LA CADERA DE EVA

Cómo crear relaciones sanas con las infancias

"Está de moda decir que un adulto es amigo o amiga de los niñoxs, pero la realidad es que podemos ser cercanos sin ser amigos", psicóloga Paulina Santos

  • ANGÉLICA SÁNCHEZ LOVERA
  • 30/04/2021
  • 18:11 hrs
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Cómo crear relaciones sanas con las infancias
Cómo crear relaciones sanas con las infancias (Foto tomada de internet)

Pequeñas Grandes Amigas es una película estrenada en 2003 que cuenta la historia de Molly Gunn, una joven de 22 años que vivía una vida fantástica; y Ray, una niña de nueve años inteligente, madura y obsesionada con la limpieza.  En el marco del día del niño y de la niña, entrevistamos a Paulina Santos, psicóloga y maestra Waldorf, que nos contó de cómo crear una relación sana con las infancias a partir de este ejemplo de la cultura popular. 

"Me hace muchísimo sentido todo lo que pasa en la película", comienza diciendo Paulina. Explicó para La Cadera de Eva la importancia de las edades en la película, porque Molly cumple 22 años, una edad donde cierta madurez comienza, porque "experimentamos el mundo físico, un montón de emociones y el pensar en nuestras posibilidades. El ser, sentir y pensar", comenta Pau.  

Las circunstancias en la película obligan a Molly a hacerse cargo de sí misma, una vez que ya no es una "niña". Huérfana pero con la gran herencia de sus padres había vivido una vida de película hasta que su abogado la estafa.  "Parece que el destino dice hazte cargo de ti misma, encuentra tu espacio, motivación y responsabilidad" comentó Paulina. 

Los nueve años

Por otro lado, Ray, con nueve años, también quedó "huérfana" porque su padre enferma gravemente y su madre se enfoca principalmente en el trabajo. "Los nuevos años es una edad peculiar porque se rompe una esfera o burbuja en la que un beso de mamá curaba todo o si moría un ser querido podría ser una estrella que nos cuidaba. A los nueve años te das cuenta que sí se puede romper un hueso, o que la gente muere y no la vuelves a ver", explicó la psicóloga. 

También añadió que en esta edad aparecen nuevos miedos como la soledad o la oscuridad, que con un proceso de acompañamiento se trabajan y acaban alrededor de los 11 años. "En la película pareciera como si el destino las hubiera unido para crecer", expresa Paulina. 

Muchos papás se distancian de sus hijos a los nueve años porque comienzan a decir que es la pre adolescencia, pero en realidad los niños y las niñas se enfrentan con otras cosas, explicó Paulina, "desconfían y cuestionan a los adultos porque no creen posible que puedan saber todo o nunca se equivoquen; también buscan aferrarse a la idea de magia y seguridad que tenían antes". 

Adultos responsables de los niñxs 

"Muchas veces dicen que una persona madura hasta que tiene hijos, pero la película plasma algo muy real, uno madura en el momento que te haces responsable del otro", sostuvo la experta. 

"Cuando Molly se da cuenta que lo que puede hacer o decir Ray hace o puede hacer daño se hace responsable de sus expresiones y comportamientos", explicó Paulina. 

En el caso de la película Molly es una persona que durante años decidió sacar todo sus sentimientos para que otros se hicieran responsables, hasta que ella tomó esa responsabilidad y se hizo cargo de su vida y decisiones. Por otro lado, Ray guardó sus sentimientos y poco a poco decide soltarse hasta que tiene a un cerdito de mascota.  

La película muestra de forma sutil un regalo que tienen todos los adultos rodeados de los niños: responsabilidad y madurez, comentó la experta. 

Cómo crear una relación sana con lxs niñxs

"Se cree que está de moda decir que un adulto es amigo o amiga de los niñoxs, pero la realidad es que podemos ser cercanos sin ser amigos, porque no es lo que necesitan de nosotros", explica Paulina, y comparte que lo que necesitan es guía, protección, seguridad y confianza. 

Para lograr esto nos comparte lo siguiente: 

1. No hacer responsables a los niños de nuestros sentimientos, por ejemplo evitar frases como "tienes que sacar buenas calificaciones o me voy a enojar". 

2. Siempre dejarlos pensar sin imponerles el nuestro, por ejemplo, en el juego dejarlo libre y que vuele imaginación y creatividad. 

3. Ser verdaderos, justos y comprensivos sin abandonar la responsabilidad del adulto.