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Cacicazgos, el mayor lastre para niñas indígenas chiapanecas

Según datos de la Conapo, Chiapas es el segundo estado en el país con la tasa más alta de embarazos entre niñas y adolescentes

  • CHRISTIAN GONZÁLEZ/CORRESPONSAL
  • 10/05/2021
  • 21:21 hrs
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Cacicazgos, el mayor lastre para niñas indígenas chiapanecas
Según datos de la Conapo, Chiapas es el segundo estado en el país con la tasa más alta de embarazos entre niñas y adolescentes. Fotos Christian González

TUXTLA GUTIÉRREZ.- Según datos del Consejo Nacional de Población (Conapo), Chiapas aparece en el tercer lugar en número de embarazos en menores de 19 años y registra la segunda tasa más alta de embarazos en niñas y adolescentes, con 5.42 por cada mil en el grupo de edad de 12 a 14 años, y de 3.37 en el grupo de 10 a 14.

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De acuerdo con un análisis efectuado por los expertos Gerardo Núñez e Hilda Jiménez-Acevedo, desde hace dos décadas existe en la entidad una tendencia al alza en las tasas de fecundidad adolescente, sobre todo en las poblaciones hablantes de alguna lengua indígena, con mayores niveles de marginación, analfabetismo y menores o ningún nivel de escolaridad.

ONU mujeres 2018 reveló que, en 2015, de cada 100 matrimonios, 15 fueron de niñas, niños y adolescentes y según datos del Censo de Población y Vivienda del Instituto Nacional de Geografía y Estadística (Inegi) del año pasado, el 5.9% de adolescentes mujeres entre 12 a 17 años ya están unidas y el 13.7% de entre 12 y 19 han tenido un hijo o una hija.

 

Para la organización Melel Xojobal, con sede en San Cristóbal de Las Casas, en la entidad chiapaneca un destino manifiesto para las niñas y adolescentes es el matrimonio y la maternidad.

MUK´UL AWALIL

En entrevista con La Silla Rota, Marcos Girón Hernández, antropólogo social chiapaneco, atribuyó el fenómeno de los matrimonios entre niñas y adultos a las ideas caciquiles que se involucran mucho con la idea del patrón o mandamás, es decir que éste tiene derecho sobre las personas, “lo que aún no termina en las comunidades indígenas”.

Aunque está sabedor de que el enlace matrimonial depende en gran medida de las relaciones sociales que se tengan dentro del espacio comunitario, la unión entre niñas, al menos donde él ha estudiado, no es muy común, “tampoco niego que eso no suceda, porque sí lo hay”.

El también doctor en Desarrollo Rural por la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco en la Ciudad de México, explicó que la frase en lengua indígena muk´ul awalil ha sido utilizada con mucha fuerza en los pueblos originarios, desde hace décadas o siglos, “y te das cuenta que desde la misma palabra te dicen que yo soy dueño de, yo pertenezco a, que yo le debo obediencia a una persona, y esas ideas es que, como estudiosos, hemos tratado de cambiar”.

En la actualidad, dice, se ha trabajado con más tesón en modificar ese concepto o esquema desde la palabra, como lo que sucede con un gobierno, pues ahora a éste se le mencionaba como A´tel patan: el servidor del pueblo o el que sirve a su pueblo o comunidad.

Otro problema que se ha vivido, afirmó, es que se les ha visto a las personas, y desde luego a las niñas, como objetos y no como sujetos, “en las comunidades indígenas hay una mentalidad de mantener la unidad entre hombre y mujer, lo que para muchos es difícil de entender; también hay cuestiones que se han perdido porque entró mucho la idea del capitalismo o neoliberalismo”.

Tan es así, dijo, que un hombre no sirve para tener un cargo si no está casado, por lo que la mujer, insistió, juega un papel de suma importancia.

Ejemplificó el caso de Tenejapa, municipio indígena donde la mujer puede regañar a una autoridad municipal o tradicional, si no cumple con su cargo, “se ha cambiado la idea de que ellas solo se tienen que dedicar al hogar, a lavar los pañales; ¡no, ya no!”

MIGRACIÓN “FRENÓ” VENTA DE NIÑAS EN CHAMULA

Para la socióloga Patricia Díaz López, la realidad en su municipio indígena de San Juan Chamula ya es diferente, al menos desde hace tres lustros, cuando no solo varones, sino las niñas, adolescentes y jóvenes mujeres empezaron a emigrar.

Antes, recuerda, sí era común establecer ese tipo de relaciones, ya sea como una “dote” (entregar a la niña a una persona mayor a cambio de algo) o un acuerdo, “ni mis abuelos, ni mis tatarabuelos nunca practicaron eso; diremos que buscaron sus respectivas parejas, ya cuando eran mayores de edad”.

Establecidas en zonas urbanas no solo de Chiapas sino de otras entidades, esas menores de edad han modificado su visión: desde cómo se visten hasta en la forma de actuar.

“Chamula ha cambiado bastante en ese tema, e insisto, es por esa migración, la cual ha crecido mucho; pero al menos observamos que, desde los 10 ó 12 años, se van a buscar oportunidades de trabajo, y por lo regular se van con algún familiar, y con el paso del tiempo jalan a otros parientes, mujeres, niñas, y eso ha ayudado mucho”, evidencia la joven mujer, quien hace unos años realizó una tesis sobre ese fenómeno.

No obstante, para el antropólogo Marcos Girón, en sitios como San Juan Chamula el concepto del patrón o muk´ul awalil está muy arraigado, por lo que si éste puede comprar tres o cuatro mujeres, “¡pues las compra!”, advierte.

Para él, agregó, el reto para cambiar no solo esas costumbres de intercambio de niñas, sino otras, está en cómo fortalecer los principios y valores en esas localidades, a partir de la cultura e identidad, lo cual es complejo.

Tienes que incidir en la cultura, en el territorio, en muchas cosas, y es difícil porque a veces no hay recursos para todo eso, y esa falta de valores no te permite apreciar a una niña como tal”, aceptó Girón, quien aclaró que si no se rescata esa parte “estamos destinados a desaparecer como especie


NIÑAS Y ADOLESCENTES INDÍGENAS, EN DESVENTAJA

De nueva cuenta, Melel Xojobal advierte, en un documento, que es innegable mencionar que estos fenómenos están relacionados al contexto de pobreza y vulnerabilidad asociado al género, edad, etnia, educación, condición económica, de salud, cultura, lugar de residencia, religión, costumbres, acceso a la información y violencias.

Todo eso, puntualizó, impide la libertad plena y el desarrollo de un proyecto de vida de las niñas y adolescentes mujeres en Chiapas, donde el 84% de la población de niñas, niños y adolescentes viven en situación de pobreza y 34% en pobreza extrema.

Esa organización aseveró que el preocupante incremento visto en los últimos años de los embarazos en adolescentes evidencia las brechas en la aplicación de políticas públicas, en particular de la Estrategia Nacional para la Prevención del Embarazo en Adolescentes (Enapea).

De hecho, advirtió que ésta, a nivel estatal, carece de estrategias específicas para la atención de la población adolescente indígena y de mecanismos de seguimiento y evaluación y está desprovisto de presupuesto suficiente que garantice su sostenibilidad.

 

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