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Violeta pasó de policía de tránsito a prostituta

Entrevistada por Vice, la fémina relata cómo llegó a a dicho "trabajo" y relata sus experiencias dentro del mundo de la prostitución

  • REDACCIÓN
  • 26/12/2017
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Violeta pasó de policía de tránsito a prostituta
Violeta, pasó de policía de tránsito a prostituta (Foto tomada de la web)

En esos días Valeria se encargaba de seis criaturas, cuatro hijas suyas y dos de su hermana que habían metido en la cárcel.

Su empleo como policía auxiliar no le dejaba mucho, anteriormente había probado a vender de todo sin éxito.

Ante la carencia de dinero y la gran responsabilidad que tenía sobre sus hombros, su madre, una mañana que la vio muy desvelada y cansada, le dijo que fuera con su prima a que le consiguiera trabajo en el billar donde laborara.

Valeria sabía que en ese billar había prostitutas, por lo que le preguntó a su madre si no se enojaría si trabajaba de eso, ella le respondió que no argumentando que si se iba a estar desvelando que lo hiciera por una buena paga, además, debía aprovechar que no esta tan vieja.

La mujer decidió contarles de su radical cambio laboral a sus hijas, quienes la apoyaron y a su vez sospechaban de su nuevo “trabajo”.

La más pequeña sólo atinó a decir: "¿Y te subes hasta arriba del tubo mamá?".

Valeria relató a Vice sus experiencias como sexoservidora en Baja California, Tijuana.

La mujer señala que existen varios estereotipos en contra las prostitutas, pues los clientes creen que andan en busca de marido que las mantenga, que estas sufriendo o necesitan a alguien que las rescaten.

Algunos más, detalla Valeria, creen que las sexoservidoras están necesitadas se sexo.

Por ello, no faltan los que les ofrecen sacarlas del “infierno” en el que viven, a lo que Valeria les response que si están ahí es porque hay dinero, nada más.

Asegura que gana en una semana lo que en otros trabajos no ganaría ni en un mes. Es un trabajo donde se gana de forma rápida, mientras no fácil.

Valeria confiesa que en su oficio hay varias cosas que dan asco. Recuerda a los clientes con poca higiene que les vuele la boca o les apesta las axilas.

Detalla, además, que su mayor asco y temor son los ancianos y los drogadictos, pues estos luego no pueden mantener una erección, así como la posibilidad de que mueran en el acto.

“Una noche trabajaba en otro bar donde me tocó un cliente que había estado en coma como por putos 15 años. En ese bar las habitaciones están en un segundo piso. Fue muy complicado que subiera las escaleras, pensaba que se iba a morir por el esfuerzo

“Traía camisa con un logo del gobierno municipal y una bolsa de plástico retacada de orines en la mano; una manguera salía de su estómago y se conectaba a la bolsa. Decía que yo era su última aventura sexual, pero también creo que fui la última persona con la que tuvo contacto en el planeta Tierra. Hice lo que pude para que se le parara el pito: dejé que me tocara los senos, la vagina; lo masturbé, pero no se le paraba la verga ni poquito. Me traumó saber que ahí mismo podía colgar los tenis”, relata Valeria a Vice.

La mujer recuerda un caso peculiar donde unos clientes se llevaron a ella y a dos de sus colegas a una cada lejos del bar donde estaban.

A la mañana siguiente las corrieron de la casa sin pedirles un taxi ni nada.

“Salimos a la calle vestidas de teiboleras; fue muy penoso. Yo llevaba un pantalón, un brasier y unas botas de charol color rojo; otra iba con una minifalda de lentejuela y una blusa de red que dejaba que se le vieran los pezones; y la otra muchacha estaba vestida con tacones altos y un short que era como una tanga”.

Valeria menciona que caminaron varias calles, mientras algunos conductores paraban a preguntar su tarifa, hasta que un taxi paró y las llegó de regreso al bar.

Añade otra anécdota extraña de su vida como sexoservidora: Valeria cuenta que en una ocasión, en Mexicalli, un estadunidense la contrato a ella y a otra chica, se las llevó a una casa, sin embargo, les pidió algo que nunca imaginaron.

El sujeto solo quería verlas mientras hacían del baño. Incluso les ofreció cocaína para que se les “aflojara” el estómago.

Tras el “servicio”, ambas se fueron con una buena paga y sin que les tocara ni un pelo.

Valeria asegura que irónicamente su vida sexual era mayor antes de ser prostituta.

“Soy muy cachonda, pero curiosamente ahora que ando de puta cojo menos. Era más puta antes de trabajar de puta, o sea, cuando trabajas de puta te cuidas más, porque tienes menos tiempo o coges con personas que no te gustan y eso no cuenta como sexo. Antes cuando tenía ganas de coger me iba a una fiesta, como regularmente lo hacemos todas, pero desde que aprendí a cobrar por coger se acabó el placer”.

Al principio fue víctima de bullying por parte de sus compañeras, por ser muy joven y no saber bailar.

Las críticas de sus colegas hizo que mejorara: "Si voy a andar de teibolera que al menos digan que bailo chingón".

Ahora, Valeria tiene 36 años, comenzó a los 29.

Con información y fotos de Vice

rgg