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Venden casa embrujada; en 1933 se cometió atroz crimen

En casi un siglo la casona, con el número 1026, ha sido objeto de leyendas, apariciones y ruidos extraños; la casa ya fue vendida

  • DAVID CASAS/ CORRESPONSAL
  • 14/07/2019
  • 17:01 hrs
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Venden casa embrujada; en 1933 se cometió atroz crimen
En casi un siglo la casona, con el número 1026, ha sido objeto de leyendas, apariciones y ruidos extraños; la casa ya fue vendida

MONTERREY.-  El 5 de abril de 1933, el centro de Monterrey –con apenas 120 mil habitantes- se cimbró con el crimen espeluznante de Florinda Montemayor Lozano, de 21 años de edad, y de su madre Antonia Lozano de Montemayor; desde entonces la casona en la calle Aramberri quedó abandonada, pero hoy ya tiene nuevo dueño, quien pagó tres millones de pesos.

En casi un siglo, la casa con el número 1026 ha sido objeto de leyendas, apariciones y ruidos. Incluso, hasta en sus derruidos interiores llegaron estudiosos del fenómeno paranormal. De pronto, el frente fue tapado y todo quedó en quietud desde hace menos de una década.

A las seis de la mañana del 5 de abril de 1933, la noticia estremeció a la sociedad: Antonia Lozano y Florencia Montemayor, madre e hija habían sido atacadas y brutalmente asesinadas en su propia casa, al parecer por un familiar que se hizo acompañar de dos carniceros cómplices. Gabriel Villarreal, sobrino del matrimonio, Emeterio González, y dos individuos más ingresaron a la vivienda, asesinaron a las damas y robaron 3 mil pesos en joyas de oro y plata, que Delfino Montemayor guardaba como parte de su herencia. El hombre había salido temprano a trabajar a la cercana Fundidora de Fierro y Acero.

Según la leyenda, que ha sido documentada en varios libros, un perico fue pieza clave para descubrir que había sido el propio sobrino de una de las víctimas, quien en complicidad con dos carniceros y un chofer cometieron el crimen y mutilaron a las mujeres perfectamente.

"Se supone que este acontecimiento cimbró a la sociedad regiomontana de 1933, que no estaba acostumbrada todavía a saber o ver este tipo problemas relacionadas con la violencia, que ya existían pero no estaban tan difundidas", refiere el historiador Antonio Guerrero Aguilar.

El primero que abordó de manera literaria el caso fue Eusebio de la Cueva (Cerralvo, 1893 - Monterrey, 1943), incluyendo relatos de la época. Después llegaría El Crimen de la casa de Aramberri, de Hugo Valdés Manríquez, convirtiéndose en una de las novelas más vendidas en Nuevo León.

"El Monterrey de 120 mil habitantes era muy cerrada y muy conservadora; la ley fuga que se les aplicó a los asesinos fue una respuesta de la propia sociedad, luego sus cuerpos fueron exhibidos", comenta Guerrero Aguilar.

La propiedad que tiene 253 metros cuadrados de terreno está ubicada en Aramberri entre Doblado y Diego de Montemayor, en el primer cuadro de la ciudad.

“La construcción ya está muy dañada, tiene las paredes y vigas, pero ya no tiene techo”, se explicó en el teléfono proporcionado para conocer la información.

La construcción abarca 131 metros cuadrados, el ancho de la fachada es de 9.69 metros por de 26.15 de fondo.

A pesar de que testigos aseguran que por las noches se ven sombras y se escuchan lamentos, la casa ya fue vendida.