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Chiapas: dan a bebés refrescos en lugar de leche materna

Actualmente, el 80 por ciento de las madres indígenas le da pecho a sus hijos, pero ésta va combinada con bebidas azucaradas; diabetes va en aumento

  • CHRISTIAN GONZÁLEZ/CORRESPONSAL
  • 28/10/2019
  • 20:20 hrs
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Chiapas: dan a bebés refrescos en lugar de leche materna
Actualmente, el 80 por ciento de las madres indígenas le da pecho a sus hijos, pero ésta va combinada con bebidas azucaradas; diabetes va en aumento. Fotos Christian González

En los municipios indígenas de Chiapas, cada familia tiene al menos uno o dos integrantes con diabetes, producto de la ingesta de bebidas azucaradas procesadas, entre éstas la Coca-Cola. Tan grave es el asunto que a los bebés ya no se les brinda la lactancia materna porque ésta fue “desplazada” por el consumo indiscriminado de jugos y refrescos embotellados.

Esta aseveración es resultado de una pesquisa de dos años que efectuó Marcos Arana, director del Centro de Capacitación de Ecología y Salud para Campesinos en Chiapas y un equipo de expertos, durante la cual 2 mil 360 mujeres indígenas fueron encuestadas sobre el tipo de alimentación que recibían sus hijos.

A pesar de que era una práctica ancestral, se estima que, en la actualidad, el 80 por ciento de las madres indígenas le da pecho a sus hijos, pero ésta va combinada con bebidas azucaradas.

Según la amplia investigación, el 10% de las mamás indígenas que analizaron de 22 municipios de la región Altos de Chiapas, les da refresco a sus bebés antes de que éstos cumplan seis meses. Es decir, uno de cada 10 niños prueba las bebidas azucaradas procesadas antes de que cumpla el primer semestre de vida.

Al cumplir el año, agrega, el porcentaje de mujeres que amamantan a sus pequeños se reduce drásticamente, es decir que apenas llega al 19%, cuando en realidad se esperaría que la lactancia materna continuara hasta el segundo año de vida, como lo contempla la Organización Mundial de la Salud (OMS), por lo que la cantidad de niños que recibe refrescos aumenta al 15%.

Mientras que el consumo de jugos procesados incrementa al 33%, lo que significa que uno de cada tres niños lo ingiere. “Esto sin duda tiene repercusiones para su salud y por supuesto para su comportamiento, porque se genera una adicción a la azúcar añadida, la cual engancha a los niños, quienes están condicionados a conductas violentas, y no es porque sean niños malcriados, sino que se da un cambio drástico en su comportamiento que lleva a conductas violentas”, asevera.

Marcos Arana, director del Centro de Capacitación de Ecología y Salud para Campesinos en Chiapas

El también investigador del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición “Salvador Zubirán” advierte que sin duda Coca-Cola es un refresco predominante, pero en realidad los daños son causados por todo el conjunto de bebidas con azúcar agregada, ésas que incluyen los jugos o néctares y todas las marcas de refresco.

Bombardeo publicitario

Lo que más le preocupa, añade, es que no existen hasta ahora acciones explícitas y adecuadas de las instituciones de Salud para que se advierta a las madres de que esto no se debe de hacer, e incluso detener esa publicidad “agresiva” de las compañías refresqueras, por lo que se respira un ambiente “obesogénico”.

Lo único que rescata, puntualiza, es que fueran retirados los anuncios espectaculares de las entradas de las comunidades indígenas, los cuales incluso combinaban los símbolos de identidad o de mando de cada una de ellas con la comercialización de “Coca-Cola”, cuya presencia aún es fuertemente visible.

“Es más difícil conseguir tortillas o maíz en esos lugares, que obtener refrescos”, compara el especialista, quien lamenta que ya no haya inclusive un respeto a las culturas, y tan grave es, dice, que este tipo de estrategia publicitaria se puede comparar al narcomenudeo.

Entre casos de “terror”, se destaca el de una familia de uno de esos 22 municipios indígenas que venden el refresco embotellado y que incluso tiene a un familiar enfermo de diabetes, quien ya sufrió la amputación de una de sus extremidades y que, por recomendación médica, ya no tenía que tomar ese tipo de productos. El resultado: murió prácticamente con una botella de refresco en la cabecera de su cama.

En la clínica de salud de San Juan Chamula, una de las localidades indígenas de Chiapas que presenta el más alto consumo de este tipo de bebidas, es común que a diario haya diabéticos descompensados porque no guardan las recomendaciones.

Mientras tanto, en Zinacantán también se vive una situación drástica: ahí, los rituales se celebran con Coca-Cola en vez del “posh”, como lo evidencia Manuel Martínez, exalcalde de este municipio indígena, quien revela que incluso ha hablado con sus familiares, amigos y otros conocidos para exhortarlos para que no se “transgreda” su tradición, sobre todo religiosa.

Más investigaciones

Ante este panorama tan complejo y con la intención de buscar más resultados del impacto en la salud de las personas como las enfermedades crónico-degenerativas como la diabetes, Arana advierte que se “topan” con la otra cara de la moneda: la desnutrición en las escuelas rurales.

A pesar de ello, comenta que esas localidades son saturadas de alimentos de alta densidad calórica y bajo control nutritivo, “que van desde los ‘Totis’ (chicharrines), lo cual es una plaga, hasta los jugos procesados y refrescos”.

Hasta hace una década, los niños llevaban pozol a la escuela, pero en la actualidad les genera vergüenza, por lo que la aspiración es consumir un refresco, fenómeno que se ve también en las zonas urbanas.

Al menos 2 refrescos al día

Solo en San Cristóbal de Las Casas, ciudad en donde radica y elucubra las investigaciones a efectuar con respecto a temas de salud, se advierte que los estudiantes presentan serios problemas de caries y, lo peor, es que esos jóvenes ingieren por lo menos dos refrescos al día, y un promedio de 18 a la semana.

“A nivel nacional ya no se permite la venta de esos productos en los centros escolares, pero por desgracia en Chiapas aún sí se les da permiso; tenemos escuelas con mobiliarios proporcionados por esas empresas, o basureros en forma de latas de refresco, como Coca-Cola, y hasta canchas de basquetbol pintadas con letreros de esos refrescos, hasta en hospitales”, evidencia.

Para él, las relaciones que se pactan entre el gobierno y esas compañías tienen de por medio un conflicto de interés, y lo único que se busca es la ganancia para unos cuantos, “esto es corrupción, y además producen confusión”.

Aunque hace poco tiempo se aprobó en el Senado el etiquetado frontal (sello negro con letras blancas) en bebidas azucaradas procesadas y todo alimento “chatarra”, el reto será, dice Marcos Arana, que esos mensajes de alerta “aterricen” en las comunidades indígenas de la geografía chiapaneca pero en sus idiomas como el chol, tojolabal, tsotsil y tseltal, entre otros.

Otra de las tareas en este tópico, advierte, es que se ataque a los edulcorantes artificiales, los cuales también pondrían en predicamentos la salud de miles de chiapanecos, debido a que no está comprobado si son inocuos.

Pero lo que ya no se quiere, honestamente, es que las estrategias para librar a la gente de estos productos ‘chatarra’ vayan acompañadas de publicidad de las empresas, como el que bebederos de agua tengan el logotipo de Coca-Cola, por ejemplo