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Covid en Tijuana: morgues saturadas y ciudadanos atendidos en la calle

Los Angeles Times publicó en su primera plana un artículo donde explica que la ciudad fronteriza comienza a verse rebasada por la crisis del coronavirus

  • REDACCIÓN
  • 21/05/2020
  • 08:37 hrs
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Covid en Tijuana: morgues saturadas y ciudadanos atendidos en la calle
(Fotos: Los Angeles Times)

La crisis de covid-19 que se vive en la ciudad fronteriza de Tijuana, Baja California, es tan grave que las morgues se están quedando sin espacios en refrigeradores para almacenar los muertos, de acuerdo con el diario estadounidense Los Angeles Times.

Este jueves, el diario publicó en su primera plana un artículo donde explica que hasta el martes, la ciudad confirmó 392 muertes por coronavirus.

En la primera línea del combate de esta enfermedad se encuentran los paramédicos, quienes, en una ciudad de 1.8 millones de personas, reciben hasta 40 llamadas diarias por coronavirus y con solo 13 ambulancias combaten la emergencia.

Un miércoles por la tarde, el paramédico Sergio García circulaba en su vehículo de emergencia en un camino de tierra en el Poblado Ejido Matamoros y se detuvo frente a una pequeña casa de madera.

A su lado se encontraba el doctor Alan Muro, médico perteneciente al principal hospital público de la ciudad. Llegaron al lugar para asistir a un paciente y valorar si necesitaba ser trasladado a un hospital.

Muro se puso sus guantes, la mascarilla N95 y una careta.

Eduardo Molina, un hombre de 41 años con síntomas del covid-19, como tos y problemas para respirar, se encontraba en su cama con una mascarilla. 

Muro determinó que el paciente estaba infectado de coronavirus y le dijo a su familia que no había otra opción que trasladarlo a un hospital.

En lo que esperaban una ambulancia, los paramédicos le proporcionaron oxígeno. La esposa de Molina, mientras tanto, se arrodilló y con lágrimas brotando de sus ojos leyó en voz alta de una pequeña biblia.

Cuando la ambulancia llegó, dos paramédicos envueltos con sus trajes protectores entraron a la casa. 

"No me dejen ir solo, no me dejen ir solo", decía Molina, mientras tosía y tomaba cortas bocanadas de aire, para caminar hacia la camilla. 

Los paramédicos, afuera, se quitaron los guantes y desinfectaron sus manos y botas antes de seguir su camino.

(Mauricio Oblea)