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Desaparecidos: “con el tiempo una aprende a detectar el olor a muerto"

En el país hay al menos 73,201 personas que se encuentran desaparecidas desde 2006; La Silla Rota presenta historias de desaparecidos en 4 estados del norte

  • MARLENE VALERO, DAVID CASAS, ARNOLDO GARCÍA Y EDUARDO RUBIO
  • 29/08/2020
  • 20:00 hrs
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Desaparecidos: “con el tiempo una aprende a detectar el olor a muerto
En el país hay al menos 73,201 personas que se encuentran desaparecidas desde 2006; La Silla Rota presenta historias de desaparecidos en cuatro estados del norte. Foto Marlene Valero

Sin importar la búsqueda constante de miles de familias, en el país hay al menos 73 mil 201 personas que se encuentran desaparecidas. Una cifra que, aunque es confirmada por las autoridades, aún se mantiene un subregistro por la falta de información de algunos estados.

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La cifra se contempla desde 2006, cuando el expresidente Felipe Calderón declaró una guerra en el país supuestamente contra el crimen organizado. Antes de ese año, sólo se tenían contabilizadas 1 mil 523 desaparecidos, según ha dicho el subsecretario de Derechos Humanos, Alejandro Encinas.

Pero para las familias, esta cifra no se reduce a números. Son también miles de ellos quienes salen todos los días en busca de sus seres queridos, para encontrarlos vivos o muertos.

Aunque la desaparición de personas no ha sido exclusiva de una región del país, en el norte, predominan las familias que han dejado su vida para encontrar a sus seres queridos víctimas de la violencia y la impunidad que se ha dejado crecer en el país en los últimos años.

En el marco del Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas, familiares de desaparecidos de Sonora, Baja California, Tamaulipas y Nuevo León, estados que se han visto azotados por la violencia, han contado a La Silla Rota la experiencia de buscar a la gente que han dejado de buscar las mismas autoridades.

CECI, UNA MADRE QUE APRENDIÓ A DETECTAR EL OLOR A MUERTO

“Empecé yo sola a buscar a mis hijos en el monte, en el único lugar a donde te dan a entender que están, cuando se los llevan así”, comienza a relatar Ceci Patricia Flores, la fundadora del colectivo Madres Buscadoras de Sonora.

La oriunda de Sinaloa, pero adoptada por todos los familiares de desaparecidos en Sonora, recuerda el día que se enteró de la noticia de que hombres armados se llevaron a su hijo Alejando de 21 años.

Era 30 de octubre de 2015, en la ciudad de Los Mochis y desde ese día su corazón se detuvo, “murió en vida”, asegura. Durante las semanas que siguieron, no se cansó de buscarlo por cielo, mar, pero más por tierra, en el monte, donde es el lugar favorito de los criminales para enterrar a sus víctimas.

En su búsqueda nadie la ayudó. No sabía cómo y en qué lugares podría encontrar restos, que coincidieran con su hijo… pero, años después, ahora sería Ceci quien enseñaría a otras a detectar el “olor a muerto”, debajo de la tierra.

Pasaron los años y la tragedia volvió a golpear en su vida. El 4 de mayo de 2019, ahora en Hermosillo, otros dos de sus hijos habían sido “levantados”, cuando transitaban en su vehículo por la carretera a Bahía de Kino, el principal destino turístico de la capital sonorense.

Pero, esta vez, Ceci estaría más preparada y con más fuerzas para encontrarlos. La madre viajó a Sonora y comenzó con transmisiones en vivo para pedir que le regresaran a sus hijos Marco Antonio y Jesús Adrián, también buscó el apoyo de las autoridades para localizarlos.

A los días, sus plegarias fueron escuchadas y Jesús Adrián, el más pequeño regresó a casa, golpeado y en mal estado emocional.

A las semanas de que desaparecieron a mi hijo Marco Antonio, me entregan a mi hijo Jesús Adrián, y estaba muy lastimado, muy golpeado, pero bendito dios estaba vivo, porque ellos se sensibilizaron, vieron mis transmisiones y me dijeron que me iban a entregar a mi hijo menor

Pero Ceci, esperaba también tener a su hijo mayor de regreso, así que se estableció en Hermosillo y comenzó a buscarlo con sus propias manos en la carretera a Bahía de Kino, en los lotes baldíos cercanos y en los parajes.

A su búsqueda, otras madres de desaparecidos fueron uniéndose a sus tareas en los montes, los cerros y las carreteras para encontrarlos, fue así que decidieron formar el colectivo Madres Buscadoras de Sonora.

La búsqueda del Colectivo comenzó a dejar frutos. Comenzaron los hallazgos de cuerpos y restos óseos en Hermosillo, pero después se fueron expandiendo para apoyar con búsquedas en otros municipios, uno de ellos Puerto Peñasco, donde localizaron una fosa con más de 42 cuerpos, en octubre del año pasado.

Ese hallazgo ha sido el más grande en la historia de Sonora, un lugar entre el desierto y la playa de este municipio, donde los sicarios de los cárteles de la droga enterraban a sus víctimas. La Fiscalía General de Justicia del Estado (FGJE) recolectó los restos para su análisis y muestras de ADN.

A lo largo de estos 15 meses, las integrantes del colectivo Madres Buscadoras de Sonora han descubierto 173 cuerpos enterrados y han formado una red de 600 personas, en su mayoría mujeres, por toda la entidad.

 

Ceci y sus 12 fieles acompañantes de Hermosillo han acudido a distintos municipios para enseñar a otras cómo buscar con la “varilla vidente”, como ella le llama, que es en forma de T y que les indica dónde hay un cuerpo enterrado.


Seguiré buscando en los montes, en los campos, a las orillas de los ríos, donde me digan que puede haber una fosa clandestina yo voy a ese lugar, porque estoy muerta en vida y solo me mueve la esperanza de encontrar a mis hijos

EL RIESGO DE BUSCAR UN DESAPARECIDO EN BAJA CALIFORNIA

Carmen Arcadia, una madre buscadora, originaria de Baja California, perdió a su hijo luego de ser secuestrado en la colonia Zona norte de Tijuana en noviembre del 2015, al que no pudo recuperar pese a haber pagado su rescate, y desde ahí inició su labor de búsqueda siguiendo los indicios que ella misma recabó y que la llevaron hasta un viejo hotel.

Allí encontró un cadáver que vestía la ropa de su hijo, pero los resultados de una prueba de ADN hecha por la Fiscalía estatal arrojaron que se trataba de otra persona, cuenta afligida pero convencida de seguir adelante a pesar de todo.

A las personas que me dijeron dónde estaba, las mataron, a los indigentes que me ayudaron a escarbar en la búsqueda, las mataron. En ese lapso que estábamos buscando a mi hijo, me descuartizan al papá de mis hijos

La mujer cuenta que su esposo realizaba actividades ilícitas y la desaparición del menor de sus dos hijos, Fernando Humberto Palma Arcadia de apenas 22 años de edad, fue “para darle donde más le dolía”.

Ahora es presidenta del colectivo “Familias unidas en contra de la impunidad” y encabeza a un grupo de mujeres de la ciudad de Mexicali que mantienen la esperanza de encontrar al menos los restos de sus seres queridos.

“Hasta encontrarlos como sea si Dios me permite. Para mí es un indicio porque si encontré ese cuerpo y esa ropa, que en algún lugar esté como muchos otros. Que me lo hayan escondido. No sé”, agrega afligida buscando una posibilidad a la que aferrarse.

Carmen aseguró que toda la información que las autoridades tienen sobre el caso de su hijo ha sido gracias a su esfuerzo, porque incluso pagó para obtener los datos que la pudieran llevar hasta él.

“Por eso se fueron muchas vidas de por medio (…) la procuraduría no quiso escarbar en ese lugar y hasta la fecha no han querido ingresar”, afirma ya en un tono más de molestia por la falta de resultados de la Fiscalía General Estatal (FGE)., antes procuraduría de justicia.

Luis Díaz Luciano también ha tenido que indagar por su cuenta y se niega a llamar investigaciones a ese trabajo porque subraya que eso es obligación de las autoridades, pero al no hacerlo las familias se ven obligadas a involucrarse.

El riesgo al que son orillados por la inacción gubernamental lo conoce bien, porque hace cuatro años perdió a su hija y dos años después le fue arrebatado su hijo.

“De las mismas indagatorias que traíamos por el suceso de mi hija, me desaparecieron a mi hijo”, dice el también secretario del Movimiento estatal por los desaparecidos en el que convergen varios colectivos de distintos municipios.

Luego de esta dura experiencia ha tenido que aprender a moverse con más cautela para no exponerse innecesariamente mientras sigue tratando de dar con sus hijos con o sin la ayuda de la fiscalía.

“En mi caso tuve dos atentados. Entonces ya es cosa de cuidarse, no es cosa de soy valiente y ahí le voy (…)  el comandante de agresiones nunca me respondió, nunca le interesó mi caso, y cuando eso pasa es cuando dejas de confiar en las autoridades”, menciona.

DESAPARECER EN TAMAULIPAS

Héctor Martín Medina Arenas vivía en Altamira, Tamaulipas. Aquella noche del 24 agosto del 2011, cuando estaba cenando con una amiga y sus padres en la casa de ellos, tres sujetos encapuchados llevando armas largas entraron, lo golpearon, y se lo llevaron.

María del Pilar Arenas, su madre, cuenta a La Silla Rota:

Aquella noche recibí una llamada de su amiga avisándome que unos sujetos habían ingresado a su casa, los habían golpeado y a Héctor se lo llevaron. Lo único que dijeron aquellos sujetos fue preguntar quién era Héctor. Mi hijo dijo: soy yo, pero ¿qué Héctor? Y le contestaron ya te cargo tu chingada madre

Héctor era estudiante de robótica y mecatrónica en el Tecnológico. Tenía 21 años y había abierto un pequeño negocio de venta de celulares y además los arreglaba. Según cuenta su madre, era un buen estudiante, no bebía, no usaba tatuajes, no le gustaba nada de eso. No tenía vicios. Lo único que quería era graduarse y poder poner un negocio grande.

Pero han pasado ya nueve años de la desaparición de su hijo y desde ese día no ha vuelto a saber de él.

María del Pilar abraza la copia del expediente, la foto de su hijo como si estuviera acariciándolo.

No hay avance alguno en la investigación. Ya me he cansado de ir a dar vueltas a la Subprocuraduría en Tampico, a la Procuraduría en Ciudad Victoria. Les doy el nombre de mi hijo y no saben nada, les doy el número del expediente y tampoco saben nada los funcionarios

La búsqueda de Pilar se ha extendido también a otros municipios y a otros estados, pero no tiene ninguna pista de dónde pueda estar su hijo.

“A mi hijo lo he buscado por todos los medios; lo he buscado en Facebook, en las redes sociales, repartido fotos, preguntado a sus amigos y nada”, dice Pilar, sin embargo, no pierde la esperanza de volver a abrazarlo.

Según la organización México Evalúa, Tamaulipas tiene la tasa más alta de desaparecidos siendo de 302.3 por cada 100 mil habitantes.

DESAPARECER EN MANOS DE LA AUTORIDAD

Brenda Damaris González Solís desapareció el 31 de julio de 2011 en Nuevo León, a manos de las autoridades municipales y tras nueve años de impunidad y agotadas las instancias nacionales, su familia acudió a organismos internacionales para exigir justicia.

En su lucha tienen el apoyo incondicional de la organización Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en Nuevo León (FUNDENL) que dirige como directora fundadora Irma Leticia Hidalgo.

Juana Solís Barrios, la madre de Brenda, por años ha buscado justicia junto al resto de su familia y el 22 de julio pasado presentó ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos las diversas violaciones a derechos humanos sufridas contra su hija.

La desaparición de Brenda ocurrió con la autorización, el apoyo o la aquiescencia de elementos de Policía y Tránsito del municipio de Santa Catarina.

"Tras sufrir un percance vial, ella se comunicó con su familia para informarles del accidente, en el transcurso de la llamada mencionó que estaba llegando una patrulla y cortó la llamada, desde entonces fue desaparecida e inició la pesadilla para la familia González Solís", recuerda la fundadora de FUNDENL.

Para octubre de 2011, tras un reporte ciudadano, la Fiscalía General de Justicia localizó sus restos en la autopista Monterrey-Saltillo. Sin embargo, fue hasta octubre de 2012 que realizaron una prueba genética, por lo que su identificación se realizó después de un año del hallazgo.

De esta forma, se prolongó así el sufrimiento de la familia, dice la madre de Brenda, quien explica también la existencia de múltiples inconsistencias en los informes periciales que propiciaron una duda razonable en la familia.

Pero fue hasta septiembre de 2014, cuando Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en Nuevo León y el Equipo Peruano de Antropología Forense realizaron una segunda prueba genética que dio certeza a la familia.

Hasta el día de hoy no existe ni una sola persona procesada por la Desaparición Forzada de Brenda Damaris, no existe reparación del daño para la familia y la Fiscalía General de Justicia de Nuevo León determinó el no ejercicio de la acción penal por falta de elementos, lo que significa que la desaparición y posterior privación de la vida no fueron debidamente investigadas

Todas coinciden en que, lo anterior, constituye violaciones a los derechos de acceso a la justicia, al debido proceso, a la verdad, a la reparación, a la prevención de desapariciones, a una investigación adecuada y, en particular, a los deberes de prevenir, eliminar y sancionar la violencia contra las mujeres.

La madre y dirigentes de FUNDENL esperan que llegar a instancias internacionales con el caso de Brenda Damaris, marque un precedente y un camino en que más casos puedan llegar a instancias internacionales y obtengan Justicia.