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“Si éramos pobres ahora somos más, ni casa tenemos”

La comunidad de Cintalapa en Chiapas, quedó en ruinas, la ayuda tras el sismo de 7 de septiembre llegó, pero ahora se sienten abandonados por el gobierno

  • REDACCIÓN
  • 18/10/2017
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“Si éramos pobres ahora somos más, ni casa tenemos”
En la comunidad viven hijos y nietos de revolucionarios (Foto. tomada de web)

Chiapas (La Silla Rota).- Tras el sismo de 7 de septiembre, que golpeó severamente a Chiapas, la comunidad de Cintalapa, donde viven hijos y nietos de revolucionarios, sobrevive de milagro.

El movimiento de tierra los dejó sin casa, las réplicas siguen acosando a la población que vive bajo los árboles o en chozas improvisadas con plástico, esperando la ayuda prometida por los tres niveles de gobierno.

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Cintalapa fue fundada en 1922, por el primero, único y último reducto zapatista, señala Proceso; la colonia Emiliano Zapata quedó devastada por el sismo.

La colonia agrícola, se ve cada día más empobrecida, debido a la baja producción de las tierras, y a que la ganadería está a la baja, pero el 7 de septiembre los dejó en la miseria.

Los habitantes de la colonia Emiliano Zapata viven hacinados, ya sea en casas de familiares o en las casitas improvisadas; de a poco logran rescatar los recuerdos de toda una vida, y de la propia historia de México “Mi padre fue zapatista”, dice doña Sofía Trinidad, de 85 años.

Su casa de adobe con más de 50 años de antigüedad está a punto de caer a consecuencia de las 7 mil réplicas del sismo.

Las maquinas prometidas por el gobierno para demoler los restos de las viviendas no han llegado, la revisión de las viviendas fue superficial, el dictamen de la Sedatu (Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano) contenía información escueta.

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La ayuda del gobierno llegó, pero solo los primeros días recibieron despensas del DIF, Protección Civil y la Marina; ahora no hay nada.

“Si éramos pobres, ahora estamos peor porque ni casa tenemos”, dice doña Yolanda Arce, de unos 80 años, también hija de alzados zapatistas.

Los ancianos son los que más sufren con la tragedia, pues están habituados a tener su propio hogar para no sentirse una carga para sus hijos, ahora se aferran a lo que quedó de sus casas; de las 322 casas dañadas más de 40 deberán ser demolidas.

Alrededor de 20 familias se refugiaron en una escuela primaria, por tanto los niños no han podido reanudar clases “Y esto ya es un problema social”, dice José Antonio Roque Cal y Mayor, agente municipal de la comunidad.

La localidad se encuentra a siete kilómetros de la cabecera municipal, pero aun así los damnificados se sienten abandonados, olvidados por las autoridades. 

Con información de Proceso

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