Así es como se vive dentro del Estado Islámico

Un grupo de jóvenes sirios registraron la vida cotidiana de, lo que los yihadistas llaman, la capital del califato

La ciudad de Al Raqa solía ser de Siria, ahora está en poder del grupo terrorista Estados Islámico.

Un grupo de jóvenes sirios registraron la vida cotidiana de, lo que los yihadistas llaman, la capital del califato.

A primera vista parece una ciudad cualquiera. El ruido, tráfico, los vendedores, los transeúntes, la glorieta con el reloj en la torre denotan la normalidad. Sin embargo, los detalles comienzan a demostrar que la realidad del lugar.

¿Dónde están las mujeres?, es la primera pregunta que se hace en la ciudad. Ninguna es percibida, pero ahí están, cubiertas de pies a cabeza con burka negra, como lo obliga la organización terrorista más poderosa del mundo.

Las prohibiciones son el siguiente paso: a Raqqa no pueden entrar periodistas, prohíben grabar, tener teléfonos inteligentes y hasta usar internet.

Cualquier falta a estas prohibiciones se paga con latigazos, lapidaciones, crucifixiones o decapitaciones.

Antes de la llegada de los terroristas, los jóvenes encargados del reportaje estaban acostumbrados a otra vida, a ir a la escuela, a vestir como quisieran, a tener internet, a salir, a ser libre. De pronto se quedaron sin nada de eso.


También están prohibidas las escuelas, sólo se valen las que enseñan religión y adoctrinan en la filosofía de los terroristas.

Las prohibiciones son mayores si eres mujer. No pueden salir a la calle sin un acompañante hombre, deben tapar su rostro todo el tiempo, hasta el talón de sus pies. Si no lo hacen, en cualquier momento te golpean con un palo.

Los jóvenes entrevistaron a una mujer quien relata la vez en que una fémina, que tenía sed, se quitó el velo para beber agua. Mientras lo hacía, pasó un auto perteneciente a Estado Islámico. La detuvieron, la arrastraron y la atacaron violentamente.

Otro testimonio menciona que uno de sus primos estaba de compras con su esposa, de repente fueron detenidos porque la mujer mostró su mano.

Unas mujeres que trabajan para el Estado Islámico la bajaron del auto donde viajaban y comenzaron a golpearla en la calle, la mordieron, maldijeron y arrastraron.

A su esposo lo acusaron de infiel, pecador, lo golpearon y lo llevaron a prisión durante tres días, donde lo pusieron en una jaula de hierro y lo azotaron.


Los ejemplos del infierno que significa vivir bajo el mando del terrorismo continúan: Una pareja tenía una hija de 10 años realmente hermosa, por lo que el Estado Islámico la quiso tomar para que se casara con uno de ellos, pero su padre no lo permitió.

A los pocos días unos supuestos testigos acusaron al papá de ser un agente del régimen y lo decapitaron. Luego, el Estado Islámico se llevó a la niña y uno de sus combatientes se casó con ella.

Las mujeres también han sido utilizadas como botín de guerra. Las han usado como carnada para reclutar a los jóvenes y animarlos a sumarse a Estado Islámico, ya que a los combatientes les permiten tomar a las mujeres como esclavas cuando conquistan cualquier territorio.

Culpar al Islam de esto no sería muy atinado. El Corán, libro sagrado de los musulmanes, reconoce la igualdad entre la mujer y el hombre. El Sura 33 ayat 35 del Corán lo repite 10 veces.

Sin embargo, los extremistas del Estado Islámico le dieron otra interpretación.


Como todo gobierno, el Estado Islámico cuenta con oficinas para cobrar impuestos que financian sus actividades.

Hay dos impuestos básicos: El zakat, que es como el diezmo. Y el rakaz, el impuesto a todo lo que se extraiga del suelo y subsuelo. Además de estos, los terroristas cobran impuesto prácticamente por todo. Y si no pagas, el castigo es la ejecución pública.

El Estado Islámico también recibe mucho dinero del petróleo.

La organización criminal tiene siete campos petrolíferos en Irak y Siria, que lo llevaron a convertirse en el noveno productor de petróleo a nivel mundial, a la par que México.

También venden los restos de los monumentos y las piezas pequeñas que no son destruidas por ellos de otras culturas y religiones de las zonas que toman, pues mantienen un enorme valor.



Con información de Noticieros Televisa

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