Opinión

¿De dónde proviene ese sonido?

De pronto, el ruido se hizo más potente y las personas atestiguaron la presencia del fenómeno más extraño que hayan visto en el cielo. | Javier Bautista Espinosa

  • 29/12/2019
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La historia oral, transmitida comúnmente por personas de una generación a otra, ha sido un valioso instrumento para recuperar sucesos del pasado y tratar de reinterpretarlos para entender los momentos en que sucedieron. Sin duda, llega a ser una fuente de información muy valiosa que abre otros caminos a la investigación e incluso a conducirnos a fuentes documentales. Con base precisamente en la historia oral, en las siguientes líneas se describe un hecho ocurrido en el siglo XX en una población aislada, como la gran mayoría, en el estado de Oaxaca.

San Mateo Peñasco se ubica en la Mixteca Alta de Oaxaca, el núcleo principal de los habitantes se localiza en un lugar donde se erige un peñasco de más de 200 metros de altura. En los primeros años de la década de los treinta, aún se percibían los recuerdos de la Revolución Mexicana que habían llegado hasta aquellas lejanas tierras bajo la modalidad de “movimiento soberanista” oaxaqueño. Estaban frescas las experiencias de la llamada “guerra cristera”, el conflicto nacional entre la iglesia y el gobierno federal que afectó directamente la dinámica del pueblo: se cuenta que el párroco celebraba los matrimonios y otros servicios religiosos de forma clandestina en las casas particulares ante la persecución militar.

Foto: Javier Bautista Espinosa

En sus viajes, los pobladores conocían las principales plazas comerciales (tianguis) de la mixteca y de la costa del Océano Pacífico, sin embargo, pocos habían cruzado la parte Norte de la región para llegar a Puebla o al Este hacia la capital del estado. Seguramente los que lograron salir más allá escucharon hablar del tren o lo conocieron, así como otros inventos y los platicaron con los vecinos, pero, la inmensa mayoría desconocía los avances  tecnológicos de la época. El sol era el referente del tiempo de los días y a su vez la lula y las estrellas de las noches, los minutos y horas eran desconocidos, no había radio.

Según la historia oral, en una ocasión, cuando todo indicaba que sería un día soleado, entre nueve y diez de la mañana aproximadamente, el sol había rebasado ya por mucho el cerro que separa a San Pedro el Alto. De pronto se empezó a escuchar un sonido extraño que parecía provenía por esa dirección, como cuando las colmenas se mudan de lugar, cuentan, empezó como a vibrar y el ruido se hizo más intenso a cada instante.

Foto: Javier Bautista Espinosa

Nadie entendía el misterio de ese sonido que se iba elevando a cada momento y nunca habían escuchado algo similar. La gente empezó inquietarse más y más, y a ponerse nerviosa. Los vecinos se juntaron, otros se acercaron a la Iglesia. Los niños al ver la escena de los adultos empezaron a llorar. Otros buscaban por todas las direcciones y en el cielo el origen de aquel sonido extraño, sin encontrar nada, pero, parecía que provenía del lado por donde estaba el sol.

Ante lo inexplicable del fenómeno, muchos pensaron que era la destrucción de la humanidad, que era el sonido de las llamaradas de fuego que se acercaba destruyendo todo a su paso. Unos cortaron flores y empezaron a prender las velas de cera que tenían a su alcance para implorar el perdón de Dios.

De pronto, el ruido se hizo más potente y las personas atestiguaron la presencia del fenómeno más extraño que hayan visto en el cielo, causante de ese ruido. Por donde se ubicaba el sol apareció un objeto con movimientos lentos cuya dirección era hacia donde se encontraban las personas del pueblo. Nadie entendía qué era. Hombres y mujeres se arrodillaron con sus flores y velas, empezaron a rezar. Mientras más avanzaba aquel objeto extraño, el ruido se iba incrementado. Cuando el objeto estuvo más cerca las personas se dieron cuenta que tenía la forma de una cruz. Muchos creyeron que era Jesucristo el que se estaba haciendo presente y por lo tanto lo imploraron.

Aquel objeto ruidoso cruzó lentamente sobre el pueblo y en poco tiempo, que se hizo eterno para los testigos de ese momento histórico, cruzó por encima del peñasco y desapareció a la vista de los pobladores. El sonido también fue perdiendo fuerza hasta que dejó de escucharse por completo.

Nadie entendía lo que acabada de ocurrir, la gente estaba pasmada o nerviosa, llorando junto con los niños. Se encaminaron hacia el templo para llevar las flores y las velas y rezarle a los santos y a la imagen de Jesucristo.

Varios adultos y niños acudieron con Don Manuel Espinosa, sabían que él podía darles algunas respuestas del suceso porque había vivido y estudiado en la capital del estado y por lo mismo era considerado un hombre sabio en la comunidad. Recuerdan que Don Manuel con toda tranquilidad les dijo que no se asustaran, que estuvieran tranquilos porque se trataba de un invento del hombre llamado avión, una máquina movida por un ser humano. Y les anticipó, volverá a pasar.

Fuente: @vive_tlaxiaco                                       

La curiosidad de los niños fue mucho más allá y preguntaron una y otra vez. Don Manuel con toda la paciencia les explicó lo que era una máquina, les dijo también que ellos serían testigos en el futuro de la llegada de la carretera y con esta el carro. Pero los niños solo hablaban mixteco, su lengua materna, y esas palabras eran desconocidas para su vocabulario, así que volvieron a preguntar ¿Qué es una carretera?, ¿Qué es un carro? Y Don Manuel dijo que la carretera es como un camino ancho por donde pasará otro tipo de máquina con ruedas, también movido por el hombre e igual con mucho ruido, ¿Y qué es una rueda?, preguntó otro niño. Y así continuaron las preguntas y las respuestas.

No se conocen mayores detalles del tamaño de aquella aeronave que aterrorizó a toda una población y seguramente a muchos otros pueblos en su paso. Probablemente haya sido el mismo que aterrizó por primera vez en la ciudad de Tlaxiaco por el año de 1934.

Unos 20 años después, aquellos niños convertidos en adultos serían testigos cómo a lo lejos, entre las montañas y lomeríos, se observaban manchas blancas en movimientos continuos durante el día. Se trataba de cuadrillas de trabajadores vestidos con su traje de manta, como se acostumbraba, que iban abriendo la brecha por donde llegaría por primera vez el carro que conectaría a Chalcatongo con la ciudad de Tlaxiaco, la cabecera del distrito.

Fuente: www.chalcatongo.com

* Javier Bautista Espinosa

Maestro en Estudios Regionales por el Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora, Historiador por la Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa, académico. Autor del libro Porfirio Díaz de guerrillero a caudillo. Los pueblos mixtecos y la resistencia contra la Intervención Francesa. Colaborador en la revista Relatos e Historias en México.