Porno venganza: el desamor y el odio llegan a internet

Alicia Rosas Rubí reconoció que la publicación y exhibición de fotografías eróticas por venganza es una práctica “muy común y actual”.
Porno venganza: el desamor y el odio llegan a internet

CIUDAD DE MÉXICO (La Silla Rota).- "Ya encontré tus fotos, eres una puta. El mundo va a saber qué clase de mujer eres", decía el mensaje de texto que acababa de llegar al teléfono celular de Ana. Se sorprendió por la carga hiriente y ofensiva del contenido, pero no tomó importancia porque provenía de un número desconocido. Asumió que se trataba de un horrendo error.

 

Con una risa coqueta se reincorporó a la plática, su novio Joaquín recreaba la jornada en Six Flags para festejar el cumpleaños de un amigo.

 

Treinta y cinco minutos después la vibración y un ligero sonido le anunciaron a Ana otro mensaje en el Smartphone: "Tus fotos de puta ya las subí. Ahora sí todo mundo va a saber jajaja”.

 

El nerviosismo la invadió por dentro, su temperatura subió levemente, el rostro se le enrojeció y las manos le comenzaron a sudar.

 

Ana se mantuvo en silencio. Se acomodó en el asiento del automóvil sin dejar de juguetear con el teléfono. Buscó en sus recuerdos y comenzó a rastrear mentalmente quién pudo enviarle esos mensajes si no tenía conflictos, problemas o rencillas con alguien.

 

Instantes después recordó dos fotografías, pero estaba segura que había borrado el correo electrónico.

 

“Hace años salía con un chavo que luego se fue a vivir a Estados Unidos y me dijo mándame una foto. La foto, ni siquiera era así, ni se me veía la cara, estaba en un sillón de espaldas y sólo traía un calzón, y otra de media espalda en calzones. En ninguna se notaba mi cara” recordó mientras miraba por la ventana.

 

Ana siguió en el auto sin responder a la plática de Joaquín. Ella descartó que su amigo en Estados Unidos hubiera enviado ese mensaje porque el número del teléfono celular de donde provenían los mensajes iniciaba con 55, la clave lada de la Ciudad de México.

 

Se alarmó tras la llamada de una amiga que le preguntó sobre el contenido de su publicación en redes sociales, respondió que durante ese día no ‘posteó’. Joaquín le preguntó que ocurría, pero no respondió.

 

“Ya viste tu Facebook”, le dijo otra amiga que le llamó por teléfono y eso le provocó miedo.

 

-Estas bien Ana, preguntó su novio.

-No, creo que no, algo pasó en mi Facebook, respondió apenada.

 

La alteró otro mensaje: “Ya viste tus fotos, eres una puta”.

 

Ana cruzó la puerta de su casa y buscó su laptop para ingresar a la red social, pero no pudo. Lo intentó varias veces más y no pudo acceder.

 

Su hermana Gaby entró al perfil, encontraron dos fotografías de Ana con el texto “esto es lo que hago cuando tengo una cámara y una verga enfrente”. Las imágenes eran las que había enviado a su amigo en Estados Unidos.

 

Continuaron las notificaciones de más mensajes insultantes del mismo destinatario a su WhatsApp.

 

El estrés y el llanto llamaron la atención de la mamá de Ana. Finalmente le confió lo que estaba pasando.

 

“Veo los mensajes y siento miedo, muchos los borré porque decía: eso no es cierto, no me puede estar pasando a mí. Me están persiguiendo”, le platicó a su mamá.

 

Ana perdió el sueño esa noche, pensaba que amigos, familiares y compañeros de la universidad podían ver esas fotografías, señalarla.

 

“Siento miedo, se van a enterar todos. A veces pienso ‘si ya hizo esto qué más va a hacer' este tipo o tipa que subió mis fotos”, le dijo Ana a Gaby.

 

Con el paso de las horas Ana se serenó e indagó mentalmente sobre el responsable de exhibir su intimidad.

 

La mañana siguiente, Ana se presentó en la FES Aragón para sus clases, y se llevó otra sorpresa. Tania, su compañera, le mostró un correo electrónico con las mismas fotografías de Facebook con el mensaje “y ahora ya también se las mandé a tus contactos de correo para que vean que clase de puta eres”.

 

El correo venía de la cuenta de Ana, ese mensaje había sido enviado a todos sus contactos, incluidos profesores.

 

Las amigas de Ana trataron de darle ánimos. Ella se despidió y llegó llorando a casa.

 

-Ya no quiero ir a la universidad, me siento humillada y observada por todos, dijo Ana a su mamá.

 

-No puedes hacerlo. Ten calma y busquemos una solución.

 

Las horas le dieron una pista a Ana. Su ex novio Daniel, quien no estuvo de acuerdo con la ruptura de la relación sentimental podía ser el responsable.

 

Además, Daniel en varias ocasiones le arrebató el celular a Ana y le llamaba a sus compañeros para amenazarlos con golpearlos y matarlos si se acercaban a ella.

 

La violencia y el alcoholismo de Daniel provocaron que Ana terminara la relación amorosa. Él intentó chantajear a Ana con no darle sus cosas –préstamos de discos, libros, fotos, y más- si ella volvía a ser su novia.

 

Daniel no usó teléfono celular durante su noviazgo con Ana. Lo llamó a su casa y le respondieron que estaba de vacaciones.

 

Pasaron los días y el siguiente lunes Ana se presentó en la casa de su ex novio, fue acompañada por Tania. Desde la ventana su ex suegro le informó que Daniel no estaba.

 

Tania marco al teléfono de donde salían los mensajes insultantes para Ana. Al interior de la casa de Daniel se escuchó un celular. Ana se despidió del señor y de inmediato Tania le platicó a Ana sobre el sonido del teléfono.

 

Se acercaron a la casa de Daniel y marcaron tres veces en los siguientes 10 minutos, y todas coincidían: los tonos de marcado y el sonido en el domicilio. No tenían duda, los menajes venían de ese lugar.

 

Tocaron la puerta y le pidieron al papá de Daniel aclarar lo del celular. Incrédulo sacó el teléfono celular. Ana marcó al número y le vibró en la mano al señor. Ella le mostró los mensajes.

 

Daniel había utilizado el teléfono de su papá para enviar mensajes agresivos contra Ana. El señor trató de proteger a su hijo, pero todo estaba claro.

 

-Además Daniel envió fotografías mías por correo a familiares, compañeros y profesores de la universidad. Le reveló al papá.

 

Carmen, hermana de Daniel, le dijo a Ana que no hiciera “drama” y que no era para tanto. “Ya lo va solucionar Daniel”, le aseguró. Esto molestó e indignó más a Ana.

 

Esas palabras la llevaron a recordar que Carmen tenía un novio que era experto en sistemas computacionales, quien le había ayudado a Daniel a desbloquear computadoras o recuperar contraseñas.

 

Ellos tres le habían robado las contraseñas a Ana.

 

Daniel contestó una llamada de Ana y le confirmó que él había entrados a sus cuentas y enviado las fotografías, le dijo que “si no regresas conmigo seguiré enviado tus fotografías a todos”.

 

Transcurrió otra semana, a diario llamó Ana a la casa de su ex novio para exigir a los padres de Daniel que le entregarán las contraseñas de sus cuentas de Facebook y correo electrónico.

 

Sólo después de que Ana amenazó con denunciar ante a las autoridades a Daniel, fue como Carmen le entregó en un papel las claves.

 

Ana y Tania fueron a un café internet. Ana por fin pudo entrar a su perfil Facebook y lo eliminó, además cambió la contraseña de su e-mail.

 

A sus 18 años, Ana fue víctima de “porno venganza” y relató esta historia para La Silla Rota.

 

“Me daba vergüenza, me sentía muy humillada y también me daba coraje porque debe pensar que yo no le mandé esas fotos, unas fotos que yo me tomé para otra persona y que él robo mis cuentas para exhibirme”, contó.

 

Ana reconoció que este incidente impactó en su estado de ánimo. “Sí me quedé con un trauma, odio que me tomen fotos, me cuesta tomarme una foto y subirla a redes porque me da vergüenza. Ahorita si me dicen ponte para la foto es un sufrimiento horrible”.

 

Su autoestima sufrió un daño, “yo creo que también afecta la cuestión erótica, yo decía que bonita ropa, ahorita me da pena. Eso de la lencería bonita es algo que ya no puedo hacer”.

 

Con un poco de tristeza Ana confiesa: “consiguió hacerme sentir miserable... que si te compras un calzón bonito eres una puta”.

 

 

Venganzas digitales en la CDMX

 

En entrevista con LA SILLA ROTA, Alicia Rosas Rubí, fiscal Central para la Investigación de Delitos Sexuales de la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México, reconoció que la publicación y exhibición de fotografías eróticas sin consentimiento de una persona por venganza es una práctica “muy común y actual”, considerando los avances tecnológicos de los medios de comunicación.

 

“Las venganzas a través de cualquiera de estos medios electrónicos es muy reiterada, pero son eso: conflictos entre parejas, novios, sobre todo en ex parejas”, expuso la fiscal.

 

Reveló que la procuraduría capitalina ha tomado conocimiento de esta práctica para amenazar o presionar a las víctimas, principalmente a mujeres por terminar con la relación sentimental.

 

“Tenemos registradas muchas quejas y denuncias en ese sentido 'de que era mi novio y terminamos, y como ya no quiero andar con él ahora me está amenazando que, si no regreso con él, entones va subir unas fotografías o video que nos tomamos cuando teníamos relaciones sexuales'. Eso implica que ella accedió a que se le tomará ese video, entonces ya estamos hablando de que no se trata de un delito sexual de carácter sexual, se trata de una amenaza. Es una amenaza, no se trata de acoso, abuso”, aclara Alicia Rosas Rubí.

 

La “porno venganza” no está tipificada como un delito sexual en el código penal, ya que sólo se contempla el abuso sexual la violación, la corrupción, la pornografía infantil y el acoso sexual.

 

La tecnología facilita la comisión de cualquier delito, no nada más los sexuales, precisa.

 

“Las herramientas virtuales son un medio para actualizar una conducta delictiva. En este caso llegar a una violación o abuso sexual, que son delitos que requiere que sea en presencia de las partes. En el abuso sexual tiene que haber tocamiento, y en la violación tiene que haber penetración”, apuntó.

 

Dijo que se tienen “noticias de que les envían mensaje sugestivos o atrevidos a través de WhatsApp, Facebook y de otros programas que existen para comunicarse de esa naturaleza: si no vienes conmigo o te acuestas conmigo vas a ver qué te va a pasar esto. Y vienen ellas y dicen 'es que era mi novio'. Entonces estamos hablando de una especie de acoso sexual”.

 

En el 2014 en la Ciudad de México se iniciaron 39 denuncias de acoso sexual producto del uso de la tecnología y en 2015 se presentaron 30, y es que, aunque hay más señalamiento de “porno venganza”, no son catalogadas como delitos sexuales y no se sanciona con una pena privativa de la libertad.

 

“Regularmente vienen y nos platican, les decimos no es un delito sexual, probablemente muchos de los casos caen en un tema que se llama ‘daños y perjuicios’, pero se tiene que acreditar que el prestigio se dañó por esas imágenes y esas publicaciones. Por ese motivo yo puedo reclamarle al agresor que me pague. No hay propiamente una conducta que merezca una pena privativa de libertad, si tomamos en consideración que ahora que entró en vigor el nuevo sistema penal acusatorio, sólo realmente las conductas lesivas señaladas como graves en el código tienen designada una pena privativa de la libertad”, explicó.

 

Y puntualizó que “el simple hecho de las fotografías (publicadas en internet) no tiene relevancia penal, hay relevancia civil. La ley penal solamente sanciona y conoce de esas conductas, las que las que son relevantes para el derecho penal, pero si hablamos de menores de edad la situación es otra, podría ser pornografía. El simple hecho que entre parejas nos peleamos y ahora subo tus fotos no hay delito”.

 

Alicia Rosas Rubí asegura que “desde el momento en que se toman las fotografías o videos desnuda estoy consintiendo que eso puede pasar (la publicación)”.

 

“Ella tendría que demandar y decir pasó esto, nos entrevistamos con ella y de lo que nos diga vamos a detectar, si aparte de eso que ella está mencionando hay otra conducta que pudiera conjugarse, y así nosotros tenemos que investigar un delito, pero si es porque nada más subió sus fotos, no sabemos el motivo, es entre ellos”, afirmó.

 

La averiguación previa se inicia por querella, no de oficio. La propia víctima al ubicar su fotografía en Internet debe denunciar. La policía cibernética de la Ciudad de México sólo indaga en conductas de tipo sexual pero exclusivamente de menores. En el caso de los adultos, “el afectado por la invasión a la privacidad es quien debe demandar, no cualquiera”.

 

“Chantaje, amenaza y venganza, y nada de eso es un delito. Para que se configure algún delito nosotros tenemos que verificar que venga la víctima, que nos manifieste algún tipo de violencia o que sea menor de edad”, precisó.

 

Comenta que hay personas que tienen tanta pena denunciar que prefieren no decir nada, porque “no obstante la exhibición en los medios, pues aparte la investigación que hacemos en la fiscalía”.

 

Las víctimas de la porno venganza son principalmente mujeres jóvenes, representan el 95 por ciento de las víctimas.

 

“Es muy constante que vengan las jovencitas, sobre todo, también pasa mucho con ex parejas de divorciados cuando están teniendo algún conflicto por la patria potestad o la custodia de los menores que empiezan este tipo de situaciones, pero ya es derivado de esta problemática”, apuntó Rosas Rubí.

 

 

 

Intercambio de material erótico

 

La sexóloga Irene Moreno afirmó que el intercambio de material erótico entre las parejas sexualmente activas es una práctica muy natural, incluso entre personas que no son pareja que quieren excitarse, y siempre ha representado un riesgo.

 

"Mandarse fotografías desnudos, en negligés, con ropa sensual, para que el otro o la otra viera y pudiera excitarse con ese material gráfico, eventualmente podía constituir un peligro, por supuesto desde hace muchos años las parejas han filmado o videado sus relaciones íntimas, sus relaciones sexuales, hemos sabido de escándalos, antes del Facebook y de todo, de parejas que en venganza -sobre todo famosas- han distribuido estos vídeos y fotografías”, recordó.

 

La especialista aseguró que el intercambio de material ayuda a enriquecer el mundo erótico. Antes las fotografías y los videos quedaban la intimidad, en la secrecía, pero la presencia de las redes sociales hace que algo que antes era privado se vuelve totalmente público.

 

Explicó que “los seres humanos nos excitamos viendo, nos excitamos escuchando y forma parte de la fantasía erótica y es algo totalmente saludable, pero en un momento dado puede llegar a ser peligroso cuando se presentan los celos, las venganzas y todas esas cosas también muy humanas”.

 

“Ahora puedes tomar una fotografía con tu teléfono celular y mandarla de manera inmediata a tu pareja, esto hace sea más factible y se potencie la cantidad de personas que lo hacen, pero el tema es que también se potencia el número de personas que pueden ver esa misma fotografía, ese mismo material. Antes mandabas la carta, la foto por correo, tenía incluso un tiempo distinto, el tiempo que pasaba para que la persona le llegara era mucho mayor, hoy es cuestión de segundos para que esa foto que te estás tomando ahorita la pueda ver quien sea”, apuntó.

 

La conductora de radio comentó que se tiene la idea de que sólo los jóvenes intercambian material erótico en las redes sociales, pero los adultos también recurren a esta práctica.

 

“Podría parecer que está restringido al sector juvenil, que está en la curiosidad de conocer y explorar, pero la realidad es que lo hacen personas de todas las edades. Estos intercambios de fotografías y material erótico excita a personas de cualquier edad, evidentemente, entre personas jóvenes hay menos pudor porque está de moda”, aseveró Irene Moreno.

 

Sexting y porno venganza

 

“El sexting es la divulgación de fotografías consideradas privadas, que un usuario le envía a otro usuario de las plataformas digitales, a través del Smartphone, correo electrónico, las redes sociales. Es un parte de la expresión de la sexualidad de las personas, es totalmente coherente que tú quieras exhibirte frente a tu pareja porque la amas, te gusta, sientes una atracción erótica y es parte de una sexualidad, de un juego erótico que es consensuado entre dos personas”, señaló Rubén Vázquez, especialista en redes sociales y académico de la Facultad de Estudios Superiores de Aragón de la UNAM.

 

El envío de material erótico entre parejas jóvenes y la publicación de fotografías es una práctica que va en aumento.

 

“Es un fenómeno muy común entre adolescentes, quienes en un afán de reafirmar su sensualidad, sexualidad y su atractivo físico, hacen cosas que quizá parezcan ilógicas, pero tiene mucho valor dentro de esta lógica adolescente, de un hedonismo total, en donde se está dispuesto a muchas cosas por un ‘like’ y la gente te admire, por eso terminan compartiendo este tipo de material que es totalmente privado”, precisó.

 

Pocas parejas piensan que esas fotografías o videos puedes ser distribuidos en internet por celos o despecho.

 

“El problema es que las relaciones interpersonales tienen fin, y cuando persona comparte este tipo de materiales a otra persona pierde el control total sobre ello, es decir, dejan de ser propios, sobre todo si lo hace a través de una plataforma de divulgación masiva como es una red social, una página web, o algunas aplicaciones como el WhatsApp”, explica.

 

Rubén Vázquez indicó que la porno venganza tiene distintos orígenes, “la primera es el despecho, es decir, las relaciones interpersonales entre adolescentes no son eternas, y aunque para un adolescente le pareciera que algo es eterno, que diga ‘él es el amor de mi visa, voy a estar para siempre y sería incapaz de hacerme daño’, pues todos sabemos que un mes después el amor encuentra otro cause y las relaciones se acaban”.

 

Y concluyó que “cuando una chica mujeres comparte este tipo de material con su pareja y la pareja se siente despechado, despreciado, cambiado, lo toma como un material de venganza, lo comparte, lo sube a páginas. Hay cientos de videos de páginas, de este tipo de videos amateur –como los llaman en el mundo de la pornografía-, está lleno de mujeres que cometieron está indiscreción”.

maaz


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