Teocelo, la primera radio comunitaria, busca sobrevivir

Radio Teocelo ha sobrevivido medio siglo. La primera radio comunitaria del país se ha enfrentado a distintas pruebas desde que nació en 1963 en Veracruz: desde la falta de conocimientos de sus operarios para manejar una radio en sus primeros años, la burocracia para conseguir un permiso, y la falta de recursos que los ha perseguido en toda su historia.

Pero quizá el momento más complicado ocurrió en 1998, cuando la Secretaría de Comunicaciones y Transportes decidió cerrar la estación. Previamente habían vivido un periodo de hostigamiento que comenzó en 1988, recuerda en entrevista con La Silla Rota Elfegos Rivero, locutor de la estación.

“Dionisio Pérez Jácome quiso desmantelar el proyecto de radio, a raíz de una nota que pasamos”, dice.

Fue cuando Pérez Jácome hacía campaña como candidato a diputado por el distrito de Coatepec. Como eran los usos y costumbres políticos de aquella época, el equipo del priísta regaló, con fines electorales, planchas y refrigeradores a los posibles votantes. El hecho fue informado por un corresponsal de la estación que además reportó una contradicción, ya que en las fincas cafetaleras del político los trabajadores sobrevivían con sueldos de hambre.

“Quiso desmantelar el proyecto con caciques. Derivó en un conflicto laboral, la gente se empoderó con el medio y cuando lo vieron con riesgo de que sufriera intervenciones salieron a defenderlo, porque lo sentía propio, era su herramienta de comunicación”, agrega.

Pero la presión constante duró 10 años y parecía ser el fin de la estación que entonces llegaba a seis municipios de la zona sur de Xalapa [ahora llega a 10], y que transmitía 14 horas diarias los 365 días del año, cuando la SCT la cerró en mayo de 1998 debido a una “falta administrativa”. El cierre coincidió con la campaña de Miguel Alemán Velasco a la gubernatura.

Lo que vino después fueron protestas de campesinos que pedían reabrir la estación. Como se ve en una foto de aquel año, en una manta de apoyo, se ve a un grupo que pide respeto a la libertad de expresión. No sólo fueron mantas, también escritos de apoyo, entre ellos el de las autoridades del municipio de Cosautlán, Veracruz, que en un oficio dirigido a Carlos Ruiz Sacristán, titular de la SCT, le pedía que la estación a la que llamaba “nuestra radio”, volviera a salir al aire. En diciembre de ese año regresaron al espectro radiofónico.

“Es la única vez que nos cerraron, desde entonces ya nos respetan pues se dan cuenta que la gente siempre saldrá en defensa del medio”, comparte, sin ocultar su orgullo.

Pero ahora enfrentan su mayor reto: la falta de recursos y la conversión tecnológica, obligada por el equipo en ruinas con el que trabajan. Un ejemplo es una consola Gates donada en los años 80 por Radio Mil, que la tuvo en operación durante 30 años, y Radio Teocelo al recibirla la empleó 12 años más.

“El desafío es este, de no quedarnos atrapados en una tecnología analógica, fuera de mercado, antigua. No encuentras refacciones pero en 50 años no ha tenido la estación el dinero para comprar equipo, ha vivido de prestado, reciclado, regalado de aquellas instituciones educativas, con equipo en bodega, que nosotros lo reusamos. Tenemos una bodega, es romántico pero nos preocupa mucho lo que tenemos. Da para dos años y podríamos dejar de operar y dejar de salir del espectro”, explica.

Aunque por ley las estaciones comunitarias, como Teocelo, tienen derecho al 1 por ciento del presupuesto del gobierno federal destinado a comunicación social, hay que hacer un trámite que implica viajar a la ciudad y que lleva tiempo y dinero. Además que consideró injusto el esquema, pues el 99 por ciento restante se reparte entre las grandes radiodifusoras y televisoras.

A ello se suma la austeridad republicana: al haber reducción del presupuesto para comunicación social, los recursos para las 15 radios comunitarias o indígenas que hay en el país disminuirían.

La naturaleza también ha jugado su papel en contra de Radio Teocelo.

“El año pasado un ventarrón nos tumbó la torre y debimos poner una antena nueva de 51 metros, ir a la ciudad. Costó 100 mil pesos, quien nos sacó del problema fueron los oyentes, no los políticos. La gente ya se apropió del medio, cuando no la oyen se alarman, se asustan y si es el caso como del ventarrón vienen con bolsitas de apoyo”, describe.

“La radio es de la gente”.

LOS INICIOS

Radio Teocelo cumplió este 1 de septiembre sus primeros 54 años como radio con permiso, aunque desde 1963 y 1964 transmitían aún sin tenerlo, cuenta el locutor.

“Esos dos años hubo contacto con la Secretaría de Comunicaciones pero oficialmente la fecha de inicio fue el primero de septiembre de 1965”.

Añade que la estación nació en una época donde era difícil una concesión o permiso de un espectro a ciudadanos. Era una época donde solo se otorgaban al sector público y privado, no a asociaciones civiles como es la Asociación Veracruzana de Comunicadores Populares, rememoró Riveros.

Pero los fundadores lo intentaron y llamaron la atención de la SCT y enviaron oficios, para solicitar una inspección y el permiso se dio en la modalidad de servicio. Surgió como una estación de 200 watts de potencia, pero lo que había detrás era la intención de documentar como sociedad civil lo que ahí pasaba.

“Ciudadanos que han querido ser actores de su propio destino y por autogestión que la gente tenga respuestas de los gobernadores, de los presidentes municipales o alcaldes. Se ha querido tomar iniciativa ciudadana para hacer un mejor esfuerzo y exigir al gobierno lo que son sus obligaciones”.

Uno de los principios rectores desde entonces fue tratar de preservar su independencia.

“Empezamos siendo algo local, cultural y en 15 años una frase que compartimos y que es de Antonio Homero Jiménez García, nos metimos a brujos sin saber de yerbas. No es fácil tener el papel, el permiso no garantiza nada, es también desarrollo, áreas, mantenimiento e inclusión”.

Luego de 15 años la audiencia entre la comunidad se consolidó y había participación de quienes los escuchaban para sostener la radio. Lo que faltaba eran condiciones técnicas y legales para mantenerla.

“Si no se regularizaba el permiso se iba a perder, nos alertó la SCT”.

Fueron años de aprendizaje, de hallazgos, de descubrir que había que desarrollar destrezas en la programación, producción, administración y la parte técnica. Se convirtieron en una radio educativa y cultural y obtuvieron el permiso. Pasaron de tener una potencia de mil watts, su cobertura se incrementó de 10 a 50 kilómetros, abarcaron 400 localidades de 10 municipios, y entonces la influencia y reacción de los radioescuchas fue mayor, lo mismo que el reconocimiento.

“Fue inédito, la gente al sentir que tenía el micrófono se empezó a expresar con libertad, se empezó a empoderar con la radio, sentimos que se dio la apropiación del medio. Del 80 al 89 se sentía una fuerte presencia de la audiencia, eso empezó a causar encono y desconfianza con quienes detentaban al poder, cacicazgos, alcaldes de viejo cuño, párrocos cerrados a la participación de la población, porque se empezó a confrontar al poder económico, político, religioso y sindical. La radio al confrontar al poder se metió en problemas”.

El crecimiento fue acompañado de conflictos políticos y legales. En una zona donde convivían distintos poderes, la ciudadanía tuvo también su voz, aseguró.

En los últimos 30 años también debieron adaptarse a diversos contextos. Venían de la convivencia con el viejo régimen de partido único PRI-gobierno, luego las reformas político-electorales abrieron las válvulas a la presión social, la alternancia con el PAN y ahora el nuevo régimen de la 4T.

La propia radio ha cambiado, y en su caso quieren aún ser un instrumento que sirva a la sociedad.

En 2003 recibieron el Premio Nacional de Periodismo, obtenido por la experiencia exitosa con la transmisión del programa Cabildo Abierto, donde había rendición de cuentas de los gobiernos municipales, con la presencia diaria de un representante del ayuntamiento y la posibilidad de un diálogo con la ciudadanía, refiere.

Sus programas aún son vistos con recelo y ha habido amenazas por Facebook, aunque afortunadamente no agresiones físicas.

“Sí ha habido malestar del gobierno e incluso delincuencia organizada, cuando uno echa a perder algún negocio de malas mañas corre uno ese riesgo. Medimos los contenidos noticiosos, la gente nos cuida, lo sienten útil y sobre todo como un instrumento para quitar las vendas de los ojos”.

Pero ahora enfrentan dificultades técnicas y monetarias.

Con el 1 por ciento del presupuesto destinado a comunicación social por parte del gobierno federal y el cual bajó este año, duda que en su caso lleguen a obtener un millón de pesos para este año, que quedarían en 850 mil debido al pago de impuestos, mientras que requieren dos millones de pesos para renovar su equipo.

De seguir así, se verían obligados a cerrar, y lo mismo pasaría en tres o cuatro años con otras estaciones similares.

“No se puede trabajar sin recursos. Hemos aguantado vara porque nos ayudan en sostenimiento, pero la gente ya tiene 45 años, llegan jóvenes y debemos buscarles su sostenimiento”.

Dice que han buscado a representantes del gobierno federal, primero con la anterior administración y ahora con la 4T, pero detectan que el Congreso de la Unión está temeroso de abrir un debate sobre si deben darse más recursos a las radios comunitarias, ya que no quiere enfrentarse a las grandes radiodifusoras y televisoras.

“Ni siquiera para comercializar, pero quien se opone es la Cámara de la Industria de la Radio y la Televisión (CIRT) y nadie se quiere meter a menos que la 4T organizara un debate”.

Pero lo que no se ve es que estos medios hacen cosas que no hace el gobierno, dar espacio a la voz de las comunidades.

Un dilema que enfrentan es si se mantienen en AM o se pasan a FM, ya que en Xalapa todas las estaciones se han comenzado a convertir a FM.

“Si bien habría una mejor señal, hay que cambiar todo y es carísimo y perderíamos audiencia porque la señal por AM se va a los cerros, a las montañas y corre libremente y no se pierde. En FM, perderíamos zonas de audiencia, no nos conviene pero sí mejora la calidad”, reconoce.

“Lo que tenemos es de museo y corremos el riesgo de no contar con recursos y van a venir a una inspección y ver que estamos fuera de norma y pueden cerrar la estación. A lo mejor no podemos poner tanta tecnología digital pero sí podemos modernizarla con un millón y medio o dos millones de pesos para tener oportunidades para los próximos 20 años con equipo nuevo”.

Otra opción es hacer una resistencia analógica. Hacer que el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) diga que con fierros viejos no se puede operar y cerrar.

“Tal vez sea el acicate para las nuevas generaciones, para la renovación y que tomen el control. La gente que está ahora lleva 35, 40 años y ya está cansada”, concluye.