y arte. Ello permite dimensionar los testimonios y entender que, a pesar de haberlo vivido, no para todos y todas la experiencia fue la misma. 

Resulta muy interesante cuando una piensa, que no se trata de un relato de guerra, crisis o desastre. Es un estado utilizando sus recursos para el “bienestar” de su población. Es una política pública diseñada, implementada y difundida utilizando las atribuciones que como gobierno posee. Y, sin embargo, nunca se cuestiona acerca del impacto entre la población – especialmente entre las mujeres- como resultado de la aplicación de una intervención como esta. 

A lo largo de los testimonios, no sólo es evidente la exclusión de toda mirada o enfoque de género. Y más grave que eso, la falta de empatía y sororidad con las mujeres que sufrieron abortos, esterilizaciones o el robo o abandono de sus hijos/as. Eso es más que obvio en muchos de los testimonios, mostrando que el convencimiento estatal, en muchas personas resultó más que exitoso. 

Pero quizás lo peor de todo, es que el programa terminó por ser un fracaso. China sigue siendo el país más poblado del mundo, superando los 1,300 millones de habitantes en la actualidad (según cifras del Banco Mundial) y enfrentando una seria crisis de envejecimiento, disminución de capacidad laboral y desequilibrio entre el número de hombres y mujeres. 

Al final, buena parte del fracaso se debe a una condición cultural, el machismo que sacrificaba a las niñas y agredía a las mujeres. Una de las reflexiones de Nanfu Wang, casi al final de documental, es ilustrativa de este punto: “me fui de un país que obligaba a las mujeres a abortar a otro donde su acceso es restringido”. 

Tal afirmación es en realidad demoledora. Señala las nefastas consecuencias a diferentes niveles, de cuando no somos las mujeres quienes decidimos sobre nuestro cuerpo, y cuando el Estado toma esas decisiones por nosotras. Una importante lección de lo que sucede cuando las políticas son patriarcales, violentas y trágicas, vestidas del interés del bien común y del progreso para todos. No lo olvidemos nunca. 


(Brenda Lugo)