DEPORTES

Cruz Azul Campeón: yo le hice una promesa a la memoria de mi hermano

La máquina cementera se coronó después de 8,574 días de burlas y de dolor

  • ARTURO JIMÉNEZ
  • 30/05/2021
  • 23:57 hrs
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Cruz Azul Campeón: yo le hice una promesa a la memoria de mi hermano

La afición cementera fiel y noble, exigente, supo aguantar 23 largos años, con la esperanza de que la suerte "azul" cambiara en algún noble momento con el sabio principio de José Saramago:

“La derrota tiene algo positivo, nunca es definitiva. En cambio la victoria tiene algo negativo, jamás es definitiva".

Y sí, fueron 8 mil 574 días; es decir, mil 224 semanas, 280 meses para ser exactos. Fueron 23 años de frustraciones, de ilusiones rotas, de aficiones perdidas, de burlas, de vergüenza y de dolor. Un dolor que hoy se convirtió en felicidad, aunque a partir de mañana puedan correr otras tres décadas.

Aunque en el largo camino existieran grandes momentos como la final de la Copa Libertadores contra Boca Juniors en 2001, o el paso de grandes figuras como César “El Chelito” Delgado, “El Loco” Abreu, o el último ídolo Christian “El Chaco” Giménez, los fracasos y las derrotas de último minuto hicieron que el término “cruzazulear” entrara al diccionario futbolero y más allá. La fanaticada azul se acostumbró a llorar, a ser el hazmerreír de los que incluso no son fanáticos al deporte de las patadas.

Para Gilberto Molina, los 23 años fueron difíciles y sentía que iba a terminar siendo un equipo más. En muchas ocasiones, reconoce, “mentó madres”.

“Mi afición siguió firme y nunca abandoné al equipo”, reconoce durante su celebración del título en la intimidad de su hogar, lejos de salir al Ángel de la Independencia, donde los cementeros se reunieron para gritar el fin de la sequía de títulos para la Máquina.

“Aprendí a llevar mi afición en solitario, a tragarme las derrotas yo solo, y ahora con el título también prefiero estar tranquilo. Ahora seguro vendrá una mejor época, no creo que sea el único que podamos celebrar en la década, no creo que haya una sequía como la que vivimos; ahora espero que todos los aficionados festejen.”

A pesar de haber ganado el duelo de ida, de tener todo a favor en su estadio ante un rival con pésimos números como visitante, Cruz Azul se vio nervioso; el defensa paraguayo Pablo Aguilar perdió los duelos con Eduardo Aguirre, su compañero Juan Escobar fue inseguro en la zaga y el resto apostó poco.

Cruz Azul había ganado el jueves el duelo de ida por 0-1 y en el Azteca apenas pudo empatar 1-1 con polémica sobre el gol de Jonathan Rodríguez. Al final una bronca que alargó el pitazo final que sepultó el pasado reciente de dolorosas derrotas.

Y es que el Santos le dio un baile a los Azules en la primera mitad; mantuvo la posesión y recostó contra su portería a la defensa rival.

Santos careció de puntería en el área hasta que en el 37 Valdés apareció desde atrás, aprovechó la pasividad de los defensores y con un remate de pierna zurda al ángulo desde fuera del área, le dio la ventaja al Santos y empató la final 1-1.

Para Gil, a la máquina le vino bien el descanso, se reacomodó el equipo… el segundo tiempo salió con otra idea de juego, salió para jugar a ser campeón…

“La neta pensé que no me iba a volver a tocar verlos campeones... con decirte que mi bandera del azul tiene sólo 7 estrellas”, reconoce Fernando Hernández, quien sufrió por lo que consideró “miserable primer tiempo que dieron”, pero al final se logró...

Y con jubilo sentencia: “Creo que se acabó la malaria y vendrá una seguidilla...”

Rodolfo Díaz, de familia cementera de toda su vida, lloró de felicidad, más en recuerdo de su hermano Daniel, fallecido hace tres años, también cementero.

“Le prometí a la memoria de mi hermano que si lograba Cruz Azul el título, me quitaría el bigote que he llevado por 27 años”, revela entre sollozos acompañado de sus padres e hijos.

 

También reconoció que perdió la fe en el equipo y renegó muchas veces de su afición. E igual que Gil, en el festejo prefiere la mesura:

“Ahora en tiempos de pandemia, este título también es motivo para estar feliz, meditar y recapacitar por los que estamos y los que ya no están, como mi hermano Daniel”.