Opinión

Feminicidio de menores

No hay un castigo mayor para crímenes contra menores de edad que busque impedir su ocurrencia. | Ricardo de la Peña

  • 24/02/2020
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Es cierto que no existe un tipo penal que específicamente catalogue un asesinato como feminicidio cometido contra alguien menor de edad. Es cierto que la condición de parentesco suele ser un agravante en los casos de asesinato, que en las condenas suele tomarse en cuenta la existencia de conductas que de forma deliberada eleven el sufrimiento de la víctima. Pero lo cierto es que no hay un castigo mayor para crímenes contra menores de edad que busque impedir su ocurrencia.

Los datos sobre feminicidios

No todo asesinato de mujer constituye en sí mismo un feminicidio; además, la definición a la que se está arribando no permite detectar invariablemente si la causa de un homicidio se vincula con la condición de género de la víctima. Una revisión de los datos disponibles sobre homicidios en nuestro país mostraría varios hechos: el aumento de la tasa de homicidios en los últimos trece años, con lapsos de relativa contención; la existencia de más homicidios de varones que de mujeres; la concentración geográfica de los homicidios en el país; el aumento en la proporción de homicidios con armas de fuego, sobre todo aquellos en que la víctima es una mujer; la elevación de las tasas de homicidio de ambos géneros en espacios públicos y el menor crecimiento, pero persistencia, de crímenes en el hogar contra mujeres. Así, la población femenina enfrenta hoy día un doble riesgo: el de adscribirse a ese enorme espectro de violencia social vinculada al crimen organizado y al uso de armas de fuego, que tiende a segar la vida de quienes son jóvenes; y la violencia familiar que en casos extremos acaba en su muerte, casi siempre a manos de su pareja.

Los asesinatos de menores de edad

Si bien son pocos los homicidios que se registran oficialmente en que la víctima es alguien menor de edad, con poco más de mil casos al año, su tendencia tiende a asemejarse a la de los homicidios en general e involucrar de manera creciente armas de fuego, por lo que no dejan de estar relacionados con la violencia general que se vive en el país. Sí, se carece de datos fidedignos sobre abuso sexual contra menores, pero según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos nuestro país ocupa el primer lugar entre sus miembros en este aspecto, al igual que en los homicidios de menores de edad y, conforme datos disponibles, la mayoría de menores víctimas de homicidio son mujeres. La oscuridad es mayor cuando lo que se busca son datos sobre tráfico de órganos: según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, México es uno de los países donde es mayor este delito, lo que se acrecienta por la migración solitaria de menores de edad desde Centroamérica. Y si no tenemos conocimiento de cuántos eventos ocurren en que se asesina a alguien menor de edad con la finalidad de comercializar sus órganos, sí sabemos que estos crímenes horrorizan e incitan a la protesta de una sociedad que ante otros crímenes se muestra insensible.