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Paola: el lado oscuro de la vida lujosa del narco en Sonora

Ella muy bien vestida, con sus collares, anillos y bolsos de marca no levantaba sospechas de que era una “mula” de grupos criminales en Sonora

  • MARLENE VALERO / CORRESPONSAL
  • 07/12/2020
  • 20:46 hrs
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Paola: el lado oscuro de la vida lujosa del narco en Sonora
Paola, muy bien vestida, con sus collares, anillos y bolsos de marca no levantaba sospechas de que era una “mula” de grupos criminales en Sonora. Foto Especial

HERMOSILLO.- Paola no tenía nervios. Ya lo había hecho otras veces y todo había salido bien, tal como pensaba que sucedería en esta ocasión y tuvo razón: una vez más logró pasar droga de Hermosillo a Tijuana sin que los oficiales del aeropuerto se dieran cuenta.

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Ella muy bien vestida, con sus collares, anillos y bolsos de marca no levantaba sospechas de que era una “mula” de grupos criminales en Sonora.

Sin embargo, para Paola no era así. Este era un trabajo con muy buena paga, que le dejaba diversión, fiestas, viajes y lujos, con un “sueldo” de hasta 80 mil pesos en un “día ocupado”.

Una vez terminadas sus responsabilidades, la joven, en sus plenos veintes, se abocaba a hacer lo siguiente en su lista de deberes: irse de fiesta como si no hubiera un mañana.

Antros, bailes de música grupera, ‘afters’ en lugares privilegiados. Todo lo que ella quería y pedía, desde botellas de licor, hasta marihuana, metanfetaminas, heroína y cocaína.

Pero, en ese momento, Paola no sabía que esa vida de diversión la llevaría a llegar de rodillas a un centro de rehabilitación, golpeada y sucia, para suplicar por ayuda.

UNA ADOLESCENCIA SIN AMOR NI ATENCIÓN

En entrevista con La Silla Rota, Paola (nombre ficticio para proteger su identidad) relató cómo inició en el mundo de las drogas, como ella lo llama, desde que era casi una niña.

A pesar de no tener carencias materiales, sí tuvo falta de amor, cuidado y cariño por parte de sus padres, quienes se separaron cuando ella era muy pequeña. El ver a su padre marcharse de su casa le provocó una gran herida, pero también el estar sola en casa todos los días porque su madre trabajaba hasta muy tarde.

Vengo de una familia desintegrada, vengo de una familia separada. Mi mamá se quedó conmigo desde muy chica, yo tenía 8 años y la separación de mi padre me afectó mucho y eso me trajo muchos problemas de abandono. Mi mamá traía el sustento a casa, pero no tenía mucha comunicación conmigo

A los 12 años, Paola ya había probado el tabaco y el alcohol y los consumía regularmente. Ya en la adolescencia también fumaba marihuana, algo que veía “normal” y común entre sus amigos.

Ese sentimiento de abandono la llevó a querer ser parte de una familia, que encontró en estas personas. Después el camino se fue tronando más oscuro y con 15 años vendía marihuana en su secundaria.

La soledad me hacía que tuviera este tipo de entorno, porque en el mundo de las adicciones siempre estas acompañado, siempre hay fiestas, no me sentía sola, me sentía acompañada. Había una falta de afecto en mi lo buscaba en las amistades y las drogas

Cuando entró a la preparatoria, Paola era la reconocida “dealer” de la escuela que le conseguía a sus compañeros cocaína, metanfetamina, LSD, alucinógenos y algunos “medicamentos” que usaban para drogarse.

“Llegué a vender droga, llegué a transportarla, y como mujer y una adolescente se facilita más, no sabía lo que estaba haciendo. Queríamos fiesta y lo que sacas monetariamente es mucho para una adolescente, llegábamos a ganar 12 mil pesos, pero esa noche nos lo gastábamos en la fiesta”, recuerda la mujer de ahora 32 años.

MULA DE CRIMINALES Y RECLUTADORA DE ESCORTS

En sus veintes, Paola continúo con su vida de desenfreno y se profesionalizó aun más en el mundo criminal y, a la par, seguía con el consumo de drogas, cada vez más fuerte.

La joven viajaba constantemente de Hermosillo a ciudades como Tijuana, Culiacán, Mazatlán y Guadalajara con grandes cantidades de droga escondida en sus maletas.

Sin embargo, Paola no sólo transportaba sustancias de aeropuerto en aeropuerto, sino que también reclutaba a jóvenes para satisfacer las necesidades sexuales de los capos y líderes de grupos criminales.

Yo directamente no me prostituí, pero muchas veces traía chicas para que ellas hicieran ese trabajo y a mí me daban una remuneración económica por hacer eso

Así podía ganar más dinero (80 mil pesos en un día de entregas) para comprar alcohol y cocaína para irse de fiesta con sus amigos.

Estas parrandas duraban días y compraban las mejores botellas de licor, la droga más pura y la diversión más oscura. En un fin de semana, Paola y sus amigos gastaban fácil más de 30 mil pesos.

Pero en la misma magnitud que se divertía, así eran los peligros a los que se enfrentaba Paola. Estuvo en medio de megacateos en casas de seguridad donde guardaban armas y drogas, presenció tiroteos entre grupos antagónicos y estuvo a nada de ser arrestada.

Estando en el mundo de la adicción te metes más en problemas, en ponerte en riesgo. Estuve envuelta en problemas de cateos, de mafia, de tiroteos, en el mundo del tráfico y la venta de drogas

LA OSCURIDAD ALCANZÓ A PAOLA

Antes de entrar de lleno a la mafia, Paola llevaba una doble vida. Por un lado estaba su vida nocturna y consumo de drogas, y por otra trabajaba como asistente educativo en una escuela de Hermosillo.

Aunque intentó llevar las dos, sin que se cruzaran, llegó el punto de quiebre. Ahora la diversión era su forma de vida y no sólo por las noches.

“Al principio era de fiesta, yo la controlo, no pasa nada. Estaba trabajando, tenía una carrera de asistente educativa y empecé a faltar al trabajo, empecé con problemas laborales, llegué sustanciada al trabajo, tenía problemas familiares graves… iba desapareciendo”, describe ese pasaje de su vida.

Ella ya tenía 25 años, se había casado y tenía pequeña una hija, pero el consumo de cocaína la llevó a perder todo.

Su esposo se alejó de ella y con él se fue su niña. Ahí fue el punto de quiebre. Ya comenzaba sus días con una botella de alcohol y cigarros, le seguía con marihuana, después cocaína, le mezclaba pastillas y en ocasiones heroína.

Mi maternidad se vio afectada, en todos los ámbitos. Me dejé de hacer responsable de ella, yo creo que los primeros años de su vida no los viví con ella

A pesar de su problema, ningún familiar pudo o quiso apoyarla en su adicción o para buscar su rehabilitación.

Mi familia no se involucró para nada durante todos mis años de consumo, sabían que tenía un problema, pero nadie se acercó conmigo, me veían normal, como Paola la alegre, la fiestera, que siempre levantaba el ánimo en la casa

Sola, comenzó a consumir con más y más frecuencia, todos los días. Como ya no era funcional para sus empleadores de la mafia, también la desecharon.

Me aparté del mundo nocturno porque mi adicción era tan fuerte que yo nada más quería consumir, no quería ni arreglarme, solo quería consumir. En casa consumía todos los días y tenía a mis dealers personales que me llevaban droga, en mi casa era todos los días drogas y alcohol

Después de algún tiempo así, sin trabajo ni dinero, Paola no tenía con qué comprar más sustancia, por lo que llegó hasta amenazar de muerte a los vendedores para conseguir una dosis.

En todo este episodio, Paola intentó quitarse la vida en tres ocasiones, ya no soportaba llevar ese problema y la angustia que le causaba.

DE LA MUERTE A LA RESURRECCIÓN

Con el rostro y cuerpo golpeado, una ropa de más de tres días y su cabello revoloteado y sucio llegó Paola a las a las oficinas del Consejo Estatal Contra las Adicciones, donde rogó por ayuda a sus 29 años.

La última vez que Paola trató de suicidarse, algo cambió en su mente y corazón, quiso dejar atrás la vida dependiente a las drogas.

“Era tanto mi dolor, mi angustia y mi adicción que yo comprendí que estaba haciéndome daño a mí y a mi familia. No pude más y en mi último intento de suicidio que fui a CECA a pedir ayuda, fue mi primer paso para mi rehabilitación. Literal llegué a gritos pidiendo ayuda”, suspiró al terminar la oración.

Las personas que la recibieron la orientaron y le otorgaron una beca para que se internara en una clínica de rehabilitación para mujeres, donde permaneció más de 4 semanas.

Cuando salí, los de CECA no me soltaron la mano. Y ellos me siguieron apoyando con grupos de autoayuda y personalmente yendo a mi casa, a pesar de que no era su labor

Con este apoyo, Paola ya tiene dos años sin consumir drogas y ahora cuenta su experiencia de vida a otras personas con el mismo problema: fue contratada como consejera contra las adicciones en Sonora.

Me dedico a compartir el mensaje de mi vivencia personal, a motivar a otras personas a compartir con los demás mi experiencia de vida. Nunca pensé que me iba a dedicar a ser consejera de adiciones

Sin embargo, ella considera que aún falta mucho por hacer en la materia, en especial a la atención especializada en mujeres, ya que, de 30 centros para hombres, sólo cinco son para ellas. Por lo que instó a dejar de ignorar el problema y apoyar a las mujeres adictas.

“Es una enfermedad, tiene que tomar conciencia la sociedad, no que las señalen, las juzguen, que no las maltraten, que así como me ayudaron a mí, ayuden a otras también”.