DEPORTES

Deportistas que vivieron una infancia de terror y hoy brillan en la cima del éxito

Estos deportistas vivieron una terrible infancia que marcó sus vidas, pero nunca se rindieron y hoy son reconocidos por el mundo

  • REDACCIÓN
  • 20/10/2019
  • 14:27 hrs
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Deportistas que vivieron una infancia de terror y hoy brillan en la cima del éxito

Existen muchos deportistas que vivieron una terrible infancia que marcó sus vidas. Aunque fue difícil superar esos turbulentos momentos, hoy han alcanzado la cima del éxito para ser reconocidos por el mundo.

Pese a los problemas familiares, la falta de dinero para sobrevivir, o ser parte de una tragedia, ninguno de ellos se rindió, y hoy siguen superando obstáculos que los hacen los mejores deportistas del mundo.

En Acción LSR recordamos a los deportistas que superaron una terrible infancia.

Simone Biles

Enviada a una familia temporal en su infancia y agredida sexualmente en la adolescencia, Simone Biles ha superado todas las pruebas para convertirse en una leyenda de la gimnasia y en un icono más allá del deporte.

La gimnasta estadounidense se convirtió a los 22 años en la gimnasta con más medallas en los Mundiales con 25, rompiendo con dos oros el empate que había logrado el sábado con el bielorruso Vitaly Scherbo.

Nunca una gimnasta había acumulado cinco coronas mundiales en el concurso general (el récord estaba en tres). Nunca una gimnasta había logrado 19 títulos mundiales (el récord estaba en 12).

Simone descubrió la gimnasia a los seis años, cuando un entrenador la descubrió, y aunque todo pareciera un cuento de hadas, durante su infancia fue todo un infierno.

Su madre, Shanon Biles, eran adictos a las drogas y al alcohol. La gimnasta y sus tres hermanos fueron enviados a familias de acogida en sus primeros años de vida.

“Nunca pude contar con mi madre biológica. Recuerdo que siempre tenía hambre, miedo”, confesó.

Sin embargo, su abuelo Roland Biles y su segunda esposa, Nellie, entraron al rescate para salvar a Simone a sus hermanos Tevon, Ashley y Adria.

“Mis abuelos me salvaron”, afirmó sobre Nellie y Ron Biles, a los que considera sus padres.

A los ocho años, Biles encontró a Aimee Boorman, la entrenadora que la llevó a la cima “su segunda madre”.

Sobre su madre biológica, Biles confeso que “Cuando era más pequeña me preguntaba qué habría sido de mi vida si no hubiese pasado nada de esto. A veces todavía me pregunto si mi madre biológica se arrepiente y querría haber hecho las cosas de manera diferente, pero evito plantearme estas preguntas porque no las tengo que responder yo”.

Sin embargo, Biles vivió otro infierno, en 2018 reveló que formó parte de las más de 200 víctimas de Larry Nassar, el exdoctor del equipo nacional estadounidense condenado por abuso sexual.

“Esta experiencia horrible no me define. Soy mucho más que eso. Soy única, inteligente, talentosa, motivada y apasionada. Me prometí que mi historia sería mucho más grande que eso”, aseguró Simone Biles, la histórica gimnasta.

Cristiano Ronaldo

Detrás de la figura de Cristiano Ronaldo, uno de los mejores futbolistas del mundo, se esconde un hombre sensible que vivió una infancia complicada.

El pasado 14 de octubre, el crack de a Juventus llegó a 700 goles oficiales en su carrera, con lo que se unió a un grupo selecto de futbolistas.

La vida fue ruda para Cristiano, nacido en una familia humilde de Quinta do Falcao, uno de los barrios más pobres de la isla de Madeira. Su padre mantenía a la familia como cuidador del vestuario del Andorinha, el equipo del futbol del barrio.

Cristiano tenía como objetivo sacar a su madre de la pobreza y tuvo que trasladarse a Lisboa para darse a conocer en los equipos de Portugal.

Sin embargo, su padre, José Dinis Aveiro, siempre fue una preocupación por su adicción al alcohol, misma que le causó la muerte cuando Cristiano tenía 20 años.

Además, CR7 ha sido decisivo en la rehabilitación de su hermano Hugo, que ha recaído varias veces en problemas de drogas.

Diego Maradona

Su infancia fue dura, en el barrio Villa Fiorito, ubicado en la zona sur de la provincia der Bueno Airea, Argentina. El “10” ha revelado los momentos más duros que vivió, cuando no tenían que comer él y sus ocho hermano, por lo que su mama les mentía.

“Mi vieja me mentía siempre, pero lo entendí de grande. A la hora de comer decía que le dolía la panza, pero era mentira… ¡lo decía porque la comida no alcanzaba y quería que comiéramos nosotros!”.

ha confesado que el techo de chapa es uno de los recuerdos más tristes de su infancia. “Los días de lluvia, cuando caían piedras, se agujeraba el techo de chapa y el piso de tierra se iba llenando de manchas oscuras que parecían bichitos. Entonces mamá gritaba: ‘¡Anda a buscar los tachitos!’. Y todos corríamos por la casita, poniendo los tachitos debajo de las goteras, hasta que se llenaban y tirábamos el agua por la ventana. Si no lo hacíamos, ¡ni te imaginas los pozos que quedaban en la tierra!”, confesó para Infobae.

“El Pelusa” aseguró en una ocasión que cuando era un niño veía a otros chicos con zapatillas y juguetes, y él no podía tener algo similar.

“Me producía una envidia sana, era lógico: el de al lado tenía la bici que yo no podía ni siquiera soñar. Pero veía que mi papá venía todos los días de trabajar y le dolía la espalda. Eso me daba la pauta de que no podía esperar nada: era suficiente que mi viejo trajera la leche y que pudiéramos comer”.

Novak Djokovic

El tenista número uno del mundo de acuerdo al ranking ATP, Novak Djokovic vivió una infancia turbulenta debido a la guerra. “Nole” estuvo escondido en un sótano tres meses para protegerse de las bombas y sólo lo abandonaba para jugar al tenis.

El tenista serbio ha conmovido al mundo al confesar como vivió la guerra de los Balcanes, algo que en palabras del propio tenista “forjo su carácter”.

“Nos despertábamos dos o tres veces cada noche por los bombardeos”, recuerda Djokovic. “Vivimos en el sótano de la casa de mi abuelo, junto a mis padres, mis tíos y mis hermanos durante los casi tres meses que duraron los bombardeos”, reveló para la cadena estadounidense CBS.

Djokovic ha revelado con nostalgia como tenía que pasar prácticamente todo el día en aquella especie de bunker, del que solo salía por las mañanas, aprovechando que el bombardeo era interrumpido. “No iba a la escuela, y aprovechaba para jugar al tenis por las mañanas, cuando no bombardeaban”.

Nadia Comaneci

Comaneci fue la primera gimnasta en obtener un “10 perfecto” en la historia de los Juegos Olímpicos. En Montreal 1976, cuando lo consiguió, tenía 14 años y ganó tres medallas de oro. También hay que decir que se convirtió en la mejor gimnasta del siglo XX, que es rumana y que los medios de esa época casi siempre escribían su nombre acompañado con la palabra perfección.

Mientras el mundo admiraba a Nadia como un símbolo mundial y la imaginaban como una niña que podía tener todo lo que quería, la verdad era que tras probar la gloria y conseguir siete puntajes perfectos, la gimnasta no sabía lo que era la libertad, pues le había sido arrebatada por el régimen comunista de Nicolae Ceausescu.

El mundo no supo de esa historia hasta que logró escapar de Rumania y llegó, finalmente, a Estados Unidos. Pero después volvió a callar, y sigue sin recordar lo que pasó en esa época.

En Montreal obtuvo siete “10 perfectos” y tres medallas de oro. Pero de pronto, en lo más alto de todo, el dictador Ceausescu la nombró Héroe del Trabajo Socialista y le dio la Medalla de Oro de la Hoz y el Martillo, una medalla por la que nunca había competido y sin que nadie le explicara que convertirse en la máxima estrella de Rumania, significaría ser perseguida, presionada y vigilada todo el tiempo.

Un exilio tormentoso que ella soportaba, en medio de todo, la revista Newsweek publicó que Nadia Comaneci había vivido en Rumania como rock star y que Ceausescu le había dado una villa de ocho habitaciones, un automóvil, joyas y una platilla numerosa de sirvientes.

Una vez abierta la caja de los horrores, la información oscura sobre la gimnasta inundó las páginas de la prensa, dos ejemplos: que, a los 15 años, después de su inolvidable actuación en Montreal había tratado de quitarse la vida bebiendo medio litro de lejía; y que había sostenido un romance con Nicu, el hijo de Ceausescu.

La gimnasta ha negado siempre estos horrores. Lo que es verdad, es que a partir de 1981, ocho años antes de que lograra escaparse por Hungría, Bela y Marta Karoloyi, sus entrenadores, aprovecharon una gira por el extranjero para fugarse y esto tuvo secuelas en la vida de Nadia, porque a partir de entonces el dictador Ceausescu, temiendo que ella también quisiera desertar, siendo la figura de Rumania, la sometió a una rigurosa vigilancia que incluía la revisión y vigilancia de su correspondencia, sus llamadas telefónicas y en general su vida íntima, además de la prohibición de salir del país a competir.

Nadia solo logró escapar cuando tenía 28 años, huyendo de la mano dura del dictador Nicolae Ceausescu el 29 de noviembre de 1989. Caminó durante toda la noche por el bosque, siguiendo los pasos de un mercenario que la llevaba, por un trayecto helado, salvaje y pantanoso.

En cuando puso los pies en Hungría la subieron a un todoterreno que la llevó hasta un aeropuerto austriaco, y de ahí cogió un avión rumbo a Estados Unidos, en donde empezó un exilio tormentoso con los medios de comunicación sobre ella. Nadia nunca habló del tema y terminó por soportarlo, pues acababa de salir del tormento real en que se había convertido su vida tras conquista la gloria que la convirtió en una leyenda.

Hoy, Nadia Comaneci tiene 54 años, vive en Norman, Oklahoma, Estados Unidos y dirige una academia de gimnasia olímpica junto a su marido, el también exgimnasta Bart Conner y con quien montó una academia de gimnasia y una revista de nombre International Gymnast. Comaneci tiene un hijo llamado Dylan Paul.

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