GUANAJUATO

La indiferencia social

Durante estos casi cuatro años de gobierno, no ha habido un solo día, que no se dañe y lastime a la sociedad, por medio de discursos de odio, confrontación y polarización social

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El país sigue en caída libre. Cada día que pasa, México se desmorona más y más. La economía en franca desaceleración, con una inflación galopante que alcanza niveles de recesión técnica, de acuerdo a los especialistas en la materia. El gobierno cómo cada semana, con escándalos y contradicciones de todo tipo. Por ejemplo, dice que vamos muy bien y pide a los grandes empresarios del país, su colaboración ahora para una rifa. La inseguridad imparable, los muertos y descuartizados regados por todos los rincones de la nación.

 

La pérdida de los valores morales y políticos de nuestra sociedad, alcanzan comportamientos nunca antes vistos. Los jóvenes, adultos mayores y familias enteras, indiferentes al caos y al desorden social, con tal de recibir dádivas del gobierno de la república, por medio de programas sociales que los cooptan y corrompen a cambio de ser incondicionales al partido en el gobierno y por supuesto, al voto siempre condicionado a favor de AMLO, MORENA y el movimiento denominado 4T.

 

Durante estos casi cuatro años de gobierno, no ha habido un solo día, que no se dañe y lastime a la sociedad, por medio de discursos de odio, confrontación y polarización social. Logrando una franca lucha de clases, explotando el resentimiento de los pobres contra la clase media y que decir, de los ricos. Hoy existe una profunda división entre mexicanos, por identificarse con los que están con la 4T y los que están en contra. Los buenos y los malos.

 

Es vergonzosa la corrupción que desde el poder se ha generado a toda la sociedad. Siempre ha sido así en nuestro país, independientemente del partido que gobierne. Los niveles de opacidad, de falta de transparencia y de conductas fuera de la ley, escandalizan lo oprobioso y grotesco del actual gobierno, que sin rubor hacen y deshacen para justificar flagrantes actos de corrupción, ante la indiferencia de la sociedad y hasta de la oposición política, que sólo denuncia de vez en cuando, para no molestar la actuación del gobierno en turno.

 

En tan sólo cuatro años, estamos viviendo una crisis de modelo de vida, donde todo está permitido, al amparo del gobierno y pisoteando lo poco que quedaba del estado de derecho. Donde los estereotipos del bien, ahora son los del mal. Entre más corrupto e inmoral es un individuo, el gobierno lo premia y apoya con impunidad garantizada, para seguir transformando la sociedad en una barbarie sin ley y sin escrúpulos. Donde el autoritarismo y la vulgaridad, es lo de hoy, lo que está bien.

 

Es de llamar la atención el conformismo con el que gran parte de la sociedad contempla el deterioro de nuestro país. Nadie hace nada, ni mucho menos los políticos, ni los partidos políticos de oposición. Silenciosamente se asoman por ahí, comentarios en fiestas o reuniones familiares, de “lo mal que estamos”, “del pésimo gobierno” esperando que mágicamente “alguien” solucione los problemas. El único grupo de ciudadanos organizados en un movimiento social, FRENA, convoca y convoca a concentraciones contra el mal gobierno y la gente no asiste, cuando prometen hacerlo.

 

Tenemos claro, muy claro quien o quienes nos han llevado hasta este grado de descomposición, me refiero a AMLO, su gobierno y toda la clase política del país. Sin embargo, seguimos votando por los mismos, camuflajeados en alianzas de tal o cual color, pero siguen siendo los mismos sinvergüenzas de siempre, que viven del pueblo y se enriquecen a costa de demagógicos discursos de cambio, cuando no cambia nada.

 

No tenemos porque, seguir viviendo bajo la cultura de la muerte, de la corrupción, de la improvisación, del populismo, de la impunidad, de la división de la sociedad y, sobre todo, de la indiferencia del gobierno. Nunca, nunca, nunca habíamos estado tan mal cómo país y cómo ciudadanos arrodillados, acorralados por un déspota gobernante y un autoritario gobierno. Es una obligación restaurar la memoria de la sociedad y demandar un futuro digno, empezando por nosotros y para nuestros hijos.

 

¿No cree usted?

 

Dr. Carlos Díaz Abrego