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Anahí, víctima de trata de personas a manos de su propia tía en Mérida

El tormento de anahí empezó cuando tenía 12 años y era vendida por su propia tía, pero las ineficiencias de las instituciones hoy la mantienen en peligro

  • CLAUDIA ARRIAGA/CORRESPONSAL
  • 16/10/2020
  • 21:00 hrs
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Anahí, víctima de trata de personas a manos de su propia tía en Mérida
Anahí, víctima de trata de personas en Mérida, Yucatán (Foto: Especial)

MÉRIDA. –  Anahí tenía 12 años de edad cuando la obligaron a tener relaciones sexuales con un hombre que superaba los 40 años. La adolescente no entendía qué ocurría, pero era consciente de que fue violada.

Fue a partir del año 2012 cuando su tía Gloria - con quien su mamá la abandonó a los 10 años - la  llevó a una tienda de ropa y le presentó a un supuesto amigo de la familia llamado Bernardo. Le dijo que él le regalaría un atuendo para festejar su cumpleaños, pero no imaginó es que, al salir del lugar, su vida cambiaría para siempre.

“Subimos al auto y mi tía me dijo que tenía que pagarle la ropa que me había dado. Fuimos a un hotel que se llama “El Paraíso”. Ella entró con nosotros y se quedó en el carro mientras el tipo estaba conmigo en la habitación, mi tía pidió una hamburguesa y refresco para comer como si nada estuviera pasando. Salí asustada y le conté lo que me hizo (Bernardo), me respondió que si yo quería una vida mejor para mí  y mi hermanita tendría que aguantar y afrontar las consecuencias, además que ella ya había hecho mucho por mí”, contó Anahí.

Durante los siguientes cinco años, Gloria vendió los servicios sexuales de su sobrina. “Cada que no tenía dinero me vendía con sus amigos”, recordó.

Cuando Anahí cumplió 18 años logró escapar. Aprovechó el día que la enviaron a realizar un servicio y pudo huir con ayuda del taxista, de quien se hizo amiga gracias a que lo contrataban con regularidad para trasladarla dentro de Mérida.

Durante los años que fue explotada sexualmente tenía prohibido revelar su verdadero nombre, platicar con otras personas, tampoco le permitían ir a la escuela y mucho menos recibía dinero de  las ganancias que generaban a costa de su integridad física y emocional.

Anahí  fue  prostituida aprovechando su situación de vulnerabilidad y utilizando violencia emocional y física. Ella era menor de edad, su mamá la había abandonado en casa de su tía, no tenía a donde ir y, además, le repetían constantemente que tenía que hacerlo para darle una mejor calidad de vida a su hermana menor.

La trata de personas en el país

En México, hasta el mes de agosto, se iniciaron 348 carpetas de investigación por el delito de trata de personas en las Fiscalías estatales, 14 de estas tuvieron lugar en Yucatán, y de esta cifra, cuatro fueron contra mujeres. Los datos corresponden a los informes del  Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNP), pero estos números, no reflejan la realidad de las personas víctimas de trata en el país, pues se estima que solo una de cada 100 personas denuncia. 

Del otro lado, entre la delgada línea que separa un delito de otro, surge la esclavitud moderna, de la cual Anahí también fue víctima.

Las leyes mexicanas que castigan estos crímenes se crearon basadas en el protocolo de Palermo de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el cual especifica que, sin excepción, las y los niños prostituidos, incluso sin el uso de la fuerza o coerción, también son considerados esclavos. Este tratado rector para castigar la trata  a nivel internacional fue suscrito por México en el 2003.  

La legislación de justicia contempla castigos como de 15 a 30 años de prisión y sanciones económicas de un mil a 30 mil pesos para quienes cometan estos delitos. Pero de poco ha servido, pues la falta de capacitación del personal que trabaja en las agencias estatales de las Fiscalías complica la situación, ya de por sí delicada de las víctimas que acuden a denunciar. 

La impunidad y criminalización en una denuncia

En agosto de este año, Anahí, ya con 21 años de edad, expuso su caso ante la FGE de Yucatán. Había pasado los últimos tres años de su vida intentando dejar atrás esa pesadilla. Denunció porque Bernardo, el primer hombre que pagó por tener sexo con ella, empezó a acosarla en redes sociales.

“Él empezó a seguir en las redes sociales del negocio que tengo, yo me dedico a poner uñas, no lo pude bloquear y para cuando me di cuenta me envió un mensaje donde me pidió vernos y me preguntaba cuánto cobraba ahora por mis servicios, le dije que no y que si insistía lo demandaría”, señaló Anahí.

Dos días después Bernardo subió a las redes sociales fotos de Anahí. Eran las imágenes con las que su tía Gloria las ofrecía a sus clientes y amigos. 

“En la Fiscalía me preguntaron por qué esperé tanto tiempo para denunciarlo (a Bernardo). Y aunque les conté lo que me ocurrió cuando era una niña me dijeron que eso ya había pasado, que no podía denunciarlo ahora”, comentó.

El principal temor de la joven es que ahora ya no está sola, se casó y tiene una hija de dos años de edad a la que han amenazado con dañar. Y las agresiones han ido subiendo de tono, 15 días después de la primera denuncia, intentaron secuestrarla a unas calles de su casa.

“Fui a la tienda, sentía que me seguían y se lo comenté a la señora de la tienda, cuando salí empecé a correr y me jalaron de la blusa y me la rompieron. Me escondí en casa de un vecino, hablé a la policía que tardó más de 20 minutos en llegar para que al final los oficiales me dijeran que como no lo vieron no podían hacer más”, explicó Anahí.

En aquella ocasión logró Identificar que sus agresores fueron Bernardo y su primo Iván. A partir de ese momento comprendió que el acoso era orquestado por su tía Gloria para obligarla a volver. 

“¿Tienen que esperar a que me maten o que me violen de nuevo para que hagan algo? Yo tengo mucho miedo por mi vida y la de mi hija de dos años”.

El tercer ataque ocurrió el pasado 21 septiembre. Tocaron a la puerta de su casa y cuando abrió para ver quién era, ingresó un sujeto que la golpeó al grado de romperle las costillas, lesionarle un brazo y dejarle moretones en el rostro.

Dos de los incidentes fueron denunciados en la Fiscalía del Estado y pese a que cada vez eran más violentos, las medidas de protección se limitaban a auxilio inmediato y rondines de vigilancia. No eran suficientes, nunca lograron evitar una sola de las agresiones o llegaban con demora a verificar los hechos.

Los clientes: “Hombres de buena reputación”

Anahí recuerda los nombres de cada hombre que pagó para tener sexo con ella, todos conscientes de que se trataba de una menor de edad.  En su propia lista figuran algunos que son conocidos por su “buena reputación” y  personas relacionadas con liderazgos sindicales.

Durante los cinco años que fue obligada a prostituirse fue trasladada al Lua hotel en Champotón y al municipio de Sabancuy en Campeche y a Villahermosa, Tabasco, pero lamenta que, ningún empleado de los moteles y hoteles a donde la llevaban como Eros, Blue y Posada Camino en Mérida, Yucatán cuestionó a los sujetos sobre su acompañante, era evidente se trataba de una menor. 

Anahí cree que en estos lugares existe tolerancia y ojos ciegos ante esta clase de comercio sexual de niñas, niños y adolescentes.

“El daño está aquí, vivo con eso todos los días, sueño con eso diario, no hay un día sin pesadillas que no me levante en la madrugada. Los pensamientos me llegan y nunca se me olvidará, he ido al psicólogo pero lo dejo porque te piden que les cuentes las cosas con valentía y yo me quiebro por completo. A mí nadie me va a regresar mi niñez, a los nueve años dejé de jugar con muñecas, no conocí una infancia tranquila y me quitaron mis sueños”, lamentó. 

En algún momento de su infancia, Anahí soñó con ser abogada y con apenas 12 años se dio cuenta que no sería posible. También ser mamá y formar una familia era uno de sus deseos, quería tener ese vínculo de hogar que sentía le faltaba. Pero su tía Gloria, además de prostituirla, la hizo abortar en seis ocasiones, todos productos de violaciones.

“Bernardo me embarazó seis veces y mi tía me golpeaba hasta que perdiera a los bebés, un día me brinco en la espalda porque le dije que no quería abortar, fue tanto que tuve un sangrado horrible. Me hacía  tomar unas pastillas llamadas cytotec, que ella misma me compraba en una farmacia del centro donde seis pastillas costaban 150 pesos, hacía que me tomara 3 y me metiera 3 vaginales, pude haber muerto desangrada y sin embargo, no le importó”, recordó Anahí.

El calvario por la justicia

En un nuevo intento por obtener justicia y salvar su vida, Anahí acudió en septiembre a la Comisión Ejecutiva Estatal de Atención a Víctimas (CEEAV) con la esperanza de que la ayudaran a obtener medidas de protección 24 horas. Sin embargo, solo la orientaron para que acudiera al área especializada en trata de personas de la Fiscalía estatal.

“Tengo miedo que me hagan algo a mí y mi esposo y dejar sola a mi hija, ya no quiero vivir con miedo. A mis 21 años logré ser feliz, ya cambie mi vida, pero me siguen molestando, torturando. Bernardo me escribe de diferentes números y me dice que lo que más disfruta es que nunca olvidaré que él me violó, pero por otro lado siento que si hablo mi tía (Gloria) y él pagarán por todo el daño que me han hecho”, reclamó la joven.

Otra de las puertas que tocó fue en la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV) a nivel federal, aquí tardaron dos semanas para realizar el escrito con el que interpondría la denuncia ante la Fiscalía General de la República (FGR), que aunque ya fue entregado, la FGR todavía no responde si atraerá el caso dentro de su competencia.

En medio de la desesperación por no sentirse segura, Anahí tramitó un amparo en el Juzgado Noveno de Distrito en Materia Administrativa con sede en la Ciudad de México, el cual fue admitido el primero de octubre y  ordenó a las autoridades de Yucatán en el ámbito de sus competencias salvaguardar la integridad de la joven. Pero, hasta el día de hoy, han hecho caso omiso e ignorado la solicitud de auxilio.


Anahí espera poder recuperar la libertad para vivir sin miedo y salvaguardar a su hermanita Ana, ya que teme la prostituyan como a ella.  

En Yucatán, la trata de personas aumentó en 700 por ciento con respecto al año pasado, de acuerdo con el informe presentado por el Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia de la Ciudad de México.

Sobre el caso de Anahí se solicitó una postura a las autoridades estatales, hasta el momento no han informado si las  medidas de protección serán modificadas de auxilio inmediato y rondines de vigilancia a protección con custodia 24 horas. Sin embargo, la joven confirmó que este viernes en la Fiscalía estatal le notificaron que contará con estas herramientas de auxilio 30 días más.