ESTADOS

"Primero agreden a médicos y enfermeras, ahora suplican por atención"

Al inicio de la pandemia, médicos, enfermeras y paramédicos de Michoacán eran agredidos, acusados de ser vectores de contagio; ahora suplican sus servicios

  • JUAN MANUEL GONZÁLEZ / CORRESPONSAL
  • 02/03/2021
  • 19:17 hrs
  • Escuchar
Primero agreden a médicos y enfermeras, ahora suplican por atención
Al inicio de la pandemia, médicos, enfermeras y paramédicos de Michoacán eran agredidos, acusados de ser vectores de contagio; ahora suplican sus servicios. Foto Tomada de Facebook

MICHOACÁN.- A un año de que en México la pandemia por Covid-19 golpeara la salud, la economía y la estabilidad emocional de las familias, la percepción del personal médico, paramédico y de enfermería, ha dado un vuelco importante.

Al inicio de la pandemia, médicos, enfermeras y paramédicos, eran acusados por grupos de personas de ser vectores de contagio; algunos incluso fueron golpeados, discriminados y hasta amenazados de muerte.

Ahora, durante la segunda ola de contagios, cuando las cifras de muertos y enfermos contagiados de Covid-19 han aumentado, hay familias que suplican por la atención de ese personal de la salud que 12 meses antes era agredido.

SER MÉDICO ERA UN DELITO

Una de las víctimas de violencia fue el médico Salvador Jasso Guido, un especialista del municipio de Paracho, y su familias; todos profesionistas de las áreas de salud.

Casi al inicio de la pandemia, luego de ser retenidos, amenazados y golpeados, el médico y su familia, tuvieron que huir de ese lugar de la Meseta Purhépecha.

Los agresores acusaron –sin pruebas- al profesionista de aplicar una inyección letal a un paciente con síntomas de coronavirus, lo cual no fue cierto.

Días después, señalaron a todos los integrantes de la familia de ser quienes “mataban” a las personas y ser vectores de contagio.

A ocho meses de lo ocurrido, Salvador Jasso Cendejas, hijo del médico, recordó que ese día, un grupo de entre 15 y 20 comuneros de Ahuirán, fueron los agresores.

Afirmó que los hombres iban encapuchados, armados y en estado de ebriedad cuando llegaron a su domicilio particular y los empezaron a agredir verbal y físicamente.

Salvador Jasso, relató que los comuneros acusaban a su padre de haberle aplicado una inyección letal a un paciente con neumonía atípica y problemas respiratorios serios.

Explicó que horas antes, el enfermo fue llevado a su consultorio con esos malestares similares a los del coronavirus y ya con un nivel crítico de oxigenación.

Precisó, que su padre le aplicó al paciente dexametazona para desinflamar las vías respiratorias y  los envió a atenderse a un hospital Covid-19, como marca el protocolo.

El odontólogo de profesión, dijo desconocer si el enfermo fue trasladado a la clínica de especialidades, pero que más tarde el enfermo murió y ese fue el objeto del ataque.

“El problema es porque supuestamente mi padre le aplicó una inyección para que se muriera”.

“Díganme ustedes nada más si no es una gran estupidez, una pendejada, de esta puta gente ignorante”, expresó un día después el hijo del médico.

Denunció que ese fue el argumento infundado de los comuneros para llegar a su casa, amenazarlos y golpearlos tanto a él, hasta romperle la nariz, como a su padre.

Como consecuencia, todos los integrantes de la familia se vieron obligados a abandonar su hogar por 22 días y huir de ese municipio de la Meseta Purhépecha.

Salvador Jasso recordó que después de ser agredidos, aparte de las amenazas de muerte con pistola en mano y de golpearlos, les dejaron mensajes pintados.

“Nos pintaron la cortina de la farmacia, con una frase que decía ‘el Covid no se inyecta’ y de ahí continuaron las amenazas hacia nosotros”, expresó.

LAS VUELTAS DE LA VIDA

Para el especialista dental, quienes un día agredieron y atacaron a cualquier profesionista de la salud, como fue en el caso de su familia, son personas ignorantes.

Expuso, que muchas de las personas que en su momento han agredido a algún profesional de la salud, después suplicaron que los atendieran.

Destacó que cuando empezaron a colapsar hospitales y servicios de auxilio, buscaban la ayuda de médicos, enfermeras y paramédicos que los atendieran a ellos o a sus familias.

“Que tan irónica es la vida, que resulta que primero acusaban a mi papá de que inyectaba Covid a sus pacientes y ahora lo tienen como especialista en el área de Covid, cuando ni si quiera es especialista en eso”, narró.

Resaltó que después de lo que le pasó a su la familia, en el Hospital del IMSS en Paracho, todo el personal incluso se unió, dejó de atender y cerraron por una semana las puertas de la clínica hasta que se les garantizara la seguridad para laborar.

“De todos modos hay mucha gente que tiene la idea de que si van a un hospital, los van a matar y eso sucede hasta la fecha”.

“A veces llegan con mi papá y ya que los diagnostica con Covid y los manda a hacer la prueba los manda al hospital y resulta que no van porque según ellos ahí los matan”.

Y, agregó, que en el tema privado, bastante se ha dado que ahora de 10 pacientes que le llegan a su papá, ocho o nueve, son de Covid, pero obviamente ya no los atiende.

“Como te decía… primero agreden a médicos y enfermeras y luego suplican porque se les atienda”.

“Y el otro mensaje que nos ha dejado todo esto, es lo que escuché de otro médico, que el personal médico y área salud, no están matando a los pacientes; y ni el Covid; si no lo que los mata, es realmente su ignorancia”, remató.

EL DATO

Salvador Jasso Cendejas, reveló que hasta este momento, la denuncia que presentaron en la Fiscalía Regional de Uruapan, sigue sin proceder, ni rendir frutos, ya que los agresores se pasean en las calles como si nada hubiera pasado.

“Supuestamente en la Fiscalía están haciendo todo lo posible, pero no hay órdenes de aprehensión, ni se ha llamado a las personas que nos agredieron, ni nada”.

Diferentes asociaciones y sindicatos de médicos y enfermeras, estiman que, con base a sus registros, hubo al menos 23 agresiones a personal de salud, pero no descartan más.

Tres de esos casos fueron llevados ante la Fiscalía de Michoacán, donde están abiertas las carpetas de investigación, aunque uno fue el ataque a tiros a una camioneta de personal técnico de la Secretaría de Salud.

En Michoacán se modificó el Código Penal y tipificó como grave el delito de discriminación y agresiones a trabajadores del sector Salud.

El 5 de mayo del año pasado y tras los actos de violencia contra personal de salud, los diputados locales establecieron un agravante al delito de discriminación.

Ello, cuando éste se cometa contra un médico, cirujano, paramédico, enfermo, camillero o cualquier otro profesional o trabajador del sector salud, público y privado, durante una emergencia sanitaria.

Para tal efecto, el pleno de la LXXIV aprobó la adición de un tercer párrafo al artículo 180 del Código Penal del estado de Michoacán.

Los legisladores reconocieron que las agresiones cometidas contra personal sanitario que combate actualmente al Covid-19, deben ser consideradas como un riesgo potencial o una amenaza.

Consideraron que en lugar de ser vistos como medios o conductos de solución al problema, han sido atacados infundadamente por algunas personas.

Los legisladores advirtieron que detrás de los ataques está el miedo, la ansiedad y el exceso o sobreexposición a información falsa o no certera, compartida a través de redes sociales y páginas de internet.

Afirmaron que esa mala información infunde pensamientos irracionales sin sustento o motivo, pero que orillan a las personas a actuar por impulso contra lo que para ellos representa u origina el pánico.

De lo anterior, expusieron que actualmente el delito de discriminación tiene una pena de seis meses a tres años de prisión o de cincuenta a doscientos días multa y de cien a trescientos días de trabajo a favor de la comunidad.

Ahora, con la adición de un tercer párrafo al artículo 180, la pena aumentaría hasta en tres años más de prisión o de cien a ciento cincuenta días de multa.

En pleno, el Congreso del Estado advirtió de manera pública que no se tolerarán agresiones al personal de salud que arriesga su vida durante esta crisis sanitaria, reiterando así su solidaridad con los trabajadores del sector salud y sus familias.