ESTADOS

Familias de Jiquipilas, golpeadas por el terremoto del 7S y covid-19

A tres años del sismo del 7 de septiembre, familias de la comunidad Quintana Roo, municipio de Jiquipilas, siguen esperando apoyos federales

  • CHRISTIAN GONZÁLEZ/CORRESPONSAL
  • 14/09/2020
  • 22:01 hrs
  • Escuchar
Familias de Jiquipilas, golpeadas por el terremoto del 7S y covid-19
A tres años del sismo del 7 de septiembre, familias de la comunidad Quintana Roo, municipio de Jiquipilas, siguen esperando apoyos federales para la reconstrucción de sus viviendas. Foto Christian González

JIQUIPILAS.- Velkis Caballero Cinco sostiene el folio marcado con el número 2929 que, hace casi 3 años, le entregó la Sedatu en la puerta de lo que quedó de su casa, tras el terremoto de magnitud 8.2 del pasado 7 de septiembre de 2017, en la comunidad Quintana Roo, municipio de Jiquipilas. Hasta la fecha, aún espera que le entreguen los 120 mil pesos prometidos para "levantarla".

También lee: "Quieren dejar morir a niños con cáncer", padres de familia en Chiapas

En la actualidad, ante la pandemia que ya se prolongó por más de 5 meses, la joven madre no ha podido "inyectar" recursos a su hogar producto de su trabajo: una jornada de sol a sol, al menos 3 o 4 veces a la semana, en las cosechas de cacahuate o maíz o tomate o pepino o estevia de su tierra natal, por lo cual le pagan, al día, máximo 100 pesos.

Por si esto fuera poco, se las "ve más negras" porque uno de sus hijos, Luis Eduardo Montejo, de 20 años de edad, está prácticamente postrado en una silla o en su cama porque desde el año y medio de vida padece epilepsia y retraso sicomotor, así que lo que obtiene su esposo Edilberto Montejo en un día, de la agricultura, apenas les alcanza para cubrir algunas necesidades, como los paquetes de pañales especiales que utiliza su vástago.

"Algo que nos ayuda un poco es que nos dan el apoyo para discapacitados, como 2 mil 500 pesos bimestrales, y pues de ahí echamos mano, pero ni así alcanza", confiesa quien, de repente, recuerda que los gastos del hogar abarcan más servicios como el agua y la luz.

Si bien les va, en un día ella, su cónyuge y sus hijos comen pollo, pero la dieta diaria de su familia está basada en sopas y frijoles, pues tienen que tener al menos 300 pesos para medicinas y pañales, cada 7 días, para Luis, quien además tiene que ser trasladado a la cabecera municipal de Jiquipilas para sus terapias en el Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF).

Por el momento, su cuñado les presta un pequeño cuarto para que pasen las noches, debido a que el techo de su casa está a punto de desplomarse y, con las lluvias, el agua se filtra por todos lados y el riesgo es mayúsculo.

EPN, LA GAVIOTA Y LAS FALSAS ESPERANZAS

A esta localidad, fundada hace 11 décadas y ubicada en la región Centro del estado —a hora y cuarto de camino de la capital—, llegaron en dos ocasiones el exmandatario Enrique Peña Nieto y su entonces esposa y primera dama, la actriz Angélica Rivera. Recorrieron las calles cubiertas de polvo y, de paso, destinaron tarjetas con cantidades desde los 15 mil hasta más de 100 mil pesos que, según ellos, podrían disfrutar los damnificados de ese evento.

Quintana Roo, cuya más del 70 por ciento de su población vive en pobreza (según el Coneval), fue una de las localidades más afectadas de la entidad, con más de 5 mil casas afectadas, de las cuales 896 resultaron con pérdida total, 2 mil 900 con daños parciales y otras mil 347 inhabitables.

Sin embargo, la mayoría se quedó en espera o simplemente no aparecía en el sistema o padrón de la Sedatu, en ese entonces dirigida a nivel nacional por la hoy reclusa Rosario Robles Berlanga, acusada, entre otros delitos, por desvío de recursos.

Como se informó en su momento, de ese movimiento telúrico resultaron afectadas cerca de 60 mil viviendas de 97 municipios de Chiapas, aunque la parte oficial recortó la cifra: la dejó en 46 mil 546 casas "laceradas".

CONAVI, LA VELA SE ENCIENDE DE NUEVO

Jesús Velázquez espera ansioso al reportero de La Silla Rota, a quien le externa su preocupación por las condiciones en las que se mantiene su vivienda de adobe, agrietada y con piso de tierra. Hace un mes, cuenta, personal de la Conavi le prometió recursos para mejorarla. A cambio, él les dio su identificación del INE, la CURP y una copia de su propiedad.

Sin embargo, teme que le cuenten la misma historia de hace 3 años, cuando a él, a sus 6 hermanos, un sobrino y a sus padres (todos dedicados al campo) les ofrecieron 100 mil para fincar otra propiedad y el dinero nunca les cayó en las manos.

Se deprime aún más porque, con la llegada de la covid-19, los 50 pesos diarios que obtiene por su labor como parte del personal de limpieza en el centro de salud de ese lugar, apenas le alcanza para comer, lo que lo orilló a truncar su carrera en línea sobre Recursos Humanos en una universidad particular de Tuxtla Gutiérrez, la capital chiapaneca.

Jesús enseña su hogar, en donde viven hacinados. Una de las ventajas, según él, es que tienen criadero de pollos, lo que les sirve de alimento de vez en cuando, pues, como en otras familias, su principal alimento es el frijol.

Para ellos no hay espacio libre de humo, debido a que tienen un fogón casi adentro de su vivienda, en donde cocinan sus alimentos, "pero estamos acostumbrados, tanto que ni el covid nos ha pegado (sic)", dice.

De acuerdo con información oficial, apenas en julio pasado la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano, a través de la Conavi, identificó en diferentes municipios del estado 671 viviendas dañadas por los sismos de 2017 que son susceptibles de atención con la aplicación del Programa Nacional de Reconstrucción (PNR).

Por ello, Jesús no pierde las esperanzas de ser parte de ese nuevo padrón, "eso sí, si nos vuelven a fallar, a la otra los mandamos a la fregada, que ya no vuelvan", amaga el joven de cabellera larga y complexión delgada.

CANDELARIA: DESGRACIA TRAS DESGRACIA

María Candelaria Escobar Flores es otra de las madres de familia de Quintana Roo, Jiquipilas, que ya perdió las esperanzas de obtener, aunque sea, una lámina para el techo del jacal donde descansa su hijo, quien quedó paralítico meses antes del sismo de 2017.

A esta mujer de 56 años de vida le ha caído desgracia tras desgracia, primero, por lo ocurrido con su hijo en un accidente en Monterrey, Nuevo León, donde él estudiaba Derecho, luego con el aviso de emergencia de que el movimiento telúrico tiró su casa y, para colmo, una pandemia por SARS COV-2 que, de igual forma, le impide buscar el "pan de cada día" en casa de sus vecinos, donde lava ropa, plancha o hace algunos mandados para ganarse, por lo menos, de 30 a 50 pesos diarios.

Tanta es su "mala suerte", dice, que hace poco pasaron trabajadores de gobierno para entregar despensas como parte de la contingencia sanitaria, pero tampoco recibió nada, a pesar de que sí entregó su credencial de elector, requisito según indispensable para ser beneficiaria.

Hasta hace unos meses, por medio de su hija, fincó un espacio de casi 50 metros cuadrados que carece de repello, mosaicos, ventanas y puertas. El dinero, como a otras familias de su pueblo, tampoco les alcanza, y más porque Ubaldo Gil Escobar, su hijo, requiere también de pañales y terapias porque está impedido en una silla de ruedas. A diferencia de Luis Eduardo, hijo de Velkis, este joven de 26 años no recibe ni un solo apoyo gubernamental.

De hecho, él consiguió un empleo en el actual Ayuntamiento, encabezado por el alcalde Carlos Manuel Calvo Martínez, pero a inicios de la pandemia lo mandaron a su casa como una supuesta medida de seguridad y, desde entonces, no recibe un solo peso. Solo para sus pañales, Ubaldo necesita poco más de 2 mil pesos mensuales.

Pese al gris panorama y al poco dinero que ingresa su papá por machetear el monte o dedicarse a la agricultura, hoy se dedica a instruir a sobrinos y hasta vecinos que cursan la primaria. Con esfuerzo, hace apenas unas semanas contrató internet y, con ello, envía las tareas de sus pupilos a sus respectivos maestros o maestras.

Doña Candelaria se toca, con su mano derecha, la parte del abdomen: apenas hace dos meses la operaron de la vesícula, pero para ello tuvo que echar mano de un recurso, obtenido de la cosecha del año y del trabajo de dos de sus hijos que radican en otros estados, para pagar por esa cirugía. De nuevo se quedaron de brazos cruzados, sin un quinto y con una deuda de 20 mil pesos.

De acuerdo con su versión, desde que la desgracia "los atrapó" no solo a ella sino a los siete integrantes de su familia, la solidaridad de sus conocidos no se ha hecho esperar: algunos les mandan comida, otros pañales u otras cosas que necesitan y los ayuda a sobrevivir.

"No compramos tortilla, está muy caro el kilo, por eso mejor la hago con maseca, me sale más barato y aparte me rinde más", revela quien, de igual forma, está cansada de que, a pesar de lo que ha padecido, hoy no reciba ayuda de los tres órdenes de gobierno. "Estamos solos", lamenta quien, por fortuna, tiene un pozo de agua, por lo que solo tiene que juntar de 200 o hasta 300 pesos al mes para pagar por el servicio de energía eléctrica.

A pesar de estar agobiador por la covid-19, Velkis Caballero, de nueva cuenta, lamenta que no haya apoyo del gobierno, "pero eso sí, nos solicitan la credencial de elector, u otros papeles, y así nos traen, con largas y más largas".

"GRACIAS A DIOS LA HEMOS LIBRADO CON EL CORONAVIRUS"

María Antonia Morales Cruz, su esposo y 4 hijos se mudaron desde hace como dos años a la casa de su madre, Hercilia Cruz Luna, porque su vivienda está dañada desde el sismo de 2017. Sin embargo, como en otros casos, tampoco les ofrecieron un apoyo, es decir no la empadronaron para la reconstrucción.

Inclusive, hace poco también fueron visitadas por personal de la Conavi, mismo que les prometió que, en breve, saldría un recurso para ellas. Pero la situación se complica aún más con la pandemia, pues el recurso que perciben es mínimo comparado con sus necesidades.

"Gracias a Dios la hemos librado con el coronavirus, pero de ahí no podemos hacer más, ni chambear, y no tengo ni ingresos para hacer pan, la otra actividad que hago para sacar un poquito más", confiesa la jiquipilteca quien, como no puede acudir al campo para ganarse unos pesos por la "pisca", atiende a sus hijos en sus clases que, para este ciclo escolar, las reciben por televisión abierta.

Una parte del techo de su vivienda de adobe, la cual también presenta cuarteaduras de gran tamaño, es sostenido por una especie de viga reforzada, porque en cualquier momento se derrumbaría. "Tenemos la esperanza de que Conavi nos dé ese recurso, porque ya nos censaron", advierte por su lado Hercilia.

Mientras tanto, los alimentos de cada día se integran, básicamente, por frijoles y tortillas, pero tiene que contar con otros 13 pesos cada tercer día para recargar su teléfono celular y poder enviar las actividades y tares de sus pequeños.

De acuerdo con los más afectados, la repartición de los recursos para reconstrucción no ha sido equitativa, a tal grado de que hay personas, como el exagente municipal que, por cierto, murió de covid-19, se favoreció con varias viviendas, cuando hay decenas de personas que esperan el apoyo con ansias porque perdieron todo su patrimonio.

En septiembre de 2018, la misma titular de la Sedatu, Rosario Robles aseguró que más del 80% de las viviendas afectadas por el sismo del 7 de septiembre estaba en proceso de reconstrucción, y que incluso se habían destinado apoyos a 63 mil 986 personas en Oaxaca y a más de 45 mil en Chiapas

Es decir, advirtió ene se entonces que casi el 97 de las familias de ambas entidades recibieron los apoyos del gobierno de la República. "Solo faltan alrededor de 600 familias que, por diversas razones, aún no son localizadas", señaló en ese entonces.