METRÓPOLI

“Nos criminalizan más por ser ambulantes e indígenas”

Los comerciantes ambulantes del Edomex exigen ser reconocidos como trabajadores no asalariados y, así, acceder a financiamientos para adquirir viviendas

  • SHARENII GUZMÁN
  • 23/12/2018
  • 00:00 hrs
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“Nos criminalizan más por ser ambulantes e indígenas”
Indígenas denuncian la discriminación que viven al cumplir su trabajo (Especial)

Alberta Vicente es una indígena mazahua del pueblo San Simón del Estado de México. Ella vende artesanías y ropa en la calle 16 de septiembre. Comenta que cada vez es más común que policías capitalinos levanten los puestos y los remitan al juez cívico.

Cuando nos detienen se llevan nuestras cosas. A veces nos regresan algo y en otras ocasiones nada. Se quedan con la mercancía y todavía les tenemos que pagar una multa de 300 pesos para que no nos lleven al torito 24 horas”.

Comerciantes de la vía pública del Centro Histórico denuncian un incremento en la criminalización en los últimos tres años.

En tanto, líderes de comerciantes entregaron al Congreso de la Ciudad de México una propuesta para regularizar a 25 mil vendedores ambulantes, incluidos tianguistas, vagoneros y toreros.

También pidieron ser considerados en el reconocimiento a trabajadores no asalariados que dicta la Constitución local, así como la creación del Instituto de Economía y Seguridad Social, en el que puedan acceder a financiamientos para adquirir viviendas.

Según datos del Sistema de Comercio en Vía Pública (Siscovip), hay 109 mil 186 vendedores autorizados para operar en la calle. Sin embargo, no cuentan con seguridad social ni prestaciones de ley.

Alberta tiene 33 años de edad y 20 de vivir en la ciudad. Desde niña ha trabajado, por eso no terminó sus estudios. “Venimos a la ciudad a trabajar, porque allá en el pueblo no hay oportunidad. Soy comerciante desde que tenía 12 años”. 

Ahora mantiene a sus hijos y les provee de herramientas para que vayan a la escuela, algo que ella no pudo hacer. Incluso la mayoría de los días los deja en su casa y no los expone a los riesgos de la calle.

Toda su familia es comerciante, empezando por su mamá y sus siete hermanos. Desde que migraron a la ciudad trabajan en las calles del Centro Histórico y durante ese tiempo no recuerda alguna otra época en la que fueran tan criminalizados por la policía como ahora. 

No nos están dejando trabajar. Nos levantan los policías. Aún así vemos formas de vender los suéteres que hacemos. Nos levantamos y luego nos volvemos a poner. Lo que queremos es estar en (la calle) 16 de septiembre, porque ahí es donde vendemos más el producto, por todo el turista que viene al centro”.

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Alberta sabe que por su condición indígena, la discriminan más. “Hace un año un policía nos dijo que por qué habíamos salido de nuestro pueblo, que mejor nos hubiéramos quedado allá y por qué veníamos a invadir.

Patricia Vicente, hermana de Alberta, también es comerciante en la vía pública. Ha sufrido en carne propia el mal trato de algunos uniformados por vender en la calle, principalmente en los últimos años. Aunque también reconoce que hay policías que las respetan e incluso no les dicen nada cuando las ven con la mercancía.

Como somos indígenas y mazahuas nos critican más. No sabemos leer ni escribir y más nos dicen de cosas. Pero así seguimos y le buscamos. No nos vamos ir porque de aquí sale lo que comemos, para mandar a nuestros hijos a la escuela. Nosotros no tuvimos estudio, y eso es lo que no queremos para ellos”.

A Patricia ya la llevaron al juez cívico y como no en esa ocasión no tenía dinero porque apenas empezaba a vender en el día, no pudo pagar la multa y estuvo 24 horas detenida.

Hace tres años cuando empezaron a ponerse muy pesados me llevaron y ahí estuve todo un día. A veces si nos tratan feo aunque estén los niños, mejor los dejamos en casa para que vayan a la escuela. Los hacemos que cumplan con sus estudios para que no pasen lo que uno y no estén como nosotras siempre en la calle”.

La Encuesta sobre Discriminación en la Ciudad de México 2017, realizada por el Consejo para Prevenir la Discriminación (Copred), arroja que el grupo que más sufre esta práctica es el indígena con el 17. 9%.

El nivel educativo es la primera causal de discriminación, seguido de la preferencia u orientación sexual, el color de piel, la pobreza y tener alguna discapacidad. En 14 de 16 delegaciones destacan las personas indígenas como el grupo de población con la percepción más alta de discriminación.

Los testimonios revelan que la discriminación tiene existencia principalmente en espacios públicos, toda vez que se reconoce a la calle y al trabajo como los principales sitios donde se les discrimina, seguido de la escuela, el transporte y las instituciones públicas", dice la Encuesta.

“Les doy 150 pesos a la territorial para que no me lleven”

Angélica Dionisio Pérez es madre soltera y vende en la vía pública desde que tenía 10 años, ahora cuenta con 41 y después de mucho esfuerzo logró ingresar a la UNAM donde estudia la carrera de derecho penal. “Mi familia y yo hemos vivimos muchas injusticias, por eso me estoy preparando para defendernos”.

Hace seis meses se cambió a vivir al callejón Del 57 casi esquina Donceles en el Centro Histórico. Sacó una mesita y empezó a vender dulces y cigarros en la puerta del edificio. El día que se instaló fue muy complicado. “Todos llegaron a quererme quitar”.

Primero unas personas se acercaron. Dijeron ser vecinos y luego comerciantes. Le aseguraron que no podía vender ahí. Los ignoró. Después llegaron unos policías de la territorial de Cuauhtémoc, le pidieron lo mismo y la amenazaron con que se la llevarían a juez cívico. Metió su pequeño puesto y la dejaron en paz. Al final del día, unos “chavos armados” le advirtieron de lo que le podía ocurrir sino pagaba una cuota.

Señala que antes pertenecía a la agrupación de la comerciante y política, Alejandra Barrios, sin embargo tuvo problemas con unos líderes y se salió. Ahora es independiente y se resiste a pagar cuota. No obstante tuvo que ceder para que no la molestaran, aunque prefirió pagarles a unos policías de la territorial.

Si nos les damos a la terriotorial, nos mandan a los de vía pública y nos quitan automáticamente, y nos vamos a descansar 24 horas al torito. Yo prefiero darles y les doy 150 pesos. Estoy desde la 7 de la noche a las 2 de la mañana. Si yo me quedaría más tiempo, sería más lana”.

cmo