Efecto Bukele: las maras, el ejército de los cárteles en Tijuana

Efecto Bukele: las maras, el ejército de los cárteles en Tijuana

Pandillas como la Mara Salvatrucha, la Mafia Mexicana, Los Sureños y Los Norteños conviven y delinquen juntos, como no lo harían fuera de México

ESTADOS
  • EDUARDO RUBIO / CORRESPONSAL
  • 26/04/2022
  • 06:51 p.m. hrs
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TIJUANA.- No hace ni dos años que un par de pandilleros llegaron a la oficina de Víctor Clark Alfaro, un académico y defensor de derechos humanos que gracias a su actividad profesional ha tratado de cerca con traficantes de personas, sexoservidoras y otros grupos marginados en la zona de tolerancia de Tijuana, apenas cruzando la frontera con Estados Unidos.

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La primera reacción del profesor de la Universidad de San Diego, que hace más de una década recibió protección de las autoridades con un escolta personal, fue de temor ante los dos hombres, completamente tatuados, que veía del otro lado de la reja de su lugar de trabajo en un céntrico conjunto de edificios habitacionales.

Pero luego, lo que llamó su atención es que pertenecían a grupos distintos y corroboró que, en Tijuana, los miembros de pandillas como la Mara Salvatrucha, la Mafia Mexicana, Los Sureños y Los Norteños conviven y delinquen juntos como no lo harían fuera de México, donde mantienen rivalidades a muerte.


Aquí, en Tijuana, organizarse como grupos independientes y pelear entre ellos podría significar su sentencia de muerte ante el poder violento del crimen organizado, de los cárteles de las drogas.

Parece ser una regla no escrita de los cárteles, de prohibirles ese tipo de enfrentamientos (...) son los soldados de a pie de los cárteles de las drogas”, afirma el profesor Víctor Clark

 

PANDILLEROS, DESDE LA ERA DE LOS ARELLANO FÉLIX

La actividad criminal de los pandilleros tiene historial en Tijuana, Baja California, desde que el Cártel Arellano Félix (CAF), se valió del Barrio Logan en San Diego, California, para formar sus células de asesinos a sueldo.

Actualmente, esa práctica, con algunos cambios, permanece. Clark dice que, hasta antes de la pandemia, un 30% de las deportaciones eran de integrantes de pandillas y estas “han sido de un enorme beneficio para los cárteles de las drogas”.


Porque son hombres que llegaron ilegalmente a Estados Unidos con sus padres cuando eran muy niños, y se formaron en la clandestinidad de los barrios populares y problemáticos de California.

Se han convertido en la reserva de mano de obra barata y desechable de los cárteles que operan en Tijuana por varias circunstancias. Primero, saben del uso de las armas, todos ya vienen entrenados. Conocen el negocio de las drogas, algunos trabajaban para distintos cárteles porque es lo que hacen allá en la distribución de droga en las calles. Hablan inglés y español o espanglish, y tienen contacto con sus grupos del lado americano”, explica Clark Alfaro


En general, agrega, los pandilleros son asesinos a sueldo, cocineros de metanfetamina, halcones, correos para mover droga o narcomenudistas. 

“Empleados de poca monta”, asegura, sin descontar que siempre reciben órdenes y no tienen control sobre ninguna estructura. 

LOS MARAS Y LAS EXTORSIONES

Con las caravanas de centroamericanos que llegaron entre 2018 y 2019 a Tijuana, y ahora con la política del presidente Nayib Bukele en El Salvador contra la Mara Salvatrucha, el nombre de esta pandilla cobró nueva vigencia en la ciudad fronteriza.

“Hay (maras), pero no les han permitido prosperar”, admitió un integrante del Comité Ciudadano de Seguridad Pública de Tijuana a La Silla Rota, consultado sobre la presencia de estos pandilleros y las versiones de que estarían detrás de extorsiones y el cobro de piso.

Aunque para actuar por su cuenta, dijo el integrante del Comité, tendrían que hacerlo en delitos “por separado”, para salir “del ojo de inspección de los cárteles”.

Algo parecido dice Armando (nombre ficticio), un ex traficante de personas contactado vía telefónica a través de Víctor Clark.

Afirma que hace tres años llegaron algunos pandilleros en la oleada de más de seis mil migrantes centroamericanos e, incluso, tuvieron presencia en el campamento formado por solicitantes de asilo en la garita El Chaparral.

Sin embargo, asegura que le sirven igual al Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), que se ha asentado con fuerza en Tijuana, como a cualquier otro grupo criminal.

“Los mandan, nunca van a ser independientes (...) luego, luego, los matan si hacen eso”, dijo el ex traficante de personas.

Las víctimas de extorsión y de cobro de piso, por otro lado, no hablan abiertamente de su experiencia, aunque empresarios, comerciantes y los comités de seguridad ya lo plantearon durante una reunión privada con el Ejército y la Guardia Nacional.

“Una de las mayores quejas del sector empresarial en fechas recientes han sido las extorsiones y cobros de piso”, dijo en comunicado el Consejo Coordinador Empresarial (CCE), organismo que concentra 75 cámaras empresariales de Baja California.

Iván Carpio Sánchez, fiscal general en Baja California, dice que no tiene ningún antecedente, y si lo hubiera serían excepciones a la regla. Por eso, al momento “no hay alarma activada porque haya conocimiento preciso de pandilleros”.

También ve muy difícil que la embestida de Nayib Bukele empuje a las maras hasta esta frontera norte sin que las autoridades mexicanas los detengan.

“Nada es imposible, pero lo vemos improbable (...) por información que a veces llega de forma diversa a las instituciones de seguridad, se advierte de la planeación de grupos de llevar a cabo ese tipo de migraciones, pero nunca se han comprobado”, respondió el fiscal.

“NO SON NADA

En las calles, la idea es muy parecida en cuanto a pandilleros delinquiendo sin rendir cuentas al crimen organizado.

“Yo lo que he escuchado es que aquí no son nada”, dijo una salvadoreña columpiándose de una puerta abierta en el albergue Juventud 2000, un refugio ubicado en la colonia Zona Norte de Tijuana, donde familias centroamericanas pasan los días con la esperanza de pedir asilo en Estados Unidos.

Otra de esas madres salvadoreñas, con apenas 15 días en Tijuana, respondió que ocasionalmente hablan sobre las medidas del presidente Bukele en contra de las pandillas y se preguntan si eso provocará su movilización desde El Salvador.

“Según lo que se ha oído, sí (...) unos no aguantan y han querido emigrar”, comentó en entrevista concedida con la condición de no dar su nombre.

“Algo de temor porque uno ya viene de vivir eso, de pasar eso”, agregó sobre su sentimiento ante la posibilidad de reencontrarse con la violencia de la que huyen de El Salvador.

Esa posibilidad es incierta para algunos activistas, como José María García Lara, director del albergue Juventud 2000 y coordinador de la Alianza Migrante.

Se escucha y la verdad es que no sabemos si alcancen a llegar hasta el norte


“Chema”, como es conocido, sabe que los pandilleros se convierten fácilmente en “carne de cañón” para los cárteles, sobre todo en una colonia como Zona Norte, donde los hogares y una docena de albergues para migrantes conviven muy cerca de los bares, la prostitución, el tráfico de personas y la venta de drogas.

En ese ambiente, dejar atrás una vida de crimen es muy complicado hasta para quienes huyen de Centroamérica, cuando su cabeza tiene precio por intentar alejarse de la pandilla.

“Buscan asilo. Si no lo logran, ya saben cómo cruzarse”, agregó el director del albergue que pide a las autoridades mexicanas no permitir el paso de personas con antecedentes criminales graves.

LOS NUEVOS RECLUTAS

Otra cosa que ha cambiado de los años en que el Cártel de los Arellano Félix traía a sus pistoleros de las pandillas de Estados Unidos, es que sus miembros llevan menos tatuajes, porque eso los vuelve vulnerables.

Una de las mujeres salvadoreñas entrevistadas en el refugio de migrantes dice que lo mismo sucede con las maras, algo que reafirma el académico Víctor Clark y lo atribuye a que la tinta en la piel los margina.

Muchos ya no vienen tatuados, sí es cierto. Claro, la gente los detecta por los usos y costumbres. La policía los detecta también a la hora de caminar, de hablar (...) Aparte de ser altamente discriminados y estigmatizados, su futuro no es muy brillante porque aquí casi nadie les da empleo


Hay quienes conseguirán trabajo en alguno de los `Call Center´ de la ciudad, pero ni hay suficientes espacios para todos los deportados, ni les dan el dinero que estaban acostumbrados a ganar en Estados Unidos.

Eso, agregó el profesor universitario, necesariamente lleva a los integrantes de cualquier pandilla a las filas del crimen organizado en Tijuana.

¿Trabajan para ellos? Sí. Pero que haya grupos independientes que por su cuenta se estén moviendo, aquí no lo permitirían los cárteles, que son los que tienen el monopolio de la violencia y de la droga en Tijuana. No, porque se les va a salir de las manos


 

 

 

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