ESTADOS

Bares clandestinos, la nueva normalidad en Tuxtla Gutiérrez

La Asociación de Bares de Tuxtla (Abartux) calcula que por cada establecimiento formal existen seis irregulares

  • CHRISTIAN GONZÁLEZ/CORRESPONSAL
  • 30/06/2020
  • 18:43 hrs
  • Escuchar
Bares clandestinos, la nueva normalidad en Tuxtla Gutiérrez
La Asociación de Bares de Tuxtla (Abartux) calcula que por cada establecimiento formal existen seis irregulares. Foto Cuartoscuro

TUXTLA GUTIÉRREZ (La Silla Rota).- Aunque la nueva normalidad llegó a esta ciudad, la vida nocturna sigue suspendida, situación que es aprovechada por unos 150 establecimientos clandestinos, que venden alcohol de forma ilegal y que operan sin las medidas de higiene necesarias.

También lee: Escolta dispara a ex de hija de gobernador de Chiapas 

Algunos, incluso, no cuentan ni con jabón en sus baños y sus productos se ofrecen a precios "muy por arriba de lo normal".

La Asociación de Bares de Tuxtla (Abartux) calcula que por cada uno de los establecimientos formales, existen seis irregulares.

La mayoría de estos lugares operan desde casas habitación, en patios y otros espacios donde pueden ocultar las actividades que realizan.

Debido a esto, delitos de alto impacto, como la trata de blanca, la prostitución, y la venta de drogas se han disparado en los últimos años.

Es por ello que ante esta nueva normalidad, la Abartux emprendió una campaña de auxilio al gobierno estatal, a fin de que les autoricen abrir sus establecimientos mercantiles.

A partir del lunes, los empresarios decidieron exponer lonas con un llamado de "S.O.S", pues hasta la fecha ni los meseros ni cocineras ni ellos han recibido el respaldo de alguna autoridad.

Advierte que incluso no pueden ser beneficiados con los créditos que anunció hace unas semanas el gobierno, a través de Nacional Financiera, porque tienen que presentar un historial de cuatro meses de ventas, lo que es imposible porque sus negocios están cerrados desde marzo pasado.

Con base en la misma Abartur, los negocios afiliados mueven desde 100 personas hasta 700 u 800, pero en caso de retornar, lo harían al 50 por ciento de capacidad o menos, una vez que el "semáforo" de contagios se normaliza.

Por el momento, Luis Marrufo, líder de la Abartur, expone que ya presentaron su plan de regreso a las labores en la llamada "zona dorada" de Tuxtla Gutiérrez, la cual concentra decenas de bares, a fin de aplicar los protocolos de cómo atender a los clientes. "Lo que sí tenemos seguro es que nos costará mucho levantarnos de esto".

Dueños y empleados de bares sufren

La crisis económica y la incertidumbre comienzan a "calar" no solo entre los dueños de bares o establecimientos afines, sino en el personal que, desde hace cuatro meses, cuando el SARS COV-2 contagió a los primeros chiapanecos, quedó en el desamparo, sin empleo.

De acuerdo con la Abartux, en esta ciudad capital existen cerca de 1,500 negocios con venta de bebidas alcohólicas y alimentos, la mayoría de los cuales no ha abierto y, por ende, se mantienen "al borde de la quiebra". Lo peor, se estima, es que de éstos dependen por lo menos 20 mil familias, desde las de meseros, barristas, músicos, relaciones públicas, entre otros.

De hecho y luego del anuncio de que la geografía chiapaneca está en "fase naranja" supuestamente por una merma en el número de infectados por covid-19, hoy lunes los 45 socios de esa AC colocaron lonas a las afueras de sus establecimientos en las que se dirigen al gobernador de Chiapas, Rutilio Escandón Cadenas, para que de alguna manera no solo los respalde a ellos durante estos momentos, sino también a los responsables de cafeterías, antros, discotecas y locales de comida rápida.

Para Luis Marrufo Selvas, presidente de esa AC, lo que más les genera dudas es que, de acuerdo con la Secretaría de Salud estatal, todos los negocios esenciales y no esenciales podrán iniciar su jornada bajo los protocolos de la "nueva normalidad", aunque ellos quedan fuera, hasta nuevo aviso.

"Pero considero que hay mucha desinformación al respecto, porque el gobierno del estado dice una cosa, y el municipio lo desconoce y saca otra medida", asevera.

Además, dice, ellos tienen muchas dudas porque, a pesar de que sus bares operan sobre todo de noche, cuentan con una licencia de funcionamiento pero de restaurantes.

Aclara asimismo que, el último aviso del Ayuntamiento es que reiniciaban este 1 de julio, no obstante, puntualiza que lo más probable es que se prolonguen 15 días o un mes, "pero nuestra duda es a quién le haremos caso, si al municipio o al Estado".

Hugo y Concepción, "golpeados" por la falta de empleo

Hugo Ovando Gordillo y su esposa María Concepción, mesero y cocinera de eventos especiales e incluso de restaurantes y bares, respectivamente, saben lo que durante cuatro meses, desde que inició la pandemia, es ganar con mucho esfuerzo apenas 100 pesos diarios, lo que les alcanza para "medio subsistir". De hecho, el dueño de la vivienda que rentan en estos momentos les ha perdonado el pago de las mensualidades.

Aunque conoce a algunos compañeros del ramo que sí han recibido algunos apoyos de sus patrones, el originario de Ocozocoautla cuenta cómo desde que se quedó sin trabajo, tuvo que buscarle en otro rubro: la venta de tortillas casa por casa, aunque sabe que no es tan fácil porque las ganancias son mínimas, sumado a que su mujer, oriunda de Berriozábal, se enfocó a las labores del hogar.

"Al principio combinábamos ambas chambas, yo salía a vender tortilla y ella comercializaba pan, pero algo sucedió que cerraron el negocio, y se regresó a la casa; nos ha pegado fuerte, en serio", lamenta el varón de 44 años de edad, quien también asevera que las autoridades no los han ayudado en nada.

Pero se las "han visto negras" porque su hija mayor está a punto de culminar la universidad, pero desde que se agudizó la crisis por la pandemia dejaron de pagar las mensualidades a la escuela privada en la que ella estudia, y por ende su situación se "estancó".

Don Hugo hace cuentas y suelta lo que, antes de la llegada de la covid-19, obtenía solo él mediante su empleo: solo en un día de fin de semana "sacaba" 350 pesos por siete horas chambeadas, más las propinas, lo que le ajustaba para pagar no solo la renta, sino otros servicios básicos como la luz, agua potable e incluso los estudios de su hija y de su menor hijo.

De nueva cuenta, Luis Marrufo aclara que, durante los primeros dos meses, respaldaron a la plantilla laboral, pero con el paso de las semanas eso fue imposible, e incluso al menos cinco establecimientos, algunos de renombre y de "muchos años", decidieron cerrar de manera definitiva.