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Abandonan montaña de cromo entre León y San Pancho

Son 196 mil toneladas de cromo hexavalente altamente peligroso abandonadas a cielo abierto

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Escrito en GUANAJUATO el

Es una montaña verde. Tiene casi 50 metros de altura y está mezclada con escombro para camuflarla, pero en su interior está rellena de cromo hexavalente, verde y pestilente. 

Es una montaña de 196 mil toneladas de residuos peligrosos que fueron abandonados en un terreno de la empresa Química Central de México, en los límites de León y San Francisco del Rincón.

El paisaje es desolador. Las imágenes a 200 metros de altura, tomadas con un dron, muestran el efecto del cromo-6 o Cr (VI). El color verde penetra la tierra y el agua como un tumor maligno.

Se aprecia un montículo de casi 300 metros de largo. Hay escurrimientos de aguas verdes y cromo hexavalente en todo el territorio. 

A un lado hay varias pilas de agua acumulada. Y al fondo se aprecian los lixiviados del tiradero que forman un charco de agua espesa y oscura que corre hasta el Río Turbio. Doscientos metros atrás, está el Río Turbio que sale de León, pasa por San Francisco del Rincón, corre hasta los Altos de Jalisco y termina en la presa de Chapala, en Guadalajara.

La Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), clausuró la empresa en 2014, pero ahí se quedó el tiradero tóxico a la intemperie, contaminando el subsuelo, sin tratamiento adecuado, con alto riesgo para la población y para el medio ambiente.

El reporte de Profepa establece que la montaña constituye un riesgo de desequilibrio ecológico, provoca daño y deterioro grave a los recursos naturales y representa un riesgo para la salud pública a cielo abierto.

La planta de cromo no ha recibido un tratamiento correcto desde el punto de vista técnico y ecológico durante sus 42 años de existencia. Los expertos ambientalistas han afirmado que la montaña de cromo 6 debe ser llevada a un cementerio de residuos tóxicos con todas las medidas de seguridad, pero el Gobierno Federal dejó el tema sin concluir.

La empresa Química Central de México fue clausurada por la Profepa el 4 de junio del año 2014. La empresa consiguió un amparo federal en el 2015, pero el 20 de abril de 2018, la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente confirmó que se mantiene la clausura total y se aplicó una multa de 33 millones 396 mil pesos.

La empresa fue desmontada por completo. Ya retiraron las chimeneas y estructuras metálicas y solo quedaron las ruinas. Las autoridades encontraron 196 mil toneladas de residuos de cromo, 11 mil metros cúbicos de Alúmina con cromo y 3 mil metros cúbicos de escombros con cromo generados por la demolición de instalaciones. Todavía se ven los depósitos de lodos con hidróxido de cromo.

La clausura total fue por almacenar 300 mil toneladas de residuos peligrosos a cielo abierto sin las condiciones de seguridad que establece la Ley General para la Prevención y Gestión Integral de los Residuos (LGPGIR). Durante una inspección que se hizo del 8 al 11 de abril del 2014, la Profepa observó que la empresa no cumplió con todas las obligaciones para el tratamiento y disposición final de 104 mil toneladas de residuos peligrosos con cromo hexavalente o alúmina que se habían enviado para su tratamiento a la empresa Arges Ambiental de México S.A. de C.V. 

En el interior de la empresa, Profepa detectó una montaña de 300 mil toneladas de cromo 6 y en un terreno cercano, junto a las vías del ferrocarril, había otras 40 mil toneladas de residuos peligrosos enterradas de manera ilegal en terrenos de derecho de vía de ferrocarriles, a 1.5 kilómetros de distancia.

Las autoridades federales en su momento pidieron hacer un estudio ambiental para determinar si los suelos están contaminados. Un informe del Sistema de Agua Potable de León dio a conocer hace varios años que al menos 10 pozos de agua de la región están contaminados por el cromo hexavalente.

La empresa Química Central de México fue construida en Guanajuato en 1978, con permisos irregulares del Gobierno Federal. La compañía se dedicaba a la fabricación de productos químicos básicos (sulfato básico de cromo, líquido y sólido y dicromato de sodio), utilizados en la industria curtidora de León. Con esos químicos se hacía el proceso de curtido para la fabricación de zapatos en León.

En los años ochenta, una planta similar Cromatos de México fue clausurada en Lechería en el Estado de México por representar un riesgo para la población. Los pasivos ambientales de Cromatos de México fueron tratados según las leyes ambientales y fueron sepultados en condiciones especiales según las normas para evitar la contaminación.

La montaña de Química Central de México, en cambio, no ha recibido un tratamiento de remediación ambiental. Ahí sigue la montaña a cielo abierto.

El cromo hexavalente constituye un riesgo para salud de las personas que entran en contacto con el químico. En cantidades importantes puede provocar problemas en la piel, destruir cartílagos, afectar el sistema respiratorio y provocar incluso cáncer. Las autoridades sanitarias han reconocido casos de personas que mueren por cáncer, aunque nunca se ha hecho un investigación profunda para ver si tienen qué ver con la montaña de cromo.

La clausura de la planta fue condicionada al retiro de la totalidad de las toneladas de residuos peligrosos que por muchos años estuvieron depositados inadecuadamente, así como caracterizar el sitio en donde fueron depositadas y, en su caso, realizar las actividades de remediación, de acuerdo a lo establecido en la Ley General para la Prevención y Gestión Integral de los Residuos y la Norma Oficial Mexicana 147-Semarnat-2004. La empresa nunca transportó sus residuos a los centros de acopio, tratamiento y disposición final por medio de empresas autorizadas, tal y como lo exige la Ley.

La empresa Arges Ambiental de México SA de CV, filial de Química Central de México, 

también fue clausurada a partir de un procedimiento de la Profepa, debido a que se detectaron varias muestras de residuo tratado por arriba de los límites máximos permisibles en la Norma Oficial 052-Semarnat-2006.

La Procuraduría Federal de Protección Ambiental determinó en su momento que los pasivos ambientales de Química Central representan un riesgo inminente de desequilibrio ecológico, daño y deterioro grave a los recursos naturales del lugar y a la salud pública.

El paisaje de la planta es de destrucción.

El Río Turbio tiene líquidos verdes y hasta emite humo. Las líneas de producción de óleos y resinas, están destruidas. Los lixiviados y escurrimientos se aprecian alrededor de la planta, sin acciones de mitigación. El tiradero tóxico no cuenta con las condiciones de seguridad para evitar o reducir riesgos por posibles emisiones, fugas, incendios, explosiones o inundaciones. Lo más grave es que a 200 y 300 metros del lugar, viven familias que no dimensionan el riesgo.

Los toneladas de cromo siguen ahí, a granel, sin encapsular, ni protección, a cielo abierto, poniendo en riesgo la salud de los habitantes. 

El manejo inadecuado de residuos peligrosos durante 42 años creó un pasivo ambiental difícil de tratar o confinar: una montaña verde, como un cáncer pestilente de cromo 6 imposible de ocultar.