¿Cuántas mujeres conoces que han dejado su empleo después de casarse? Aunque pareciera que esas historias son el retrato de una realidad del siglo XIX, actualmente, el estado civil sigue siendo una determinante para que ellas se inserten o no en el mercado laboral.

La carga social en el desarrollo de las mujeres influye en su decisión sobre continuar laborando o abandonar sus empleos. Esto lo demuestran los resultados del Censo de Población y Vivienda 2020 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).[1] Aunque el 30% de las mujeres en edad laboral (de 15 a 64 años) trabajan, esta proporción es del 24% una vez que contraen matrimonio. En contraste, el 84% de los hombres casados tiene un empleo, en comparación con el 74% de los hombres solteros.

Esta tendencia podría explicarse por el hecho de que las mujeres casadas dedican más tiempo al trabajo no remunerado. En promedio, 50% de todas las mujeres en edad laboral se dedican a los quehaceres del hogar de tiempo completo, pero esta proporción es del 65% para las mujeres casadas. Por el contrario, solo 2% de los hombres en ambas categorías aseguran dedicarse a los quehaceres del hogar de tiempo completo.

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Las labores de cuidado

Gran parte del trabajo no remunerado proviene de las responsabilidades del cuidado de los hijos. De acuerdo con datos de la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2016, 38% de las mujeres asegura que ellas son las que deben ser las responsables del cuidado de hijos, personas enfermas y adultas mayores.

Esto también lo confirman los resultados de la encuesta realizada entre el IMCO y el periódico Reforma, donde 44% de las mujeres considera que durante la crisis sanitaria, las tareas de cuidado de menores aumentaron significativamente para ellas, en comparación con cuánto aumentaron para los hombres.

Como lo muestra la siguiente gráfica, con hijos, el 23% de las mujeres casadas en edad laboral trabajan, mientras que más del 65% se dedican a los quehaceres del hogar. Sin niños, estos números cambian: el 40% de ellas trabajan, mientras que el 49% se dedican a los quehaceres domésticos.

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A pesar de estos resultados, si se comparan las cifras con las del Censo de 2010, es posible afirmar que en la última década la tasa de participación femenina en la fuerza laboral ha mejorado.

Hace 10 años, siete de cada 10 mujeres en edad laboral se dedicaban a los quehaceres del hogar de tiempo completo. Cuando una mujer se casaba, el hecho de tener hijos o no, solo tenía un ligero impacto en su ingreso al mercado laboral. El 19% de las mujeres con una familia trabajaban, mientras que esta condición era del 20% para mujeres casadas y sin hijos.

En resumen, la baja proporción de mujeres dentro del mercado laboral está asociada a la falta de políticas en las organizaciones para que concilien su vida familiar y laboral. Esto, sumado a las pocas opciones de cuidado infantil a las que tienen acceso las trabajadoras y la persistencia de los roles de género, son las principales barreras a las que diariamente se enfrentan las mujeres para alcanzar su autonomía económica.

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Por ello, para asegurar su acceso y crecimiento dentro la fuerza laboral, sin importar su estado civil, es necesario visibilizar el costo de los cuidados dentro de los hogares. Ante esto, el IMCO propone cambiar los permisos de paternidad por licencias que sean obligatorias, intransferibles y financiadas por las instituciones de gobierno para promover una redistribución más equitativa de los cuidados. Asimismo, se debe avanzar hacia un sistema universal de cuidados infantiles cuyo acceso sea indiferente para niños con padres en economía formal e informal.

*Ingrid Chávez es investigadora IMCO y Sophie Herscovici es investigadora invitada.

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[1] El levantamiento de información para el Censo se realizó del 2 al 27 de marzo de 2020, por lo que los datos pudieron tener un impacto derivado de los primeros meses de la pandemia.

*Ingrid Chávez es investigadora IMCO @IngridChavezO  | Sophie Herscovici es investigadora invitada @Srhersco

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