Inseguridad en Tepito pega a La Santa Muerte

Con el asesinato de Pancho Cayagua la gente se entró que él era el líder de la Unión de Tepito, aunque siempre se ha sabido que hay alguien de los negocios de la droga

CIUDAD DE MÉXICO (La Silla Rota).- Como cada año Pablo Martínez Alcántara acudió con su familia y amigos a venerar a la Santa Muerte en la calle de Alfarería número 12 en el barrio bravo de Tepito. Cargaron juntos una “niña blanca” casi de tamaño natural, llevaron flores y dulces para que los proteja.

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Pablo vive en la colonia Las Águilas sección Hornos, Barranca del Muerto, tiene un altar en el andador Gaviota desde hace ocho años.

“Venimos a dar gracias y al rosario. Le pedimos a la Santa Muerte mucha protección, trabajo y bienestar para nuestros seres queridos. Tenemos siete años viniendo a Tepito”. 

A diferencia de otros años, este 2017, Pablo ve el ambiente muy tranquilo y con poca afluencia. “En realidad no me esperaba mucha gente por lo que le pasó al esposo de la señora Enriqueta, pero acá estamos venerando a nuestra Santa”. 

En el barrio bravo se percibe una tensa calma luego del asesinato de Pancho Cayagua, el fundador de la Unión de Tepito. Sus habitantes no hablan del tema, se percibe en el ambiente. La inseguridad viene de hace años, la cual ‘pega’ hasta en los devotos de la Santa Muerte


Cada 31 de octubre desde hace 16 años en la calle Alfarería entre Minería y Panaderos, colonia Morelos, devotos de la “niña blanca” van adorar el altar de doña Enriqueta Romero, la “guardiana” de la Santa. El año pasado, su esposo fue asesinado en el barrio bravo, debido a ello se suspendieron los rosarios que cada mes se realizaban. 

En esta ocasión, doña Queta, como así le dicen en el barrio, decidió abrir el altar para recibir a los fieles de la Santa, sin ofrecer los rosarios que durante el día le rezaban y caracteriza a este culto urbano, solo se realizó el de las 00:00 horas. La fecha fuerte es el 1 de noviembre, el Día de Muertos o de los Fieles Difuntos. 


Doña Queta, la guardiana de la ‘flaquita’

Hace 16 años, Enriqueta Romero fue la primera mexicana en hacer público el culto a la Santa Muerte al colocar un altar afuera de su casa en Tepito. Desde entonces la devoción se expandió y salió de la clandestinidad. Tiene 7 hijos, 58 nietos y 50 bisnietos. Todos permanecen fuera del barrio y continúan con la tradición. 


“Sencillamente puse el altar y la gente comenzó a venir, así de rápido, día tras día viene la gente. La única diferencia de cuando yo lo puse era un altar, ahora hay miles y miles. Habemos muchos devotos de la “niña blanca”. Aquí la gente siente que agarra fuerza, bendiciones, que Dios los cuida. Ellos se van a sus casas y hacen sus rosarios, pero aquí como que vienen a bendecirse”, comentó Doña Queta. 

Con su altar es feliz, con gente y sin ella. Todos los años, en esta fecha, los devotos de la Santa Muerte se congregan para pedirle protección, salud y darles gracias por un año más de vida. Le ofrecen mezcal, cigarros, fruta, dulces y mariguana. Llegan músicos, comerciantes, obreros, de diversas colonias de la ciudad y Estado de México. 


“Mandé hacer cinco pasteles en agradecimiento de todo lo que nos cuida”, dijo al momento de que un joven cumplía una manda y llegaba de rodillas al altar. Doña Queta lo abrazó y le dio fuerzas para seguir. 

Cada año, Enriqueta atavía de blanco a la Santa Muerte. “Siempre la voy a vestir de novia, esa es mi idea, es lo que yo quiero hacer, no se lo prometí a ella, porque así me gusta. Todo de lo hago yo, todo es hecho por mis manos. Los demás meses la visto de rojo, amarillo, morado. No me gusta de negro ni café”. 

Sus fieles devotos visitan el altar en Tepito

Karina Galindo Segundos es de Naucalpan de Juárez. Junto con su familia y devotos caminó hasta Alfarería para venerar a la Santa Muerte. Tiene un altar en Riondo afuera de su casa.

“Nos levantamos a las 5 de la mañana para preparar todo lo que íbamos hacer de comer, salimos a las 8:30 y llegamos a las dos de la tarde. Venimos como 40 personas entre familia, amigos y los que van a nuestro altar. Damos el rosario el primer día de cada mes”. 


Karina acudió a altar de Tepito para pedir por la salud de un amigo que está en el hospital, llevó una veladora blanca para él, que está en coma. También le agradeció porque su hija y ella tuvieron un accidente vial hace tres meses.

“Gracias a la ‘flaquita’ y a Dios estamos aquí otra vez. Ella nos dejó vivir otro poco más. íbamos en moto y un coche nos aventó caímos como ocho metros hacia un barranco”. 

Desde temprano los devotos llegaron y aunque no hubo rosarios durante el día. Cada uno le rezó en silencio. Se acostumbra que la gente visita el altar dese el 31 de octubre hasta el 1 de noviembre. Van y vienen los dos días. Cargan una figura de la Santa y afuera de la casa colocan pequeños altares con veladoras, dulces y flores.  

 


José Raúl Fuentes Zúñiga es comerciante de Tepito, acompaña a su esposa, quien es devota. “Creo que al final del camino es la única que nos espera al final del camino. Soy creyente en todos los santos”.

El altar que llevó a bendecir tiene varias “Santas” a la del amor, dinero, salud y a la blanca, que es la de la bondad. No faltó su mezcal. 

“Ella sabe que al final no nos llevamos nada más que lo poco que nos pueda ofrendar la misma gente. Le traemos mezcal porque muchos mueren por el alcohol, accidentes o por embiciarse. Cada cosa es una ofrenda para ella. Lo único que le pido es que me abra el camino y el día que la ‘Niña’ decida tenerme junto a ella, que me deje llegar con bien”. 


¿Qué significa la devoción por la Santa Muerte?

Alfonso Hernández, cronista de Tepito, explicó que este nicho es la primera imagen de la Santa Muerte que hace 16 años se expuso a la luz pública en la Ciudad de México y aunque en otros lugares hay más altares, la gente reconoce que la que dio la cara y provocó el resurgimiento de esta devoción es Doña Queta. 

“Aparte de que Quetita es una matriarca en Tepito es la guardiana de esta devoción y ella ha cuidado mucho que se mantenga en su grado más puro, dando pauta a lo que prevalezca sea la fe. Ella no permite limpias, negocios, cadenas, muchas cosas que en otros lugares sí. Ella puso como premisa que si la Santa Muerte les hizo un favor o un paro que lo compartan regalando dones”. 

En este lugar, agregó, se expresa una devoción emergente a una deidad de la crisis en un barrio que es de los centros neurálgicos de esta ciudad caótica y tenía que ser los habitantes de Tepito, quienes dieran la pauta para remover conciencias de lo qué está pasando en el país. 


“Esta devoción se contrapone con el avance pentecostal que hay en México. Más de 12 mil asociaciones religiosas en una segunda conquista espiritual por la barriada desde sus calles, condominios vecinales está siendo florecer esta devoción, significando que la vida y muerte son muy buenas comadres”. 

Laura Rouch, profesora de antropología en el Colegio de Michoacán, también devota de este altar de la Santa Muerte desde hace 15 años. En ese tiempo ha observado la evolución de las oraciones, en cómo la gente dedica tiempo, en algo para que los católicos son los cinco misterios dolorosos, para pedir por los desempleados, presos y una muy amplia gama de problemas que se viven en la Ciudad de México, que la Iglesia Católica no atiende. 

“Para mí este es un culto que ha surgido a partir de la supresión de la teología de la liberación. En la ciudad hay muchas personas que no se encuentran en la Iglesia, pero siguen considerándose católicos y aquí se ha hecho un lugar para todos, no discrimina a nadie la Santa Muerte”. 


Inseguridad de CDMX llega al barrio bravo 

Para Alfonso Hernández, quien se autodefine también un “hojalatero social”, Tepito no está exento de la violencia ocasionada por la presencia del crimen organizado. 

“En primera porque está en el perímetro B del Centro Histórico, es un motivo de especulación inmobiliaria, dejarlo a su suerte para que se criminalice, para que se reduzca la calidad de vida, para que la gente se afrente de lo que es vivir en un barrio popular como este, pero se la están persignando con música de Agustín Lara, porque estamos orgullosos de ser el barrio más emblemático de la ciudad y un barrio que todavía existe porque resiste”. 


Ser tepiteño es ser una forma de vida, una forma de ser, estado de ánimo, sobre todo, mental, “para estar siempre al tiro”. En Tepito no se consume fayuca cultural, sino que se vive la neta. “Porque aprendimos, desde chavitos de nuestros abuelos, a traer en chinga a nuestro Ángel de la Guarda y a pasar del trompo al trompón”. 

Con el asesinato de Pancho Cayagua la gente se enteró que él era el líder de la Unión de Tepito, aunque siempre se ha sabido que hay alguien de los negocios de la droga. 

“Ahora no se ha visto como se están formando quien quiera sucederlo, porque el dedazo viene de arriba, de los que controlan todo esto. No hay tensa calma, sigue habiendo el mismo trafique de influencias, corrupción, el mismo narcomenudeo, y los chavos en el día se dedican a lo que deja y en la tarde a lo que apendeja”. 



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