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Tijuana, tierra de migrantes, deportados… y desplazados por la violencia

Además de los migrantes y deportados, esta ciudad fronteriza está saturada por desplazados que huyen de la violencia de Guerrero, Michoacán y Sinaloa

  • KARLA LUGO
  • 19/09/2019
  • 20:21 hrs
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Tijuana, tierra de migrantes, deportados… y desplazados por la violencia
Además de los migrantes y deportados, esta ciudad fronteriza está saturada por desplazados que huyen de la violencia de Guerrero, Michoacán y Sinaloa

En Tijuana, la crisis humanitaria por los miles de migrantes que esperan ingresar a Estados Unidos se agudizó por la llegada de miles de desplazados por la violencia.

Desde comunidades de Guerrero, Michoacán y Sinaloa, las víctimas del narcotráfico y del crimen organizado tienen saturados los 17 albergues instalados para la atención de migrantes.

Y al igual que los migrantes, estos desplazados también buscan ser asilados en Estados Unidos por motivos políticos y de seguridad.

Desde hace meses, Tijuana se convirtió en punto de llegada para miles de migrantes en tránsito, desplazados por violencia, retornados y deportados de Estados Unidos.

La mayoría espera su diligencia en la Corte de Migración, pero muchos otros buscan juntar dinero para regresar a sus lugares de origen. 

Pero también, cientos de estos desplazados que no pueden acreditar los motivos para solicitar asilo político, deben quedarse en Tijuana a trabajar y sobrevivir en colonias populares.

De acuerdo con datos oficiales, en 2018 se registraron más de 11 mil desplazados por violencia en México. Brenda Pérez, directora de Desplazamiento Interno de la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos, señaló que llama la atención que el 90% de los desplazamientos forzados en 2018 provienen de Guerrero con 5 mil 66 víctimas.

Los desplazados de Guerrero

Testimonios de algunos de estos desplazados son desgarradores. “Teníamos cuatro tortillerías en la parte alta de la colonia El Progreso, en Acapulco. Negocio que nos permitía emplear a 36 estudiantes. Todo iba bien, hasta que se desató la violencia en enero de 2006, cuando la policía se enfrentó con civiles armados”.

“Todo marchaba bien, hasta que un día llegó un niño de 13 años. Venía bien vestido, nunca pensamos que fuera un chico malo. Nos trajo el recado: vengo de parte del patrón para avisarle que tienen 72 horas para pagar cuotas para la seguridad de su negocio y de su familia”.

“Recuerdo que un 12 de junio hubo un enfrentamiento muy fuerte en la colonia… en esa balacera murieron siete civiles armados. A partir de ese día ya no fue normal, a todos los negocios les incrementaron la cuota de 5 mil a 15 mil pesos, y no nos daban prórroga para juntar el dinero para pagar”.

Otra víctima narra que huyó de la Costa Chica de Guerrero porque su esposo tuvo un problema muy fuerte, pues trabajaba como taxista y lo estaban extorsionando.

Después, los criminales querían que transportara drogas en su automóvil, pero como se opuso lo golpearon.

Quisimos demandar, pero las autoridades no hicieron nada. Nos pidieron dinero para iniciar la investigación; como no tuvimos con qué pagar a los de la Fiscalía (General del Estado) para que investigaran, no nos quedó de otra que venirnos a Tijuana, para que no nos encuentren”.

El Chaparral, la última esperanza

En los últimos años, la garita de El Chaparral se ha convertido en la puerta de esperanza para cientos de migrantes, nacionales y extranjeros, que llegan todos los días a Tijuana desplazados por la violencia que se vive en sus lugares de origen.

Daniela salió de su natal Morelia junto con sus dos hijas, de ocho y seis años de edad, obligadas a huir por la presencia de pandillas; viajaron durante un mes hasta llegar a Tijuana para solicitar un número que les permita tener una cita con las autoridades de inmigración de los Estados Unidos y empezar una nueva vida lejos de las amenazas y el hostigamiento de la delincuencia.

Durante su viaje, y a pesar de intentar seguir las rutas seguras para migrantes, no pudo evitar ser extorsionada. En su caso, fueron las propias autoridades quienes, en dos ocasiones, en dos puntos distintos de la República Mexicana, le quitaron el poco dinero que logró reunir para continuar su viaje.

“En Chihuahua los agentes me pidieron dinero para dejarnos pasar. Más o menos 500 pesos; me abrían la cartera y agarraban lo que veían; tenía que esconderme dinero en otras partes del cuerpo”.

El resto de su familia también tuvo que salir de Michoacán. Dos hermanos y el padre de sus hijas decidieron emprender el viaje hacia la frontera con Estados Unidos.

Una vez obtenido el número para pasar con las autoridades de inmigración, permanecerá en Tijuana junto con sus dos hijas. Daniela aseguró que buscará cruzar legalmente, ya que no desea arriesgar a sus hijas por caminos peligrosos que expongan su seguridad. El deseo de poder dar una mejor calidad a sus dos pequeñas alimenta su esperanza y evita se rinda en la búsqueda de llegar a suelo norteamericano.

Saturación de albergues

El activista José María García Lara, Chema, dice que en Tijuana hay 17 albergues que cobijan a miles de migrantes desplazados, retornados y deportados. “Empezamos a trabajar con los migrantes desde (el año) 2011 que estamos atendiendo a la comunidad de los deportados en la frontera porque la problemática de deportaciones está en todas las zonas fronterizas”.

Entrevistado en el albergue Juventud 2000, el coordinador de Alianza Migrantes explica las problemáticas que enfrentan los migrantes en esta ciudad.

“Desde 2016, se atiende a otras comunidades del mundo. Atendimos a la comunidad haitiana; y ahora a la comunidad centroamericana. A partir de 2017 hasta la fecha, estamos atendiendo toda esta comunidad que sigue llegando. Las comunidades centroamericanas siempre han llegado a la zona fronteriza de nuestro país para buscar las formas de entrar hacia Estados Unidos, como lo han hecho por muchos años”, explica.