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Bala de Policía Federal sepultó los sueños de Zenaida

Sin motivo, Policía Federal persigue camioneta con migrantes y la rafaguea; una salvadoreña de 19 años murió de un balazo en la cabeza

  • VIOLETA SANTIAGO
  • 26/06/2019
  • 20:20 hrs
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Bala de Policía Federal sepultó los sueños de Zenaida
Sin motivo, Policía Federal persigue camioneta con migrantes y la rafaguea; una salvadoreña de 19 años murió de un balazo en la cabeza

AGUA DULCE.- Le ayudaran o no, ella estaba dispuesta a hacer el viaje. De cualquier forma, dejaría El Salvador; de cualquier manera, buscaría llegar hasta los Estados Unidos. La determinación de Zenaida era tan fuerte que convenció a su padre y sus hermanas, quienes prefirieron ayudarla, para hacer el cruce lo más seguro posible, que dejarla a su suerte en una aventura peligrosa.

Sin embargo, nadie imaginó que en ese viaje acabaría su sueño.

María Zenaida Escobar Cerritos cumpliría 20 años el 9 de noviembre. Era la más pequeña de siete hermanos —seis mujeres y un varón— y tenía la mitad de su vida sin ver a su papá, Darío Escobar Lainez, un hombre de medio siglo que partió por tercera vez hacia Estados Unidos en 2009.

La vida en Sensuntepeque, la cabecera del departamento de Cabañas, en El Salvador, era complicada, al menos en cuestión de trabajo. “Aquí (en Estados Unidos) hay más oportunidades de empleo; allá en El Salvador es bonito, pero nosotros teníamos que subir hasta la ciudad para encontrar trabajo y vivíamos lejos de la ciudad y pues estaba peligroso”, justifica su hermana, Heidi Escobar.

Zenaida insistía en irse para cumplir su sueño y reencontrarse con su hermana y su papá.

“Si usted está decidida yo no le voy a cortar las alas. Si usted quiere venir para acá, nosotros la vamos a ayudar y primero Dios pronto estará aquí con nosotros”, le dijo su padre.

El domingo 9 de junio de 2019, cuando Zenaida dejó Sensuntepeque, pidió que le tomaran una foto antes de partir. Se le veía sonriente pero nerviosa.  Apretaba con ambas manos las asas de la mochila en la que empacó su vida y todas las ilusiones que podía tener a los 19 años.

Fue Zenaida la que contactó a la persona que se encargaría de llevarla hasta la frontera. El pago por la salida era de 4 mil dólares (unos 76 mil pesos) y completarían los 11,700 dólares (más de 220 mil pesos) cuando llegara a Estados Unidos con bien.

El viaje inició. La última vez que ella apareció en línea en WhatsApp fue el viernes 14 de junio a las 3:22 horas.

Llegaron de Villahermosa hasta los límites de Tabasco con Veracruz. El tiempo en promedio de viaje por carretera federal es de dos horas y media. Pero desde que se reforzaron las revisiones en un retén de seguridad, a unos metros del puente Tonalá (el río que divide ambas entidades), el tramo de dos kilómetros desde en tronque de La Venta hasta el retén, se recorre en casi una hora.

Ataque sin motivación

Ese viernes, poco después de las 4 de la tarde, Zenaida y el grupo de aproximadamente 17 personas, incluido el chofer, un mexicano, llegaron al retén en una camioneta blanca Chevrolet Avalanche 2002 con placas XF-1655-A del estado de Veracruz.

Habría sido ahí donde inició la persecución entre la Policía Federal, una unidad del Instituto Nacional de Migración y la camioneta donde viajaban los migrantes. Según la Fiscalía General del Estado de Veracruz (FGE) y su titular, Jorge Winckler Ortiz, los testigos narraron que después de pasar una zona con “topes”, vieron las luces de las sirenas y se dio una persecución de entre 10 y 20 minutos.

A lo largo de la carretera Villahermosa–Coatzacoalcos hay sinfín de puestos de venta. Dos testigos corroboraron que aquel viernes por la tarde pasó a alta velocidad la camioneta de Migración, seguida de la Policía Federal. En uno de los puestos dijeron que la unidad del INM llevaba encendida la torreta y otros más confirmaron que la policía iba con ellos. “Iba la perrera”, se refirieron con desdén al vehículo de Migración, “poco después de que pasaron nos enteramos de lo que le pasó a los migrantes”.

La persecución acabó en el kilómetro 26+500 de la carretera federal 180 del tramo Villa–Coatza, a pocos metros de una planta de arena sílica de la empresa Madisa. La camioneta ya se iba a detener cuando le cerraron el paso y abrieron fuego.

Las balas llovieron de frente y sin aviso. El parabrisas aguantó sin romperse, pero quedó como testigo silente de la furia de los disparos. El vidrio del conductor y el espejo lateral sí se hicieron añicos y cayeron como lluvia fina sobre los asientos de tela y el regazo de Zenaida.

Los sobrevivientes contaron a la Fiscalía que el chofer fue bajado a golpes y llevado por los uniformados. El grupo de dispersó.

A las 17:10 la oficina de Protección Civil de Agua Dulce recibió la llamada del Centro Estatal de Control, Comando, Comunicaciones y Cómputo (C4) en donde solicitaban una ambulancia porque había, al menos, cinco personas heridas de bala en la carretera.

La escena fue una de las más fuertes que han vivido algunos de los paramédicos. Zenaida yacía sobre el asiento central delantero, con la cabeza flotando en el espacio, donde van las piernas del copiloto, el dorso sobre el descansabrazo y las piernas orientadas hacia los asientos traseros.

Llevaba la misma blusa morada y la sudadera negra de cuando se fotografió en el parque de Cabañas. Solo que esta vez su sangre le empapó el hombro izquierdo hasta regarse sobre el tapiz. El proyectil le destrozó el cráneo del lado izquierdo, a la altura de la frente, hasta exponer su ebúrneo órgano interior.

Cuando llegaron los paramédicos, Zenaida aún respiraba y tenía pulso, mientras los policías creían que el movimiento de su cuerpo se debía a los impulsos de los últimos rastros de energía abandonando un cuerpo sin vida. Zenaida estaba viva, pero nada podían hacer para salvarla.

“Me dio mucha tristeza verla ahí porque era una joven, era migrante e iba sola”, confesó uno de los socorristas. Si hubiera llegado otra unidad de emergencias, al menos le habrían permitido a la joven morir en un hospital, pero en cambio su cuerpo quedó en el interior de la camioneta acribillada, apenas cubierta por la puerta, por encima de la que trataban de ver los curiosos que circulaban a paso lento en el carril libre de la carretera.

Desde el primer momento se dio a conocer que la Policía Federal y el INM estuvieron involucrados en el ataque. Hubo testigos que señalaron la presencia de la patrulla y “la perrera”, que abandonaron el vehículo con la joven agonizante, versión confirmada por fuentes de diversas corporaciones policíacas. En cambio, al conocerse esto, después se trató de “filtrar” la versión de que había sido un “ataque entre polleros”.

Silencio de Cuitláhuac

Aquella noche, el gobierno de Veracruz, que encabeza Cuitláhuac García Jiménez, calló de forma contundente y se negó a dar cualquier tipo de aclaración o postura sobre lo sucedido en la carretera dentro del territorio de Agua Dulce. En el área de Comunicación Social, reporteros preguntaron sobre el caso, y aunque un funcionario estatal del área escribió que sí habría un posicionamiento, este nunca llegó.

Mientras tanto, en Estados Unidos, Heidi recibió una llamada. “Una amiga de ella, que venía en el grupo, me habló y me dijo lo que había sucedido”. No tenía ni idea de cómo le comunicaría la noticia a la familia, no tenía el valor para hacerlo. “Uno no se espera esta noticia. Esperas que la agarró migración, ¿pero que la maten, así como la mataron?” Llamó primero a su papá, pero de inmediato el llanto se atoró en su garganta.

La persona que le avisó dijo que el conductor ya se estaba deteniendo, cuando se les atravesó la unidad y comenzaron a disparar en contra de la camioneta. Uno de esos tiros le dio a Zenaida en la frente y dos más lastimaron a los otros dos hombres. “Yo nunca voy a borrar esa carita de tu hermana”, le dijeron antes de colgar.

El cuerpo de la joven fue trasladado a Las Choapas aquel fin de semana para que fuera embalsamado y pudiera aguantar hasta que la repatriaran. Tan solo el proceso de llevarla de vuelta a su país costó 2,600 dólares (casi 50 mil pesos) más otros 1,500 dólares (aproximadamente 28 mil pesos) por el servicio funerario en El Salvador.

Durazo intentó criminalizar a víctimas

Fue hasta el martes 18 de junio, cuando la Fiscalía de Veracruz ofreció una versión de los hechos a través de una rueda de prensa, en donde hizo mención de los testimonios de los dos sobrevivientes internados en el hospital. Por este caso primero se abrió la carpeta de investigación SUIP/XXI/CHOA/F2/503/2019 y luego se integró la FEAM/ACA/033/2019 de la Fiscalía Especializada en Atención a Migrantes.

Al día siguiente, Alfonso Durazo Montaño, titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, confirmó que los elementos de la Policía Federal fueron quienes dispararon contra el grupo de migrantes en Agua Dulce, aunque quiso justificar la balacera diciendo que desde la camioneta habían abierto fuego, por lo que los policías repelieron el ataque, luego de una persecución originada en el retén cuando el vehículo no se detuvo.

El funcionario federal también quiso involucrar al crimen organizado con este caso.

Para el jueves, la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana se retractó en un comunicado en el que señalaron que “no hay indicios sobre el hecho de que se hubieran realizado disparos desde el vehículo” y que la Unidad de Asuntos Internos investigaría para “deslindar responsabilidades”.

Por su parte, la Comisión Estatal de Derechos Humanos (CEDH) inició el expediente COA/0346/2019 para investigar la posible violación de Derechos Humanos en agravio del grupo de migrantes salvadoreños.

La familia de Zenaida no concibe que el ataque fuera tan directo. Dicen que la policía podría haberle ponchado las llantas a la camioneta, detenerlos, deportarlos y ni modo. “Qué les costaba mandarlos de vuelta pa’l Salvador y ya. Ellos no pensaron en eso, pues como diciendo si los matamos ya no vuelven a intentar a cruzar y ahí se acabó todo. Eso fue lo que le tocó a mi hermana vivirlo, hasta ahí llegó”.