Jovan Azarel, la novena víctima del domingo ‘rojo’ en Nochixtlán

Un joven de 18 años, de profesión mecánico y que no tenía nada que ver con el conflicto magisterial

ALONDRA OLIVERA/ CORRESPONSAL 21/06/2016 06:11 p.m.

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OAXACA (La Silla Rota).- Jovan Azarel Galán Mendoza, tenía apenas 18 años, su sueño era montar un taller mecánico, pero quedó truncado el pasado 19 de junio, el domingo “rojo” en Oaxaca. Una bala le atravesó el pulmón y el corazón.

Azarel es la víctima número 9 del conflicto magisterial en la entidad no reconocida. Hasta el momento oficialmente hay 8 muertos y 108 heridos, todos durante la refriega que se registró en Nochixtlán.

Javier Alejandro Galán Ruíz, padre, no concibe lo que pasó, “él no estaba participando en las protestas, no era activista, solo estaba ahí, me dicen que fue una bala perdida pero no lo creo, la bala fue certera: directo al pulmón y el corazón”.

Frente a la pérdida de su hijo manifestó coraje, impotencia y dolor porque Jovan fue una víctima colateral del conflicto magisterial en la entidad. El joven era un simple observador del choque entre maestros y policías  sobre la carretera federal 190 a la altura de la colonia la Joya, durante el ingreso de los federales a la capital oaxaqueña.

En la vivienda de la colonia Santa Rosa, de condición económica estable, hay una modulo blanco con mesas vacías; en el acceso de la fachada color vino y puerta negra un moño blanco, del lado izquierdo un pequeño cuartito con un féretro blanco. Sobre él dos  aerosoles, un plumón y varias plantillas. Le gustaba pintar.

En el piso, pegado al ataúd una fotografía de un joven de tez moreno claro,  a plena vista  delgado, serio y un mirada templada, así era Jovan Azarel.

Javier Santiago relató que el domingo 19 de junio se enteró por la muerte de su hijo vía mensaje de WhatsApp; en un grupo colectivo de  chat de padres de familia en el celular de su esposa circuló la imagen del joven caído, su sorpresa fue más grande cuando se percataron que se trataba de su hijo.

De inmediato rompe en llanto, ‘me quitaron algo que no me van a devolver con nada, todo por un conflicto entre el gobierno y los maestros’.

Chofer de una camioneta repartidora de agua, con un salario que le alcanza a subsistir y mantener a sus esposa y dos hijos más, cuenta que Azarel se encontraba con el resto de sus compañeros de trabajo, uno de ellos el hijo del dueño del taller de transmisión de autos AMCO, que se ubica sobre la colonia la Joya, el punto de la refriega más álgida entre manifestantes y policías, ahí cayó el joven producto de una bala supuestamente perdida.

De inmediato lo auxiliaron pero no salvó  la vida. Hacía tres años que el mecánico se había independizado de sus papás y vivía con sus amigos en la agencia de Pueblo Nuevo. Tenía la ilusión de poner su propio taller mecánico, “ayer vino el hermano de su jefe y me trajo una alcancía donde estaba ahorrando, me había dicho: jefe tengo ilusión de poner mi taller porque ya le agarré  la onda al trabajo y le estoy echando ganas”.

Agrega que su hijo era alegre, buena persona, respetuoso y le caía bien a la gente. El domingo  previo a su muerte había llevado a la casa de sus papás a su novia por primera vez, ese día convivieron, salieron al mercado y a dar una vuelta. Fue prácticamente el adiós.

Don Javier no está ni a favor ni en contra del gobierno y los maestros; exige que se arreglen los problemas porque Oaxaca está muy mal.

'Por una parte a simple vista parece que los maestros quieren hacer lo que quieren y el gobierno no los deja, si el magisterio grita el gobierno responde más fuerte; las consecuencias son estas, tantos muertos en el estado y uno de ellos mi hijo, tenía todo una vida por delante y se la quitaron  por un conflicto en el que nada tenía que ver'.

Pidió al gobierno y a los maestros arreglar sus problemas, ‘porque están afectado a terceros, ya no vivimos tranquilos, no podemos circular libremente por las calles, hay mucha inseguridad, donde quiera que vayas hay lonas  con leyendas: cuidado ratas que te estamos vigilando”.

Tenemos  un gobierno que debe gobernar,  pero no con mano dura, finaliza.

Azarel fue sepultado en el panteón de San Jacinto Amilpas, ahí descansa ahora la víctima número nueve de un domingo “rojo” que vivió Oaxaca.

maaz


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